martes, 3 de abril de 2007

Dobles Movimientos (y II)



Algo que me llama la atención del cine, llamemoslo de ahora mismo, es la absoluta ausencia de los gestos de cariño entre los amantes, como si el simple hecho de representar los gestos cotidianos que sirven para reforzar los vínculos entre las personas, fuera una traición a la dureza, la ironía y todas esos rasgos de brutalidad disfrazada de desapego y objetividad que se han convertido en estandarte de nuestro periodo cultural y artístico.

Yo, por el contrario, me siento incapaz de vivir sin ver la representación de esos mínimos gestos cotidianos, que, como decía, sirven para reforzar los lazos que unen a las personas, y entre ellos, pocos hay tan poderosos como el aseo compartido, o mejor dicho dicho, el momento en que uno de los amantes acicala al otro, demostrando así la importancia que para él tiene esa otra persona, y por parte del que es acicalado, la confianza que se tiene en el otro, al permitirle hacer y deshacer, sin oponer resistencia.

Sin contar claro esta, el placer puramente físico que supone, siendo ya adulto, el que alguien se ocupe de tu aseo, la satisfacción porque haya alguien que se preocupe por tu aspecto y y la alegría porque que esas manos que te cuidan sean las de alguien que te conoce y te trata con cariño.