martes, 2 de septiembre de 2008

Limes et Limitanei/Scenery Porn






Siguiendo con mi ciclo Ralph Bakshi, le ha llegado el turno a Wizards, rodada en 1976, de la cual existe, por cierto una anécdota bastante hilarante en la que Bakshi y George Lucas son convocados a la misma reunión por la productora para comunicarles que no se aumentará el presupuesto de sus respectivas producciones... y les dejo adivinar cual de las dos me hubiera gustado que se hubiera llevado el dinero de la otra.

La cuestión es que vi por primera vez está película un viernes de madrugada en la segunda cadena de la televisión española, en uno de esos ciclos cinéfilos tan corrientes entonces, pero que desde 1996 han desaparecido por completo y es imposible que vuelvan. Entonces me pareció una película bastante aburrida un amasijo de técnicas que no acababan de encajar las unas con las otras, sin contar un guión que parecía no saber en ningún instante que quería contar.

Ahora, en esta etapa mía de exploración gozosa de esa forma de la que siempre he estado enamorado, la animación, ha llegado el turno de revisarla y debo decir que Wizards es una película fallida en muchos aspectos, pero aún así es una obra interesantísima, de visita obligada, especialmente en los tiempos que corren, puesto que pone en su contexto apropiado muchos de los fenómenos que estamos observando.

No creo sorprender a nadie si digo que se está produciendo una fusión entre la animación y el cine de personajes reales, hasta el extremo que las imponentes barreras que les separaban parecen haberse derrumbado y ambos mundos haberse mezclado completamente.

Una visión cierta y al mismo tiempo falsa, sin embargo.

Si miramos bien, veremos que en la películas de acción real, las secciones animadas no son tales en puridad, sino que tienden a substituir los efectos especiales, y su calidad se reduce a replicar, o al menos simular, esa realidad que el espectador espera. Una deriva, la de reducir la animación a F/X que ha sido asumida incluso por los supuestos adalides de la animación 3D (hablo de Pixar, por supuesto) hasta el extremo de que su última producción puede ser acusada con mucha solidez de ser un efecto especial extendido... una acusación que no ha sido refutada por la compañía, sino incluso confirmada, por las propias declaraciones del director, Andrew Stanton, que se ha hecho lenguas de lo bonito y reconfortante que es trabajar con actores reales, o los planes futuros de Pixar, como son lanzar varias películas de acción real.

Una deriva que parece traicionar una desconfianza en el medio, o más bien, una desconfianza en la reacción del público ante producciones que sean menos hiperrealistas y fotográficas, para ser, en fin, más animadas y dibujísticas.

No es que la animación tradicional no se haya preocupado de sus relaciones con el mundo real. Más bien lo contrario, puesto que esa frontera, entre la animación y la acción real, ha sido uno de sus temas recurrentes, ya desde tiempos de Windsor McKay y los Fleischer, a las construcciones vanguardistas de Svankmajer y los hermanos Quay, una investigación formal en la que nunca se ha adentrado el cine de personajes reales, quizás demasiado seguro de su supremacía.

No obstante en esta investigación formal el camino no ha sido el seguido por Pixar y sus admiradores. En la tradición animada la realidad era capturada por la animación, deglutida y digerida, hasta ser absorbida por ella, puesta en cuestión y trascendida, sin que en ningún momento la animación dejara de parecerlo, más bien lo opuesto, dejando bien visible la animación y transformado la realidad en animación... o quebrándola con inserciones animadas, como bien saben hacer Svankmajer o los Quay

No otro es el camino por Bakshi. Enfrentado a las limitaciones de la animación, esas que con un buen presupuesto o mucho tiempo pueden ser sorteadas, se vio obligado a tomar imágenes de otras películas (es posible identificar Alexander Nevski, Zulú, Patton y el Cid) y las somete a un proceso de rotoscopiado, es decir, de calcado a papel de esos fotogramas, para luego añadir nuevos elementos, ocultar otros y colorearlo a su gusto. Un trabajo de asimilación, disolución y deformación de la realidad, en la que consigue pequeñas maravillas como la secuencia arriba ilustrada, donde la oposición entre imagen real rotoscopada y la animación pura consigue hacer visible el abismo que separa a ambos ejércitos enemigos.

No menos interesante es la inclusión del propio arte, el cinematógrafo como elemento de la trama argumental, preguntándose por uno de esos tabúes que pocos críticos se atreven a señalar ahora mismo...







...su poder para transmitir ideas, mejor dicho para inculcar ideas en las personas que lo ven, y por tanto lo cercano que siempre está de la propaganda y por tanto de su uso como arma de guerra, tan destructivo como las mismas bombas, ya que suministra las ideas que justifican las guerras y mantienen a los hombres en el combate.

Para terminar, señalar que pocas películas tienen unos fondos tan hermosos, por ser auténticas ilustraciones sacadas de un libro, como ésta, de ahí el Scenery Porn al que me refería al principio. Y es que muchas veces, independientemente de lo insulsa que fueran las peripecias que se estaban narrando, sentía el deseo de darle al botón de pause, y quedarme un buen rato perdido en la contemplación de esas imágenes, de las cuales adjunto unas pequeñas muestras.






Porque no es solo lo bellas que son, sino la variedad de técnicas con la que están hechas, desde el dibujo minucioso y casi obsesivo del lápiz, hasta las manchas abstractas e incontrolables de la acuarela.

Unos fondos que en muchas producciones forman parte de los primeros bocetos de producción, pero que muy raramente llegan a superar esa fase, excepto en este caso, en esta excepción, debería decir.