domingo, 3 de agosto de 2008

Different Faiths

En un extremo del mundo...





...u otro...







...pero siempre exigiendo la misma entrega e implicación emocional...


Y debo decir de nuevo que gracias a lo mediocre que está siendo esta temporada, salvada por escasas excepciones como Kaiba y unas pocas más, me ha dado tiempo a ver esta serie del 2006, Flag, que había dejado completamente de lado en su momento, a pesar de su evidente interés.

Un interés que estriba en el modo en el que está contado, a través de las imágenes y vídeos que dos periodistas japoneses toman en un país en conflicto del Asia Central, desgarrado por una guerra civil entre facciones religiosas, ocupado por las fuerzas de paz de las Naciones Unidas, que se se convierten en el blanco predilecto de los extremistas, y campo de batalla también para las grandes potencias, que colaboran con las facciones existentes para sabotear ese proceso de paz.

Una decisión estética, la de mostrarlo todo a través de la cámara, que podía haber sido un gran error, y de hecho, en los primeros episodios parece que va a serlo, pero que ha medida que la serie avanza transciende el mero más difícil todavía técnico y se convierte en una de sus virtudes, dotándola casi de una cierta intencionalidad moral.

Simplemente porque ese distanciamiento que provoca la cámara, el yo estoy aquí y lo que pasa está al otro lado de la lente, unido a la fragmentación de la realidad que provoca el hecho de elegir un momento para ser fotografiado y despreciar el siguiente, se convierte en un espacio para la reflexión y la meditación, para preguntarse quienes son esas gentes de ese país desconocido, cuales son sus ilusiones y sus esperanzas, en que nos parecemos y en qué nos diferenciamos.

Y sobre todo, en un mundo en conflicto que no es más que un trasunto del mundo actual, a quién debemos apoyar y a quien no, por quienes y porqué merece la pena luchar y qué o quienes no deben ser tolerados.

Una elección moral que se plasma en las dos fuerza religiosas que están detrás de la guerra civil que asola el país, los adoradores de un budismo guerrero e intranginte que se propone purificar el país a sangre y fuego, para ajustarlo a un ideal tan santo y puro que no admite a los seres humanos normales, frente a los partidarios de una diosa madre anterior a todas las otras religiones, un divinidad tolerante e integradora, en cuyo seno hay un lugar para todos.