domingo, 28 de septiembre de 2008

Underground








Tras haber visto hace unas semanas el Judex de Franju, le ha tocado ahora el turno a Nuits Rouges, una película que no hace más que confirmar mis impresiones de la entrada anterior.

Nuevamente Franju juega a reinventar el serial folletinesco, ése de todopoderosas organizaciones secretas que controlan el destino de nuestro mundo, una constante del cine del siglo XX, desde el Fantomas de Feuillade y el Dr Mabuse de Lang, a los supermalos de las películas de Bond o la reciente el Código Da Vinci, ejemplos claros de la decadencia de la fórmula, al menos para mi. De nuevo asímismo, Franju se las apaña para, voluntariamente, dar la vuelta a las convenciones del genero y transformarlo en algo más que una réplica o en un homenaje (o parodia) cariñosa, llegando a rozar lo que podríamos llamar arte, en su sentido postmoderno, el de la reescritura comentada y consciente.

En efecto, el centro de la trama es la organización mandada por un llamado L'homme sans Visage, una organización tan poderosa como para contar con búnqueres subterráneos, aparatos de últimísima tecnología (como el taxi sin conductor de la secuencia ilustrada arriba), secciones repartidas por todo el mundo, o embarcarse en experimentos de ingeniería genética para crear el asesino perfecto... pero que al mismo tiempo se nos revela pretecnológica, de delincuencia de barriada, con sus cats thiefs vestidos de negro, armados con puñales o cerbatanas, matones que se disfrazan de moteros o un jefe supremo que participa personalmente en las operaciones, disfrazándose para ello como si fuera a subir a escena, no a arriesgar su vida.

Una ambigüedad, esta de contrastar la ultramodernidad con la premodernidad, que constituye uno de los muchos guiños de Franju en su recreación del serial clásico, no siendo menor el hecho de que el auténtico protagonista sea el mal absoluto, imparable e inatrapable, encarnado por L'homme sans Visage, sin que haya un antagonista que pueda darle réplica, al contrario que la típica película de aventuras (Bond) o otras recreaciones irónicas de la formula (los diferentes Indiana). En este caso, los buenos oscilan entre la absoluta estupidez (el detective que acompaña al prota), la nulidad completa (el propio prota y su compañera) o la impotencia profesional (el cuerpo de policía francés que parece servir sólo para aportar cadáveres), mientras que, como digo, las estrellas de la función, son esta organización secreta, su jefe y sus colaboradores, hasta tal extremo que la aparente derrota final de ésta solo se lleva a cabo por la intervención de otra organización secreta rival, sin que policía y protagonistas ejerzan otra función que la de testigos.

Con esto llegamos a otra de las pequeñas traiciones que comete Franju con la fórmula, el plan maestro para dominar el mundo que brilla completamente por su ausencia, dándose la paradoja que toda la anécdota de la película aparenta ser simplemente un asunto más de muchos. En efecto, en todo este cine de grandes conspiraciones, llamémoslo Indiana, Bond o Código da Vinci, ese plan maestro para dominar el mundo es el centro de la historia, siendo su descubrimiento y posterior desactivación por parte de los buenos la fuerza que pone en marcha y conduce toda la película. Aquí por el contrario, como ya he señalado, Franju nunca nos explica los auténticos objetivos, las razones de la existencia de esas organizaciones todopoderosas, sino que prefiere seducirnos con lo que realmente nos fascina de ellas, su secreto, su poder absoluto, su inteligencia dedicada al mal, características de las que los buenos carecen por entero, y que les convierte en personajes de papel frente a la personalidad arrolladora del malo.

Y es que todo en esta película no es más que un inmenso McGuffin, encarnado en el objeto por el que se enfrentan, a tres bandas, las fuerzas en conflicto en la cinta, luchando por un mítico tesoro de los templarios perdido en un naufragio en las Américas...


... del cual nunca sabremos nada, excepto su existencia y de que es el motor de la trama, pero que para ninguna de las partes parece tener mayor importancia que la de que no sea el otro quien lo posea.

Una trama que como digo nos más que una excusa para jugar al folletín y que queda de manifiesto multitud de veces, desde las escenas violentas que parecen transcurrir sin urgencia alguna, al hecho de utilizar planos anticuados, para señalar al protagonista donde se haya escondido el tesoro.



Una última vuelta de tuerca. En estos tiempos de entrecruzamiento (odio la palabra transversalidad) cuando las series inspiran películas y estas películas, esta obra de Franju no es más que el resumen de una serie televisiva realizada por él mismo. Un resumen completamente independiente de la serie original, de hecho es difícil notar que falte algo en la historia, y donde el tono, en juego formal nuevamente postmoderno, ha sido cambiado por completo, algo que en estos tiempos de fidelidad a ultranza en la adaptaciones se podría considerar casi una herejía.

4 comentarios:

David Jack dijo...

La obsesion occidental por el personaje negro, oculto en una isla, preparando su organizacion para destruir el mundo (o en realidad cambiarlo para mejor?) es un referente obsesivo, caricaturizado hasta perder su origen... ay, si Napoleon levantara la cabeza!

David Flórez dijo...

Es cierto que es una obsesión cultural, esa del personaje todopoderoso en la sombra que vive al margen de la sociedad, que empezó ya en el XIX, pensemos en Sandokán, el capitán Nemo, el Doctor Moreau o el Conde de Montecristo.

Una figura que nos fascina por sus imposibles, ya que es alguien con inmensos recursos, que vive al margen de la sociedad y busca demolerla (o era reformarla).


Y lo que dices de Napoleón es muy cierto, no sé quien dijo que el gran problema del siglo XIX es que todos los jóvenes aspiraban a emular a Napoleón (y ese sentimiento anima a casi todos los personajes de Balzac, por ejemplo)

David Jack dijo...

De Napoleon se ha llegado a decir que sus partidarios de America planearon rescatarlo de Santa Helena con un Submarino...

Por otro lado y ahora si meando fuera de tiesto, Montecristo y compania me recuerdan a Batman, el millonario de la cueva (con aprendiz o sin) salvando su ciudad sin ser capaz de salvar su alma. Paradojicamente la que se considera historia clave del personaje (y del comic americano) es la historia en la que el senor de la noche tiene cincuenta anos, es impotente y no solo esta aislado del mundo, sino de si mismo.

David Flórez dijo...

No lo veo yo tan descabellado, sólo hay que pensar en el Nemo de la Isla Misteriosa, sólo en su submarino, cuya tripulación ha ido muriendo uno tras otro, y donde el propio Nautilus ha sido atrapado por un derrumbe en una cueva sumergida.

Así que damos la vuelta a lo mismo.

Jo, la Isla Misteriosa, lo que daría yo por leerla de nuevo con los ojos de un niño...