sábado, 19 de septiembre de 2009

Cultural Exceptions


Las esculturas de Ife, en la actual Nigeria, datadas entre los siglos X y XV, son una excepción, pero entiéndase bien lo que digo, son una excepción en el contexto africano, puesto que desde una visión europea del arte son extrañamente cercanas y familiares, en más de un sentido.

Como bien es sabido, la escultura africana, como la de la mayoría de las culturas es fuertemente expresionista, alejándose tanto de cualquier intento de realismo que termina por ser casi abstracta. Más aún, esa escultura es una forma de arte popular, un arte no de las elites, creado para ser degustado y entendido por unos pocos, en unos lugares convertidos en auténticos santuarios, sino que es un arte que se destina a la comunidad, a ser objeto de utilización en las ceremonias colectivas, disfrutado y utilizado por todo y, casi, creado por cualquiera de los miembros de la sociedad.

Por ello, una vez superado el shock que el arte africano produjo en la cultura europea de principios del XX, ese abismo que separaba a un arte elitista/naturalista de un arte casi-abstracto/colectivo, y que aún hoy sigue actuando sobre nuestras percepciones, existe un segundo aftershock, el de encontrarse, como digo, la excepción que supone un arte como el de Ife, eminentemente naturalista, esforzado en representar al ser humano de una manera exacta y personal, puesto que cada una de las esculturas Ifé es un auténtico retrato, que a pesar de remitir siempre a unos rasgos ideales, permite distinguir a un individuo de otro, hacernos suponer que estamos viendo el rostro de un ser humano real, muerto hace siglos.

Un estilo que, como digo, al espectador occidental le resulta tremendamente familiar, ya que estos retratos, de los reyes y reinas, los altos funcionarios y la corte de Ife, recuerdan a la escultura imperial romana, es más, prácticamente obedecen a los mismos mecanismos políticos, la necesidad imperiosa de realizar una propaganda del poder político hacia los gobernados, una acción que se realiza en un doble sentido : por una parte, presentando a un gobernante ideal, divino, que se encuentra por encima de los seres humanos corrientes y que se halla libre de sus pasiones y defectos, por otra parte, aunque pueda parecer contradictorio, plasmando a los representantes de este poder, con rasgos más que humanos, de manera que parezcan cercanos y accesibles a los gobernados, atentos a sus peticiones y necesidades,

Lo cual da lugar, por tanto a un arte realista, ordenado por las elites y creado por una casta de artesanos especializados, y que ya no está dirigida al común de las gentes, excepto en su vertiente propagandística.

Una coincidencia estética e histórica que, por supuesto, no se debe a ningún fenómeno de transmisión/contaminación cultural. Cuando la cultura Ife florece, hace ya siglos que el imperio romano es historia olvidada y las orillas africanas del Mediterráneo, destino de las caravanas que desde el Níger cruzan el desierto del Sahara, está en manos de una cultura anicónica, el Islám que rehuye la representación del ser humano y del mundo que le rodea. Simplemente, como no podía ser de otra manera, estas esculturas, tan cercanas y familiares, podrían considerarse como un ejemplo más de la igualdad de todos los seres humanos, del hecho de que constituimos una única raza, que comparte unas mismas estructuras cerebrales y que, enfrentados a situaciones similares tiende a dar soluciones similares.


Y todo esto puede contemplarse en una de las exposiciones más interesantes de la temporada que ahora empieza en Madrid. Se trata de Dinastía y Divinidad, abierta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, una de esas exposiciones que no recibirá publicidad alguna, de hecho ni siquiera está en la cartelera de los periódicos que dicen ser defensores de la cultura y el arte, pero que, para mí es de las que uno no se debe perder por ninguna razón.

3 comentarios:

AstroGuaje dijo...

Un blog super interesante¡¡¡

Lucie G dijo...

Acabo de ver esta exposición y me encantó!
Saudos

David Flórez dijo...

La exposición es excepcional, de esas que no se volverán a ver...