viernes, 2 de abril de 2010

Slight Subversions





Hasta hace un par de días, había huido sistemáticamente de Tokyo Godfathers de Satoshi Kon, uno de los grandes nombres de la animación japonesa. El motivo principal era que su premisa argumental, los tres personajes que heredan un bebé, que cambia su vida por completo, me recordaba demasiado a subproductos de los 80, como Tres Solteros y... (lo siento, soy incapaz de buscar su título original) donde el humor se basaba en la ignorancia que tenía los protagonistas de los procedimientos básicos de uso y manejo de una criatura, junto con la renuncia a su (supuesta) vida despreocupada y disipada de solteros. Una idea que pronto se agotaba y obligaba a introducir una trama de acción sin ninguna conexión con el planteamiento original, en parte por conseguir que el público masculino acudiese a lo que podía confundirse como una chick flick.

Extrañamente, un autor tan respetado entre la vanguardia como es John Ford (y alguna vez habría que estudiar esta contradicción tan común en las artes, de la admiración de los modernos por autores antiguos, que seguramente habría sorprendido a estos últimos) había realizado en los cincuenta una cinta casi clavada a la anterior, Three Godfathers, donde la comedia surgía de la oposición entre tres curtidos forajidos con el hallazgo de una criatura abandonada, pero donde este tono ligero era simplemente un intermedio entre el drama y la tragedia con que se abría y cerraba la película. Una película que sólo se salva por el habitual firme pulso narrativo (y el ojo no menos certero) de Ford, pero que retomaba el trío de buenos bandidos de su cine mudo, representados por la magistral Three Bad Men.

Pero volviendo a Kon y a su Tokyo Godfathers, no debía haberme preocupado. El director japonés tiene claramente en la memoria los ejemplos anteriores, sabe que el espectador conoce, directa o indirectamente los modelos, y que por tanto espera que la historia evolucione en una dirección muy precisa. De esta manera, a pesar del fondo dramático en el que se inicia la historia, la del trío de vagabundos olvidados por la sociedad, se comienza en un tono de comedia, de manera que ambos modos, el dramático y el cómico se irán alternando a lo largo de la cinta, dotándola de un ritmo vivo que impide que se estanque a medio camino, como sería de esperar agotada la premisa inicial.

Una premisa que se revela como un auténtico McGuffin, señalando la ironía con que Kon transmite la historia contada al espectador moderno y, sobre todo, su intención de quebrar nuestras suposiciones sobre el desarrollo de la narración. La broma típica, el como ocuparse del bebé es eliminada desde el primer instante, dado que uno de los protagonistas había sido padre antes de caer en la mendicidad, y pronto la figura del bebé se desvanece casi por completo, habiendo sido únicamente el desencadenante de la dinámica que se establece entre los protagonistas, llevándoles a salir de la atonía en la que habían caido, de forma que el viaje de búsqueda de la madre del niño, se convierte en una búsqueda personal de los protagonistas, o mejor dicho de recuperación de los perdidos.

Una travesía a través de un Tokyo cubierto por la nieve, donde Kon evita cualquier caída en la sensiblería, mediante el uso del absurdo, la inserción repentina de sucesos que desbaratan el curso de la narración y que a su vez se revelaran como callejones sin salida, rompiendo como digo nuestras expectivas sobre el desarrollo, y donde nunca se pierde de vista el aire de comedia, a pesar de la dureza de la situación descrita.

Un viaje, como digo trufado de equivocos, casualidad y absurdos, que culminará en una serie de falsos finales y deus ex machina, que constituyen la broma final de un divertimento de tan alto nivel como este.

2 comentarios:

David Jack dijo...

obra total... esta pelicula me encanta

David Flórez dijo...

Ya te digo, yo me he llevado una de las grandes sorpresas de mi vida...