lunes, 5 de enero de 2009

Hard Work





You make the film from the material and not the words in which you first expressed it and you let the film grow in the way it wants to go.

John Grierson, Director de la GPO (General Post Office) Film Unit.


Por pura casualidad estoy revisando los documentales que produjera la GPO Film Unit (equipo de cine de los correos británicos) en los años 30, simplemente por con ellos se adjuntaba una edición del mítico A Coulour box del artista abstracto Len Lye. Sin embargo, me he llevado una agradable sorpresa, al encontrar el trabajo de unos artistas que supieron ir más allá de lo que se pretendía de ellos, e intentar elaborar toda una teoría y práctica del documental, aún cuando su trabajo fuera comisionado por una entidad pública, con intenciones publicitarias (y educativas, podríamos decir) más que evidentes.

Sin embargo, sobre esos presupuestos tan banales e incluso comerciales, ya que el hecho de ser comisionado por una entidad pública no los hace diferentes de un encargo de una empresa, los miembros de la GPO, desde los cámaras y montadores hasta las personas al cargo (como fue el caso de Jonn Grierson o Alberto Cavalcanti) gozaron de una libertad sin precedentes para hacer lo que quisieran con esos proyectos, hasta el extremo de que muchos de ellos acaban por tener poco que ver con el propósito inicial (¿Qué tiene que ver la vida en un arrastrero con el servicio de correos y telégrafos?) y se convierten en auténticos ejercicios de estilo, en demostraciones práctica de ciertas teorías cinematográficas, no las de moda hoy en día, pero sí las que a mí me hacen tilín.

Así, el documental Granton Trawler, realizado por John Grierson en 1934 se convierte en el ejemplo paradigmático de lo que los miembros de la GPO Film Unit se proponían conseguir, ese dejar que sean las imágenes rodadas y no los conceptos planeados quien construya la películas, permitiendo que fluya en la dirección en que ella quiere y no en la que nos proponíamos nosotros. Porque el caso es que el rodaje de este documental, en el arrastrero que le da nombre fue un cúmulo de desgracias: El director, a pesar de su experiencia como marino de guerra acabo mareado y por tanto limitado en su capacidad de detectar la imagen y el momento preciso, mientras que el trípode con el que pretendía asegurar la visión de la cámara, no hacía otra cosa que caerse una y otra vez, filmando escenas que parecían completamente inaprovechables, el mar, las nubes, el cordaje, las bordas, el puente...

Un auténtico desastre, del cual el director no sabía como salir, y que terminó con la entrega del material a un montador, Edgar Anstey, para que salvase lo que pudiese.... sólo que éste reparó en que todos esos planos inesperados, mal encuadrados, incluso anodinos o en su mayoría sin sentido, servían para amplificar el duro trabajo de los pescadores, enfrentados a las fuerzas de la naturaleza y así conseguir una mayor implicación de los espectadores. Un resultado que complació extraordinariamente a Grierson, puesto que el azar y la casualidad, junto con la imaginación y el ingenio, habían transformado un fracaso seguro en un pequeño triunfo.

Un ejemplo de como a veces no conviene intentar controlarlo todo o empecinarse en que el resultado sea exacto a como lo soñábamos, una tozudez que puede llevar a perderlo todo, sino que con frecuencia lo que conviene es "riding the waves", dejarse llevar, aceptar nuestra impotencia e incompletitud, para utilizarla a nuestro favor, como es el caso.

Nota: Otra detalle que distingue a estos documentales de los que se hacen ahora mismo, es su aspecto de celebración. Sabemos que la vida de estos pescadores es dura, que la muerte les acecha, que poco o nada habrán de obtener de su tarea diaria, pero lo que nos transmite este documental es admiración por ellos, casi colocándolos por encima de nosotros, como superhombres, demostrando que su trabajo es tan válido como el de cualquiera de nosotros, que nos creemos mejores por teclear sentados cómodamente frente a un ordenador.

2 comentarios:

David Jack dijo...

Una obstinación(la de conseguir los sueños, tal y como diseñamos) tan limitadora...

David Flórez dijo...

Cierto, algo que recuerdo de cuando intenté ser escritor es como el libro que tenía en formación acababa por reclamar sus derechos y obligarme a seguir su camino, a riesgo de mutilarlo si intentaba "corregirlo"