miércoles, 10 de septiembre de 2008

Graphic Power





Hay algo de estremecedor en las obras de los pioneros de la animación. Sin contar con un referente como ocurría en el cine de personajes reales, donde el que el pionero podía limitarse a rodar lo que sucedía en la calle o una representación teatral, el artista de la primeros cortos animados tenía que construir el edificio desde cero, sin contar como digo, con modelos ni referencias. Una tarea en que esos pioneros consiguieron un doble triunfo contra pronóstico, puesto que no solo levantaron el edificio de las reglas básicas de la animación, sino que se bastaron para subvertirlas y ponerlas patas arriba, todo en el exiguo tiempo que media entre 1920 y 1930, y realizado por los mismos artistas, como fue el caso de los Fleischer.

Otro rasgo importante de esa primera animación, es la frecuencia con que los animadores americanos eran también dibujantes de cómic, un arte tan joven como el cine, realizando una doble innovación creativa, y aplicando las soluciones de un arte a las de otra. Tal fue el caso de Windsor McCay, de quien Charles M. Jones dijo que creo la animación y hasta 20 años más tarde nadie supo como replicar lo que él hacía, y tal es también el caso que nos ocupa, el de los cortos de Felix The Cat, creado por Pat Sullivan, pero cuya realización en el papel y en el celuloide corría a cargo de Otto Messner.

El genio de Otto Messner puede observarse claramente en las capturas que encabezan esta entrada, procedentes de Felix Saves the Day (1922). Messner no tiene ninguna pretensión de imitar/replicar la realidad, sino que acepta las limitaciones del medio, la tinta y el papel, los símbolos gráficos, la irrealidad de los mismos y al mismo tiempo su efecto de ilusión, y las convierte en virtudes, consiguiendo esos asombrosos imposibles, como es el hecho de que las interrogaciones que surgen de la cabeza de Félix, algo inexistente en la realidad, se conviertan en objetos tangibles por los que nuestro héroe puede escalar.

Un hallazgo que ha sido uno de los puntales de la animación, en el sentido de realizar un juego constante con el medio, rompiendo la ilusión y mostrando la trastienda del oficio, hasta ayer mismo. Una constante estética que curiosamente la animación de 3D ha sido incapaz de recrear, o de traducir a su parámetro técnicos , limitándose a intentar reproducir la realidad, y llegando en los caso más extremos, a crear una animación para los espectadores a lo que no les gusta la animación.

Pero volviendo a Félix y a Otto Messmer, el hecho de que ambos provengan del cómic, les permite encontrar soluciones que serían impensables o imposibles a aquellos que conciben el cine como mera fotografía. En efecto, uno de los mayores problemas expresivos del cine mudo era la inserción de la palabra, ya que los intertítulos rompían el flujo narrativo y su ausencia volvía las películas ininteligibles.

Para Messner la solución era clara, usar el mismo recurso que él utilizaba todos los días en sus tiras dominicales.



Y pocas veces algo tan sencillo ha sido tan elegante y tan efectivo.... y tan intraducible a la imagen real, puesto que esto que no nos chirría en el dibujo animado, nos escupiría a la cara en el cine real, rompiendo esa ilusión que se pretende crear en el espectador.

De hecho, en el cine han sido muy pocas las películas las que han incluido texto en el fotograma, agrupadas mayoritariamiente en tiempos del cine mudo, cuando el propio intertítulo justificaba esa misma intromisión, y en la actualidad, cuando la postmodernidad, y el derribo de las barreras entre espectador/creador, ficción y realidad, han convertido en lícito este recurso.

Un recurso que en el dibujo animado es perfectamente natural, puesto que él ya es algo pintado, y que en sí supone una cierta admisión de inferioridad por parte de la imagen real, incapaz, hasta ayer mismo, de invadir estos territorios inexplorados.

7 comentarios:

Major Reisman dijo...

Buenas

Devolviendo la visita. Felicitaciones por el blog, de hecho lo he incluido en mi lista de blogs sobre cine.

Un saludo

David Flórez dijo...

Haremos lo propio, pues el suyo también es muy bueno....

...aunque a veces no coincida con sus puntos de vista, pero, como digo yo, ahí está la gracia.

David Jack dijo...

Es cierto lo que comentas en este post. Me recuerdo cuando Akira Toriyama rozaba la genialidad (o la sobrepasaba) en su doctor slump, y el personaje de Arale utilizaba sus gritos como arma... no por la voz, sino por las letras gigantes que salína de su boca literalmente golpeaban... que cosas

David Flórez dijo...

De Dragon Ball me gustó mucho la primera parte, con Goku ejerciendo de infante desinhibido, luego se perdió mucho del humor.

El episodio en que Goku acaba en la isla de Arale lo recuerdo con especial cariño, porque Goku y sus perseguidores acababan casi derrotados por la demencia absoluta que reinaba en esa isla...

David Jack dijo...

Si... y el manga roza la perfección del comic. De lo posterior, de baja calidad, en manga y anime, solo puedo destacar el impresionante poder iconíco que ha ejercido sobre toda una generación de jóvenes en tantos países diferentes... un poder obsesivo...

Del Dragon Ball, recuerdo el episodio del conejo gigante que convertía a quien tocase en zanahorias... demencial...

Tru dijo...

Estupendo blog. Al respecto de que el 3D no halla conseguido todavía el grado de surrealismo que las limitaciones del cómic indujeron en los primeros creadores, creo que ahora podemos ver ejemplos de que se sigue sacando partido, por un lado, a las posibilidades que el dibujo representa, que son las de la imaginación, y por otro, la búsqueda intencionada de explotar esta circunstancia propia del medio, como lo es Fan Boy.

No obstante, coincido en que las produccione 3D actuales para la gran pantalla, parecen estar impregnadas de un realismo que es de agrado de muchos, lo que no impide sacarle partido a la personalización de criaturas mecámicas (Cars, Wall-e, Toy Story..) o animales. Como dices, parece que se quiere "crear una animación para los espectadores a lo que no les gusta la animación."

No obstante también, y hablo con conocimiento de causa, pues he visto mucho cómic y mucha animación, los últimos films animados en 3D, son auténticas joyas del cine (y me refiero a Pixar especialmente), ya no de la animación, aunque no muestren parte del potencial que este medio tiene, pero si gran parte, como es el diseño de personajes y escenas difícilmente realizables en otro medio.

Saludos.

David Flórez dijo...

No me estaba refiriendo exactamente a surrealismo, sino a que la animación "tradicional" desde sus inicios es capaz de utilizar las limitaciones del formato en su propio beneficio y romper las expectativas del público, para hacer surgir lo maravilloso.

Mi mayor reparo a la 3D es que parece enfrascada en ser más real que la propia realidad, de forma que su mayor logro es el número de pelos que tienen los bichos, y sobre todo, aparecer ante el público como la única animación válida, cuando cualquiera que se haya tomado la molestia de investigar un poco sabe de la variedad de esta forma.

Es un poco lo que me ocurre con el Disney clásico, que se erigió como la única animación válida, barriendo el recuerdo de todo lo que era distinto y grabando a fuego en la memoria de generaciones de espectadores eso de que la animación era sólo para niñós...