sábado, 20 de febrero de 2010

The Web



Entre lo mejor de este invierno de anime se encuentra Durarara! (Drrr! por reproducir la onomatopeya de una motocicleta acelerando), lo cual es decir mucho y poco, ya que puede ser la única serie aprovechable de este invierno aunque en otras temporadas más ricas en aciertos, también habría sido de las notables.

Esta calidad de la serie no es inesperada, ya que sus creadores son los que nos obsequiaron con otra serie notable y francamente original, Baccano!, hace un par de años... y cuando hablo de mismo equipo creador me refiero a que no sólo repite el estudio (Brain Base), sino los guionistas, directores y animadores, e incluso el material de partida de la adaptación, una serie de novelas populares, en ambos casos hayan sido escritas por la misma persona.

Toda esta serie de coincidencias consigue que Baccano! y Durarara! tengan una fuerte aire de familia, casi de series hermanas, reforzada por el hecho de que su aproximación formal es casi la misma. En ambos casos tenemos una única situación y en la que confluye un amplísimo reparto de personajes, perfectamente caracterizados y singularizados, y en ambos casos el método de narración no es lineal, sino que cada capítulo es narrado por uno de los personajes, de manera que se nos muestra esa misma situación desde diferentes puntos de vista, creando múltiples versiones del mismo hecho en las cuales aparecen diferentes detalles, se ocultan otros o, simplemente se interpretan de diferente manera.

Una manera de contar que presupone una postura muy infrecuente hoy en día, la del respeto por el espectador, ya que se supone que éste será lo bastante inteligente para poder reconstituir el puzzle, cosiendo mentalmente los diferentes retales en que se ha dividido la historia. Por supuesto, cuando esto se hace bien y no se ponen trampas a lo largo de narración (por ejemplo, contradecir lo ya dicho, modificar el carácter de los personajes o simplemente inventarse nuevos datos no anunciados para sacar la narración de un callejón sin salida) se tiene el éxito ya asegurado, ya que a los espectadores les gusta, aunque parezca increíble, que se les trate como seres pensantes y que se incité y provoqué a sus cerebros, evitando ofrecerles las historias de siempre previamente masticadas.

Podría pensarse que, en cierta manera, eso es lo que hace Durarara!, repetir lo mismo que hizo Baccano!m buscando capitalizar el éxito anterior, pero estaríamos muy equivocados. Si en la primera serie, el mundo descrito era una América ficticia en la época de la depresión, que daba juego a todo tipo de excesos y exageraciones, dada la lejanía de ese tiempo, en este caso, la serie se mueve en el aquí y ahora, de manera que el espectador puede ver reflejada en imágenes su experiencia cotidiana, aunque ciertamente distorsionada.

¿Y cuál es esa experiencia cotidiana, cabe la pregunta? Simplemente la certeza que tenemos todos de vivir en dos mundos distintos, uno perfectamente reglamentado y compartimentado, semejante a una máquina bien engrasada y que nunca se detiene, mientras que existe otro en el que todas esas reglas se desvanecen y las jerarquías sociales se desvanecen para ser substituidas por las antiquísimas leyes del prestigio y la fama dentro de la tribu y el grupo.

Dos mundos separados por barreras infranqueables, pero que nosotros, al igual que los fantasmas de las leyendas, podemos franquear y de hecho franqueamos sin ningún problema, adoptando papeles completamente distintos en cada uno de ellos y guardando la sospecha de que el mundo real, el auténtico, el que realmente decide la marcha de este mundo, es ese mundo secreto, oculto entre las sombras, y no el público y oficial que brilla a la luz del día.

Les dejo con el OP, para abrirles el apetito