sábado, 31 de marzo de 2007

Unattainable Uthopies

Fischinger's remarks signal the end of an era of exchange between avant-garde art and mass culture. In 1932 the situation had been more hopeful. At a premiere of Fischinger's Study no. 12 in Berlin, the critic Bernhard Diebold gave a speech entitled "The Future of Mickey Mouse". If cinema was to be an art form, he argued, it needed animation, because that made possible a cinema that had broken free of a naturalistic template and conventional storylines. Animated film defied the inherited artistic genres, forging something new: "living paintings","musography", "eye-music", "optical poetry" and "the dance of ornaments". For Diebold, Disney figures, with their elastic and rhythmic universe, had just as much pointed the way as had the "absolute films" of Fischinger, Hans Richter,Walter Ruttmann, Lotte Reiniger and others. All sorts of experimenting artists found that cartoons touched on many things that they too wished to explore: abstraction; forceful outlines; geometric forms and flatness; and the questioning of space, time and logic, that is to say, a consciousness of space that is not geographical but graphic and time as non-linear and convoluted. Animation was proposed as the medium to translate into movement Kandinsky's restful points and dynamic lines in tension. When Rodchenko wrote in 1919 of the line that stands firm against pictorial expressivity, lines that reveal a new conception of the world in construction and not representation, he could have been describing cartoons' flexible and cavalier attitude to representation. This inaugurated an extraordinary episode when Eisenstein could speak of his indebtedness to Disney, Adorno raved about Betty Boop, Vertov and Shklovsky imagined the future of film in cartoons, Oskar Fischinger could go to Hollywood and Siegfried Kracauer could be disappointed enough in 1941 to condemn Dumbo as a setback for the revolutionary movement. And Walter Benjamin could enthuse about Mickey Mouse, writing a defence of Disney's utopian unmasking of social negativity and the rejection of the civilised bourgeois subject by this mouse-shaped figure of the collective dream.


Where Abstraction and Comics Collide. Esther Leslie on Oskar Fischinger

Me resulta difícil, casi imposible, expresar la emoción que me produjo la lectura de estas líneas, encontradas en un artículo sobre mi adorado Oskar Fischinger, cosa ya sabida, lo de mi adoración por ese artista, por cualquier que haya leído recientemente este mi blog, mi diario intimo público.

En primer lugar, una reconfortante sensación de sorpresa. Nunca se me habría ocurrido que personalidades tan importantes de la cultura europea, y además de una época como la de la primera mitad del siglo XX, en que se pusieron patas arriba los fundamentes que habían regido Occidente desde el renacimiento italiano, allá por el XV, tuvieran una idea tan alta y tan elevada, considerasen tan valiosa y tan importante a una forma como la animación, algo que siempre ha sido considerado como un apéndice de la historia del cine, cuando no, simplemente, se le ha negado su pertenencia al cine.

Lo segundo, un punzante sentimiento de tristeza, al constatar cuan lejos está la realidad de las ilusiones y los ideales de esos artistas y pensadores. Basta mirar al cine que se pretende hoy, lo que algunos llaman cine de resistencia o leer a qué teóricos del cinematógrafo se cita y se admira. Por supuesto, la animación no se encuentra entre esos ideales, ni las personalidades que aparecen en el fragmento se consideran dignas de ser imitadas o seguidas.

No quiero adentrarme en otra de mis diatribas contra la corriente dominante entre la crítica que se llama joven, al fin y al cabo, haga lo que haga no puedo ganar, no soy más que una voz aislada, un dilettante que se imaginó un buen día que era un crítico como esos que crean opinión, un sueño del que hace ya bastante tiempo que he despertado, como no podía ser de otra manera, y del que sólo me queda eliminar los últimos restos y compromisos antes de volver al anonimato y al silencio del que partí.

Sólo decir una cosa. Que el cine que se pretende ahora como único digno, noble y válido, en definitiva perfecto (y toda perfección es pasajera y fatalmente ligada a un momento en el tiempo, única verdad que el vivir tanto me ha enseñado) se me asemeja a un estrecho corsé que no te deja respirar. O mejor dicho, si tuviera que reflejar mis concepciones, mis sueños, mis esperanzas, mis desilusiones y derrotas, mis sentimientos en definitiva, en esa forma que se alaba por todos los sectores de la crítica que se llama joven, me sería imposible, no podría comprimir y embutir mi mundo interior en ese molde.

Porque simplemente el realismo y la objetividad que se propone como objetivo ese cine nuevo (pero que lleva dando vueltas desde los 60) me remite a un mundo y a una realidad que odio y del cual quiero escapar. De ahí que sólo tengan importancia para mí, aquellos mundos soñados completamente alejados de mi experiencia cotidiana, los lugares inexistentes e inalcanzables donde podría ser yo mismo, vivir a mi manera, alcanzar completitud.

Esos paraísos artificiales, libres del tiempo y de sus servidumbres, que, como bien decía el poeta, son los únicos que existen y merecen la pena

Paraísos cuya puerta sólo puede abrirse con la llave de la animación (o el cómic, o la poesía, o la música sin palabras), la única forma que los hace creíbles.