viernes, 30 de enero de 2009

Spoons







Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre Druaga no To, Aegis no Uruk, serie del año pasado que se me quedo traspapelada, y finalmente, el estreno en emero de Druaga no To, Sword of Uruk, su segunda temporada y continuación, me ha dado la oportunidad.

Decir que se trata de una serie Gonzo, un estudio demasiado prolífico, lo que se traduce en una tremenda irregularidad, alternando las más de las veces productos sin ningún interés con la ocasional serie que se sale de lo común (piénsese en Gankutsuo o en menor medida ) . Un problema acrecentado por su tendencia a estar a la última en lo que se refiere a CGI y que ha llevado a acuñar el chascarrillo de que todo lo que se gastan en en CGI lo ahorran en guionistas, con los efectos que se pueden esperar.

Sin embargo el Opening de Druaga no To ya hacía esperar algo completamente distinto (elijan HQ en el menú de reproducción)...



simplemente por su dinamismo y por realizar un juego de espejos y referencias con el material de partida, ya que, al tratarse de un juego de ordenador, nos presentaban al reparto como gente normal que se suponía eran jugadores de ese mismo videojuego, tan obsesionados por él, como ocurre con los buenos jugones, que ambos mundos, el virtual y el real, acaban mezclados en cierta manera, y sus relaciones virtuales convertidas en un remedo de las reales.

Una manera desapegada e irónica, pero también cariñosa y afectuosa, de mirar al material de partida, que tiñe toda la serie de un humor postmoderno, el de aquel, como ocurría en Buffy, que conoce perfectamente las reglas, limitaciones y tópicos del género en el que se mueve, y juega a reírse, retorcer y deformar esa armazón, sabiendo que los espectadores reconocerán ese juego y esos guiños.

Una actitud que le daba un aire ligero y desenfadado a toda la serie, de juego complice entre creadores y espectadores, que le permitía como digo reírse de ella misma y no tomarse demasiado en serio, llegando a pequeños ejercicios de maestría, como el episodio 1, geminado en dos versiones distintas, la que ocurría en la mente del protagonista, inconsciente desde la primera escena, y lo que ocurría en realidad, versiones completamente opuestas, pero igualmente hilarantes... o el desmelene absoluto del episodio cinco, con los protagonistas perdidos en un laberinto lleno de trampas, a cada cual más absurda, descabellada e inútil, cuyo único motivo parecía ser el de hacer reír a la audiencia.

Una ligereza que no le impedía ser completamente seria, e incluso trágica, al instante siguiente, descolocando a muchos de los espectadores, pero que a perros viejos como ya es uno, nos recordaba la costumbre de los dramaturgos de antaño, interesados en colocar escenas cómicas en medio de las tragedia más desaforadas, para permitir así a los espectadores descansar de lo que acababan de ver y prepararse para lo que habría de venir, en una muestra de consideración y buena educación

Una alternancia, entre el drama y la comedia, que sigue siendo la constante de esta segunda temporada, aunque los acontecimientos finales de la temporada pasada hayan inclinado los platillos decididamente hacia la parte trágica y obscura. Falta por ver, claro está, si Gonzo será capaz de controlarse a sí mismo y no dejarse llevar por sus peores defectos.

Entre tanto, nada mejor que disfrutar con los usos indebidos de las cucharas de palo... que se revelarán una y otra vez como un arma temible.