domingo, 1 de abril de 2007

The real stuff

- ... Sí, y además conozco la filosofía, la medicina, la lógica, el comentario de los capítulos de Hipócrates escrito por Galeno, eñ folósofo, y también el comentario de éste, he leído la Tadkira, he comentado el Burham, he estudiado el Mifradat de Ibn al-Baytar y he hablado sobre el Canon de Avicena, me he distinguido en los enigmas y he planteado problemas, he explicado geometría y poseo a la perfección la ciencia de los cuerpos, he leído los libros de los safiíes, he estudiado la tradición y la gramática, he discutido con los sabios y he hablado sobre todas las ciencias; me he familiarizado con la lógica, la elocuencia, la aritmética y la dialéctica, conozco la magia espiritualista y la determinación de la hora. He entendido todas las ciencias.
- ¡Qué feliz será quien te tenga en su casa!


La una y mil noches, noche 58

En este pasaje de la una y mil noches, el sultán de Damasco encarga a un grupo de sabios que examine a la esclava que acaba de comprar, y que piensa convertir en una de sus esposas, sin saber que su hermanastra. Contra todo lo esperado, o mejor dicho, como cabía esperarse de la hija del Califa de Bagdad, la joven consigue derrotar a los sabios en todos los campos del saber conocido en su época, hasta que estos tienen que admitir su derrota y la recomienda al sultán como una mujer que no tiene igual en todo el mundo.

No por su belleza, que tampoco tiene rival, sino por su inteligencia. Anotemos este detalle y no lo olvidemos.

Y digo que lo anotemos porque representa casi una contradicción con su ambiente cultural. Como es bien sabido, siempre que no nos dejamos llevar por la propaganda que impide el pensamiento, el Islám no es precisamente una civilización feminista. Para darse cuenta basta simplemente con pensar en el ambiente político y social en el que surge, en el seno de una sociedad nómada fuertemente patriarcal, donde el prestigio de una tribu y de un cabecilla, se mide por el número de posesiones materiales que posee, ergo, hijos, esclavos, ganados, mujeres, cosas que son comerciables y cuya acumulación constituye la prueba del status individual.

Tampoco es que sea una excepción esa misoginía cultural. Otras civilizaciones más próximas, como la griega, también consideraban a la mujer como un ser de segundo rango, por debajo del hombre, hasta el extermo que el amor perfecto sólo podía darse entre hombres. Basta pensar en lo que era el gineceo entre los griegos, ése lugar de la casa, tan similar al harém musulmán, donde las mujeres debían pasar su vida, ocultas a ojos ajenos, casi sin poder abandonarlo. Una condición muy distinta de la matrona romana, que tenía casi completa libertad y casi completo poder en la casa, siempre después de su marido, claro, pero que en la historia romana va a desempañar un papel casi impensable entre los griegos y árabes, como demuestra el gran número de romanas famosas que pueblan los libros de historia, frente al casi inexistente de mujeres árabes o griegas.

Por eso mismo, resulta sorprendente, o quizás no, que ambas civilizaciones la griega y la árabe, hayan creado ideales femeninos completamente opuestos a lo que eran sus realidades culturales. Así entre los griegos surge el mito de las amazonas, la mujeres guerreras que no necesitaban ningún hombre, a las que ningún ejercito de varones podía resistir y mucho menos derrotar, y que, periódicamente atacaban los países vecinos para raptar varones, utilizarlos para procrear y luego abandonarlos, mientras que el mundo musulman surge el mito de la mujer sabia, conocedora de toda la ciencia, el arte y la religión, y capaz de humillar a los mayores expertos y ponerlos en dificultades.

Y no menos sorprendente resulta que, mientras en el caso de los griegos, las amazonas se consideraban enemigos de los hombres, un horror de la naturaleza, aunque fascinante e irresistible, como bien quedaría demostrado en el mito de Hércules y Onfala, entre los musulmanes, la mujer sabía y erudita, se presente como todo lo contrario, como la compañera perfecta, a pesar de que ese saber, la convertiría en cualquier cosa menos una esposa sumisa y obdiente, puesto que aquel que conoce el saber, necesita ejércitarlo, ponerlo en práctica, tomar decisiones por sí mismo, no que otro las elija en su lugar.

Un modelo y un ideal, que resulta extrañamente próximo al pretendido por nuestra sociedad occidental actual, el de la mujer-camarada, el de la compañera de viaje, el del igual a uno mismo, con las mismas capacidades y misma inteligencia.

Algo que me hace pensar en lo cierto que es el viejo adagio anglosajón, aquel de que si no estás casado a los cuarenta y quieres hacerlo, lo hagas con una amiga.

O como quizás estemos completamente equivocados al intentar fundar sólamente en el sexo, la pasión y el frenesí, relaciones que habrán de durar decenios, cuando no esos los criterios con los que elejimos a nuestros amigos, esas otras relaciones que también pretendemos que perduren.

2 comentarios:

jasikevicius dijo...

Hace ni un par de días estaba pensando que se podía considerar a la famosa Cleopatra como griega. Podría decirse que Cleopatra es la griega más conocida de la historia antigua.

Si tenemos en cuenta que ella fue la última de la dinastia de los Ptolomeo, si recordamos que el primero de la dinastía fue el lugarteniente del gran Alejandro y si tenemos en cuenta que esta familia de faraones solían esposarse entre ellos, y si tenemos en cuenta que, salvo Cleopatra, el resto de la dinastía de los Ptolomeo sólo sabía griego, pues casi se podría decir que Cleopatra tenía más de macedonia que de egipcia.

David Flórez dijo...

Bueno, yo soy de los que siempre ha considerado a Cleopatra como macedonía, puesto que era descendiente de los conquistadores y perteneciente a un grupo que se había hecho con el poder en Egipto desplazando a los naturales del país, un poco como los conquistadores españoles en México, cuyos descendientes criollos de 300 años después, seguían siendo y se seguían sintiendo a pesar del mestizaje, distintos de los indios...

Pero también, como no puede ser una pequeña entrada como ésta un tanto parcial. La cultura griega no era monolítica (ninguna cultura lo es). Lo macedonios, para un ateniense, no dejaban de ser unos bárbaros helenizados y sus constumbres eran algo distintas a las del resto de lo griegos, por ejemplo en el caso del papel de la mujer, que en todos los reínos macedonios no sólo en el Egipto Tolemáico desempeño un papel importantísimo, como fue el caso de Olimpia, la madre de Alejandro.

O por ejemplo el papel que tenía la mujer en la sociedad espartana, donde eran las que llevaban la vida económica que los hombres como soldados tenían vedado desempeñar (aunque la sociedad espartana por su militarismo, su racismo y muchas otras cosas no sea un modelo a imitar).

Sin embargo la griega de tiempos clásicos más destacada vivió en tiempos de los 300 esos que nos están metiendo por todas partes. Se trata de Artemisia, la reína de Éfeso, que participó junto a los persas en la campaña que terminaría en Salamina y Platea, y que mandaba su propia flota y tomaba parte en los combates.

Una mujer que, según cuenta Herodoto con cierta admiración, fue la única persona en darse cuenta de la maniobra de Temístocles en Salamina y que tuvo el coraje de avisarlo a Jerjes, así como de ser la suya una de las pocas naves que salió indemne de la batalla.

¡Ahí es na'!