domingo, 23 de septiembre de 2012

The World at War (y III): The Fall of France, May-June 1940







 El tercer capítulo de The World at War está dedicado a la caída de Francia, en las escasas siete semanas que median entre el 10 de Mayo de 1940 y el 21 de Junio de de ese año. Un hecho casi único en la historía, si se tiene en cuenta el calibre de ambos contendientes (olvidesen por tanto de guerras coloniales o semicoloniales, como las dos guerras de Irak), que aún es más sorprendente si se tiene en cuenta que la campaña estaba decidida a los cinco días de haber sido lanzada, cuando los panzer alemanas cruzaron el Mosa en Sedán, tras atravesar el infranqueable bosque de la Ardenas, y encontraron la vía libre ante ellos, sin tropas aliadas que pudieran detener su carrera hacia el canal.

Este hecho de armas, tras el impasse de la drôle de guerre, puede considerarse como el inicio en serio de la segunda guerra mundial, cuando este conflicto dejo de concebirse como una primera guerra mundial venida a menos, cuyo resultado se resolvería mediante el bloqueo naval, tras una serie de infructuosas escaramuzas fronterizas. A partir de ese instante, la guerra mundial sería un conflicto de titanes, la peor guerra que el mundo viera hasta ese instante, y su emblema sería el concepto de la Blitzkrieg, la avalancha  motorizada de acero, apoyada por la aviación, que penetraba en profundidad en la retaguardia enemiga, dejando sin comunicaciones y suministros a sus tropas, a las cuales no les quedaba otra salida que rendirse.

No toda la guerra mundial fue Blitzkrieg, sino que la mayor parte del tiempo se pareció más a la matanza sin salida de la primera guerra mundial, interrumpida brevemente por esas ofensivas cataclísmicas que desplazaban el frente varios cientos de kilómetros, en un sentido u otro. La guerra relámpago, no fue el único mito que surgió de estos primeros de guerra, ya que a éste se unió otro que aún perdura, la de la absoluta eficacia alemana, producto de una planificación de hierro, máquina imparable capaz de conseguir imposibles, frente a la cual todos debian humillarse si querían sobrevivir.


Como todos los mitos, ambos Blitzkrieg y eficacia germánica tenían su parte de verdad y de mentira. Por ejemplo, la maquina alemana de los 1940, en los momentos de sus mayores glorias, era más bien imperfecta, y de hecho habría fracasado ante un enemigo más avisado y dispuesto. Hombre a hombre, los aliados tenían más divisiones que los alemanes en el frente oriental, e incluso les superaban en la arma que parecía asociada indisolublemente al ejército alemán: el tanque, del cual disponían de muchas más unidades de mayor potencia de fuego, en un momento en que muchos de los blindados alemanes eran aún del tipo Mk1, armados sólo con un par de ametralladoras.

La diferencia estaba en que los alemanes los utilizaban en formaciones concentradas, pensadas para avanzar a toda velocidad, mientras que los tanques franceses se concebían como apoyo a la infantería, entrando en combate en pequeños grupos, para verse siempre superados y rodeados por sus oponentes germanos. Los Panzer habrían tenido más problemas con los ingleses, que sí habían desarrollado, y aplicado, una teoría de la guerra de blindados, pero para su desgracia la utilizaban independientemente de las otras armas, pensando que los blindados se bastarían solos para decidir la batalla, en un error que se repetiría una y otra vez durante la guerra, como ocurrió con la obsesión de Harris y Churcill por dejar fuera de combate a Alemania usando sólo bombarderos pesados.

Frente a esta ceguera inglesa, los alemanes habían concebido la blitzkrieg como un esfuerzo combinado, en el que la aviación despejaría el camino ante los tanques, destruyendo campos de aviación enemigos y las  vías de comunicación, mientras ablandaba las posiciones de primera fila para hacer más fácil la penetración de los blindados, la cual sería protegida por la infantería motorizada que se desplegaría para proteger los flancos.

Hasta ahí la teoría que luego llevarían a la perfección rusos y americanos, ejércitos casi completamente motorizados, al contrario que el alemán, porque lo cierto es que la asombrosa máquina de guerra alemana que asombró al mundo, dependía aún de los caballos y el tren para el transporte de suministros, fuera de la punta de lanza acorazada y las divisiones de élite, provocando que poco a poco se abrieran peligrosos huecos entre estas vanguardia y la infantería que les seguía a pie. Una debilidad fundamental que causo más de un quebradero de cabeza a los generales alemanes, quienes tuvieron la suerte de que no se manifestase ni en los campos de Francia en 1940 ni en las estepas de Rusia el año siguiente.







En realidad, el asombro del mundo ante la victoria relámpago en la campaña de 1940, fue tanto por el uso magistral de la Blitzkrieg en los campos de Francia, como por el impesable y definitivo derrumbe de Francia a todos sus niveles. Como bien recuerda The World at War, Francia fue atormentado por profundas divisiones durante la década de los 30, las cuales no se atenuaron con el estallido de la guerra, y que se plasmaban incluso en la admiración de amplios sectores de la derecha por el régimen hitleriano, del cual envidiaban la rápidez en librarse de sindicatos y partidos de izquierda, lo cual ayuda mucho a comprender el rápido establecimiento del régimen de Vichy.... y el silencio vergonzoso que se guardo durante largas décadas sobre ese "incidente"

La política y la estrategia francesa parecen haber sido dictadas por un único objetivo, evitar a toda costa un baño de sangre como el de la primera guerra mundial, para lo cual se pensó que bastaría con fortificar la frontera con Alemania, la famos línea Maginot, para evitar una ofensiva, y aguardar a que el bloqueo naval británico ahogase la economía alemana. En el peor de los casos, si los alemanes intentaban de nuevo la penetración en Francia a través de Bélgica, la única via abierta que según el mando francés les quedaba, bastaría con desplegar las tropas en el interior de Bélgica, alejando la guerra de Francia, y bloquear su avance, el cual pronto perdería fuelle.

Tras tomar estas precauciones, Francia se echo a dormir. Miradas una a una, eran más que razonables, si la guerra se hubiera librado al estilo de 1914, pero ya hemos vistos que los alemanes tenían pensado algo muy distinto. Así, cuando la ruptura en Sedán  tuvo éxito, justo en el punto donde no podía tener lugar un ataque y donde se habían desplegado las peores divisiones , Francia descubrió repentinamente que la línea Maginot era inútil, que no había tropas de reserva que pudieran detener a los panzer y que las divisiones enviadas a Bélgica estaban condenadas.

Y todo se hundió en ese instante.

Las tropas francesas se rindieron en masa, sin que hicieran falta soldados alemanes que las condujesen a los campos de concentración, mientras que las carreteras se llenaron de fugitivos, sin destino ni esperanza, que las colapsaron por completo.

Un resultado, el del éxodo, que nadie había previsto, pero que fue un anuncio ante todo el mundo del carácter nuevo de esta guerra que entonces comenzaba, ese conflicto en el que morirían muchos más civiles que soldados, porque matar civiles se consideraría un objetivo legítimo y necesario para quebrantar la resistencia del enemigo.