domingo, 16 de septiembre de 2007

Back to your childhood


Había hablado ya con anterioridad de este anime, Dennou Coil, para mí una de las joyas de esta temporada, y que desgraciadamente no está recibiendo la atención que mereciera (como es el caso de la mayor parte de las series que estoy viendo, cuyos fansubs se retrasan y retrasan hasta el punto de hacer desesperar de que vayan a completarse).

Pero el caso es que para mí, una persona para quien la juventud empieza a ser ya una cosa del pasado, esta serie viene a remover sentimientos, sensaciones, experiencias, que ya creía olvidadas, de un tiempo en que mi edad era similar a la de los protagonistas.

Porque esta serie retoma la vieja y buena tradición de la literatura infantil y juvenil, la de antaño, la que yo leía siendo niño, a pesar de transcurrir en un mundo hipertecnificado y cambiante, que aparentemente poco tiene que ver con el de épocas pasados

Simplemente porque el concepto fundamental de esta serie no es otro que el descubrimiento del mundo. El ansía de aprender, la curiosidad que lleva a explorar el entorno que nos rodea, sin saber que se está buscando, sin poder predecir que se va a encontrar, movidos simplemente por el mero de placer de encontrar algo distinto, algo nuevo, algo que sólo conozcas tú y tu pequeño círculo de amigos, y que se convierta en un secreto compartido que sirva para acercaros, para mantener unidos ese estrecho círculo de personas, manteniéndolo oculto a los demás.

Algo que, en ese mundo virtual, superpuesto al mundo real, que esta serie representa, puede encontrarse en cualquier esquina, mejor dicho en los lugares más recónditos, a los que sólo se puede acceder por caminos complejos y retorcidos, conocidos y al alcance, como digo, de sólo unos pocos.

Pero había otro tema que estas obras de infancia solían representar, y que iba estrechamente unido al del descubrimiento del mundo. Se trataba del paso a la madurez, entendido, no como descubrimiento del amor y el sexo, sea lo que sea que signifiquen esas palabra, sino del encuentro, en ese mundo nuevo y aparentemente maravilloso, con la muerte y la desesperación.

En concreto, con la certeza de que todo aquello que amamos, todo aquello que deseamos, todo aquello por lo que luchamos, habrá de desaparecer, habrá de sernos arrebatado, independientemente de nuestros esfuerzos por conservarlo.

En definitiva, el presentimiento y la certeza de nuestra propia destrucción, de nuestra desaparición en el olvido.

Y como seguir viviendo tras haber descubierto esa verdad, la única cuya certeza es absoluta.