sábado, 6 de febrero de 2010

Lacking and Wanting (y IV)


Continuo con mis reflexiones sobre Aoi Bungaku y le llega el turno a los dos episodios dedicados a Hashire Melos, obra de teatro escrita por el mismo autor de Ningen Shikaku, adaptada en los cuatro primeros episodios de esta serie.

La obra original, es en si misma una adaptación, la de la leyenda recogida por Plutarco sobre el filósofo que intentó asesinar al tirano siciliano Dionisio, y que, tras su fracaso, pidió poder asistir a la boda de su hermana antes de ser ejecutado. Un favor que le fue concedido siempre y cuando dejará un rehén en su lugar, el cual moriría si no se presentaba en un plazo determinado, Por si acaso no lo sospechábamos, Plutarco nos señala como todo esto no era más que un juego cruel por parte de Dionisio, para demostrar que la amistad no existía y que el condenado o bien no encontraría alguien que ocupara su puesto, o bien huiría, traicionando a la persona que había ocupado su puesto.

Para la sorpresa de Dionisio, ambas condiciones se cumplieron, puesto que el filósofo encontró un amigo íntimo que consintió en aceptar ser ajusticiado en su lugar, y la ejecución nunca tuvo lugar, puesto que el filósofo volvió a tiempo. Una derrota que Dionisio aceptó con sentido del humor, puesto que ordenó dejar en libertad a ambos, al considerar que no tales monstruos de virtud no podían ser enteramente humanos.

Curiosamente, ese tema legendario de la doble espera, la de aquel que aguarda el retorno de otro, y la del que intenta volver por todos sus medios para cumplir una promesa, tuvo su reflejo en la propia vida del autor, que pasó largos días en una posada, esperando a que un amigo suyo volviera para pagar la deuda que habían contraído con los propietarios. Una anécdota que, se dice, motivó la escritura de esta nueva adaptación de una leyenda antiquísima e incluso ajena a las tradiciones culturales del autor.

Nuevamente, los creadores de esta serie consiguen romper el formato acostumbrado de la adaptación literaria e insuflar vida en lo que podría haberse convertido en una mera ilustración de la obra teatral, incorporando a la historia contada por el autor la anécdota relatada sobre su concepción.

Así, en un giro realmente original, el hilo conductor de ambos capítulos no es la la antigua leyenda, sino la escritura de la obra, el largo proceso creativo, con sus titubeos, sus bloqueos, sus callejones sin salida, de manera que sintamos los mismos dolores de parto que debió sufrir el escrito, a la que se superpone una representación de la obra completa, donde se intentan transmitir las mismas sensaciones del espectador teatral, reproduciendo esa forma de actuar sobre el escenario que tan ridícula resultaría en el cine, junto con la iluminación y los sonidos que acompañarían a la puesta en escena.

Una apuesta arriesgada y muy poco frecuente, no ya en el anime, sino en el propio cine, a la que se añaden dos saltos mortales, por una parte, a los dos hilos citados, el de la composición y el de la representación, se añade el de la historia personal que llevó a la composición de la obra, unos hilos que no permanecen aislado, sino que ven como se derrumban sus fronteras, de manera que lo que ocurre en la representación afecta al proceso creativo del escritor, con este llegando a intervenir en lo que suponemos es la première de la obra y, por supuesto, con los sucesos del pasado mezclándose y condicionando los dos hilos anteriores.


Una resultado final, por tanto, que no se puede calificar de otra manera que magistral, y que desgraciadamente no será visto por casi nadie, menos por aquéllos que, supuestamente, dictan el gusto y conducen a los aficionados.

Nota a los escasos lectores de este blog: Lamento no poder dedicar mucho tiempo al anime últimamente, mis obligaciones e intereses me roban más tiempo del que quisiera y, por otra parte, la calidad de las últimas producciones se ha resentido bastante, tanto por la crisis como por la preferencia de los otakus por el complejo moe/Kawai.