sábado, 24 de abril de 2010

Divergences (y II)



En esta primavera madrileña han coincidido dos exposiciones sobre el impresionismo, por una la ya comentada sobre los orígenes del movimiento en la fundación Mapfre (y sobre la que habremos de volver, en cuanto termine otros temas) y por otra parte el habitual combo entre la Thyssen y Caja Madrid, Monet y la Abstracción, dedicada a explorar las posibles influencias de Monet en los informalismos de postguerra, y no menos interesante que la exposición antes citada.

Curiosamente, Monet parece ser un habitual de las exposiciones madrileñas, ya en 1984 nos visitó una de esas muestras que no se pueden volver a repetir una magnífica retrospectiva de toda su carrera (y de la cual no me pude comprar el catálogo entonces, al ser un estudiante más pobre que las ratas). Un decenio más tarde, la Juan March dedicó otra muestra al último Monet, el de los nenúfares y Giverny, con los fondos del museo Marmottan de Paris, los cuales sirven de nuevo en esta ocasión como base de la comparación con la abstracción de una generación después.

Lo cierto es que el paso del tiempo ha sentado bastante mal al otro componente del dúo que podemos llamar núcleo duro del impresionismo. Ahora mismo sería casi impensable que alguien propusiera realizar una retrospectiva Renoir y mucho menos presentarlo como el inspirador de pintores cuya carrera se desarrolló casi un siglo después de la eclosión del Impresionismo y que pertenecen a un mundo completamente distinto, sin puntos de contacto entre sus experiencias vitales, más allá de pertenecer a la misma tradición pictórica y compartir ese espíritu de vanguardia y experimentación. No es que Renoir sea un mal pintor (o un pintor cursi y sentimental, como sería otra forma de decirlo) al contrario, es uno de los más grandes, es que tras la crisis del movimiento hacia 1880, fue incapaz de encontrarse a sí mismo, mientras que el rigor de Monet, encarnado en su apodo de "El ojo" el que es capaz de reproducir la naturaleza mostrando lo que nadie ve, le permitió seguir avanzando, experimentando e innovando, hasta el extremo de que sus últimas pinturas, donde el tema y la forma se desvanecen por completo, fueron completamente incomprendidas en su época y necesitaron un redescubrimiento muchos años después como ocurriría con Picasso.

Ese estar más allá de su tiempo, en otra dimensión, como si lo que el alcanzó fuera simplemente señalar nuevas vías que aún están por explorar, sin renunciar nunca a una extrema belleza formal y técnica, convierte a Monet en una de las figuras más queridas y admiradas de los pintores fundacionales de la vanguardia, de ese modernismo/formalismo que dominaría el arte occidental durante casi un siglo. Es esa característica, junto con la recurrencia expositiva de la que he hablado, lo convierte asímismo en uno de mis pintores favoritos, pero de ahí a afirmar que los informalismos de los años 50 fueron inspirados por él, como hace esta exposición parece ir un poco lejos, un caso claro de paidoleia en el que los parecidos entre las obras no implican relación entre ellas, o por decirlo de manera más científica, la correlación no implica causalidad, que debe ser demostrada de manera aparte.

Es un hecho que el redescubrimiento de Monet coincide con la época dorada de los informalismos y que muchos de ellos los prefirieron a su camarada Renoir, pero no es menos cierto que todo movimiento ha buscado precursores, independientemente de que estos lo fueran o no, y que los mismos impresionistas bautizaron como pre-impresionistas a personalidades tan dispares como Tiziano, Rembrandt o Velázquez, al coincidir la preeminencia que daban al color y un cierto inacabado en sus obras finales, con lo que ellos pretendían, creando una historia de la pintura occidental en la que todo tendía a confluir en el impresionismo e abrirse en abanico desde él, cosa que ahora sabemos que no es verdad, dada la multitud de tradiciones y opciones que existieron.

¿Pero puede ser que no sea así? ¿Qué realmente Monet haya influido en eso pintores y estos hayan asimilado sus lecciones conscientemente, tomándolo como punto de partida?. Un ejemplo, de los muchos que nos propone la exposición basta para desmentirlo. Como he indicado en las capturas que encabezan la entrada, una de las comparaciones se realiza entre los Sauces Llorones de Monet, y los Tilos de Joan Mitchel, donde es claro el diferente punto de partida de ambos pintores, ya que en Mitchel la pincelada larga y ondulada, la disolución de la forma en los colores es producto del mero hecho de pintar, de dejar en el lienzo la energía de su propio trazo, mientras que en Monet obedece al intento de reflejar la media luz, la desaparición de las formas y los contornos en la obscuridad que se acerca y los colores antinaturales de la luz mortecina del crepúsculo.

Es decir, en uno tenemos una vocación realista, impresionista, mientras que en la otra es claramente expresionista.

Otros ejemplos son aún más difíciles de tragar.




Uno no acaba de comprender que relación hay entre las vista de Ruán de Monet, donde la mancha de color domina y hace desaparecer la ciudad y la trama geométrica de Maria Elena Vieira da Silva en sus jardines colgantes. Son cuadros que obedencen a postulados y técnicas completamente distintas, casi irreconciliables, a los que sólo une la casi abstracción completa.

Esto no implica que la parte no-Monet de la exposición sea prescindible. Muy al contrario, como muchas muestras de tesis, ésta nos da la oportunidad de descurbir a pintores y pinturas poco conocidos y aún peor visto, y sorprendernos con la calidad y variedad de la pintura de ayer mismo, a la que se suele denostar como no digna del pasado gloriososo (lo mismo que se declaraba en tiempos de las vacas sagradas)

Unos pintores muchas veces sorprendentes, capaces de dar el máximo con el mínimo de recursos, como el caso del aleman Gerhard Richter, que me sirve para cerrar está inmensa entrada.


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