sábado, 7 de enero de 2012

No Explanation



El mayor problema de la afición por el cine (y por cualquier arte) es su característica de búsqueda infinita. Da igual que se conozca uno el canón al dedillo, siempre aparecerán obras desconocidas de un autor o nuevos autores de los que no se tenia idea, pero que resultan imprescindibles e irrenunciables tras su descubrimiento. O como se suele decir, es propio de los ignorantes el ser tajantes en sus juicios, gran defecto que se quita cuanto más se estudio un tema, pero que tiene como contrapartida el incremento de las dudas, que, en algunos casos, pueden llevar al extravío de más de una mente brillante.

Lo anterior viene a cuenta de que hace unos años, la cinefilía patria descubrió al cineasta norteamericano James Benning, cuya figura apareció de repente en el panorama como si se tratase de un cineasta novel que acabase de rodar su primer largo, cuando nos encontramos con un director con más de cuarenta años a sus espaldas y más de una gran obra a lo largo de su carrera, o al menos distintas y originales, como conviene a una de esas pocas figuras que realmente cultivan el cine independiente/experimental (nada que ver con la formula de Sundance).

Lo anterior tiene un poco de reproche hacia nuestra crítica local, pues en cierta manera reaccionó como esos periodistas que descubren lo que todo el mundo ya conocia. Reproche del que me no libro, puesto que a pesar de todo lo que presumo de conocimientos culturales, la figura de este director me era completamente desconocida... aunque lo que contaban debo decir que me llamó poderosamente la atención y me llevó a descubrir su obra, deseo que he podido cumplir estas navidades con el visionado de dos de sus obras American Dreams (1984) y Landscape Suicide (1986), tras lo cual debo advertirles que lo que he visto no se parecía en nada a lo que me habían contado (o creí haber leído).

Es decir, que he sufrido una decepción, pero no con Benning, sino con la crítica.

Pero dejando atrás esto, hablemos un poco de Benning. Por lo que he visto y en espera de ver más obra suya, este autor está obsesionado con ser un cronista de su país, EEUU, y de su tiempo vital, la América de los años 50 hasta ahora mismo. Una tarea, la del examen retrospectivo, en la que este autor se separa radicalmente de otras visiones similares, ya que aunque subjetiva, como toda revisión, su aproximación intenta borrar la presencia del narrador-Benning, intentando ser lo más objetiva posible, en el sentido de que lo que Benning ofrece en pantalla no son reconstrucciones imaginadas teñida de nostalgia (o de crítica rabiosa), sino los documentos visuales y sonoros de la época, de forma que seamos nosotros los que atemos cabos y saquemos las oportunas conclusiones, limitándose su papel a seleccionar el material mostrado y a aclarar, de forma muy sútil, el significado de lo visto, normalmente al final de la exposición, en un efecto que no se puede explicar de otra forma que como revelación, cuando todo lo visto de repente encaja... como ocurre al final de American Dreams (Lost  & Found) que destaca además por la radicalidad de su propuesta estética, visual y expositiva.







Landcape Suicide, la película a la que pertenecen las capturas de este artículo, es un poco menos radical, pero no deja por ello menos experimental. La excusa argumental, son las figuras de dos asesinos que en su día fueron primera página de las portadas, pero cuya historia y ambiente no pueden ser más distintos y diferentes, California/Medio Oeste, Joven Adolescente/Hombre maduro, años 50/años 80, aparente crimen pasional/asesino en serie y cuya comparación es uno de los ejes de la película.

Por supuesto, ya se pueden esperar que la aproximación de Benning a este tema está en las antípodas de la del cine comercial (y la de muchos Auteurs que hacen babear a la crítica). Nada hay en esta cinta de intriga criminal, en la que un grupo de esforzados héroes intentan devolver el orden al mundo, ni de de descripción minuciosa de los asesinatos, que al final no es otra cosa que pornografía con lacito. Por no haber, ni siquiera hay un ánimo de intentar explicar la razón de los crímenes, el motivo que llevó a los criminales a cometer sus actos, puesto que eso sería ofrecer un camino de escape al espectador, que le permitiese conciliar el sueño por la noche.


Para sortear estos peligros, Benning intenta ser lo más objetivo posible. Una objetividad que se expresa en dedicar sendas mitades de la película a cada críminal y estructurar sus secciones de la misma manera, en cinco partes, que se repiten en orden inverso en cada mitad,  dando la impresión de reflejos especulares las unas de la otras:

  1. Una actividad corriente de las gentes de cada lugar en que tuvieron los crímenes (el partido de tenis frente a la caza del ciervo)
  2.  Paseo en coche por la zona en que tuvieron lugar los hechos,con la radio sintonizada en una emisora local
  3. Las declaraciones de los autores de los crímenes al ser interrogados por la policia, uno de los momentos más impresionantes de la película, puesto que un espectador no avisado creera estar viendo a los auténticos criminales, cuando en realidad se trata de actores repitiendo las actas de esos interrogatorios.
  4. Una larguísima serie de planos fijos con diferentes vistas de las áreas en las que criminales y víctimas vivieron antes del hecho que cambio sus vidas, en las que se alcanza  una cualidad casi hipnótica, al presentarnos entornos completamente  banales, intrascendentes, en los cuales nadie podría ser capaz de imaginar una tragedia, pero en los cuales sabemos que sucedió ese hecho.
  5. Actores realizando las actividades cotidianas de las víctimas, nuevamente banales y rutinarias,pero que ponen de manifiesto que cualquier vida es preciosa, independientemente del valor que le asignemos dentro de la sociedad... y que sirven de adecuado correctivo, en una cultura donde el foco está siempre sobre el criminal, no sobre las víctimas que muchas veces aparecen como excusa necesaria para contar la historia de otras personas, quedando la suya propia completamente en el olvido y la obscuridad.

Todo ello con breves insertos de publicaciones de la época que recogieron los hechos, junto con informes periciales y policiales.







Pero, para terminar, la película no tendría ni la mitad de resonancia, sino fuera por el ejercicio de comparación entre los escenarios, los paisajes, en los que tuvieron lugar los hechos. Resulta estremecedor, y bastante representativo de como juzgamos equivocadamente las cosas, el hecho de que el escenario de los crímenes de los años cincuenta sea una región perdida del interior de los EEUU, pobre y atrasada, hogar seguramente de la ignorancia y la mezquindad, es decir, el escenario donde podemos imaginar una historia de horror, mientras que el paisaje del crimen de los años 80 es luminoso, ordenado, propio de una comunidad con dinero y con los medios para ser culta y cultivada, el lugar donde menos podríamos esperar que algo así ocurriera.

Y sin embargo, en ambos entornos tuvieron lugar dos crímenes sin sentido, cuya razón última es inexplicable, pero que sólo condujeron a que dos personas vieran su vida interrumpida.