viernes, 3 de octubre de 2008

Irrationality

El rito más curioso de las Tesmoforias (octubre) tiene lugar el primer día y establece, como las pianopsias, la transición con los ritos de verano. Mujeres, a las que se llamaba las Extractoras, iban a buscar los restos putrefactos de las ofrendas (lechones, pasteles) que cuatro meses antes, en la fiesta llamada Skiroforias, habían sido arrojadas a las Megara, unas anfractuosidades subterráneas. Estos restos, que se habían cargado de un poder vivificante en contacto con la tierra, se mezclaban entonces con la semilla y se dispersaban por los campos para renovar su fuerza generadora...

...La atmósfera lúgubre destacaba aún más claramente al tercer día, el de las Marmitas (dentro de las Antesterias en Febrero). Aquel día, una panespermia, cocida en las marmitas, era derramada en una grieta natural para el Hermes funerario, en recuerdo de los muertos del diluvio. Luego por la tarde se gritaba, "¡Fuera de aquí, keres! ¡Las antesterias han acabado!"... los keres son los genios infernales que se llevaban las almas de los muertos...

...La Familia de los Anthides (hablando de las constumbres de Arcadia) celebraba periódicamente, en el santuario de Zeus Liceo, un banquete en el que se servía a los invitados carne de niño mezclada con los demás alimentos. Aquél que probaba la carne humana se creía que se transformaba en un hombre-lobo. Se despojaba de sus vestidos, atravesaba un estanque que simbolizaba su tránsito a un más allá sobrenatural y vivía nueve años en las montañas como un lobo. Al décimo año volvía a pasar el estanque en sentido inverso y se convertía de nuevo en hombre, revestido sin duda de un nuevo poder...

La Religión Griega, Historia de las Religiones siglo XXI, Tomo II


Normalmente, cuando pensamos en el mundo griego y romano, la idea que nos viene a la cabeza es la de orden y racionalidad, encarnada en la filosofía y el arte griego, la ley y el ejército romano, aspectos de esa civilización que por su pervivencia en la actualidad hacen que nos sintamos más cerca de esas gentes de lo que realmente estamos.

Es cuando empezamos a rascar en lo que sabemos, y especialmente cuando nos alejamos de la élite culta que escribió la literatura grecolatina que aún leemos, y de los centros de poder que habitaban, que nos damos cuenta por una parte de lo poco que sabemos, y por otra parte, como esa supuesta racionalidad que atribuimos a ese tiempo, era casi desconocida para el común de la población, cuya vida giraba en torno a la religión y los ritos que esta exigía, unos ritos que a nosotros nos parecen absurdos e incompresibles, vacíos de cualquier significado o explicación, pero que para ellos eran esenciales, una actividad que explicaba la vida y sin la cual ésta no tendría ningún significado.

Un aspecto éste, el de la diferencia de visiones, la nuestra y la suya, que nunca debe menospreciarse. Nosotros, cuando leemos de constumbres como las que he citado, sentimos extrañeza, la cual procuramos conjurar apelando a reminiscencia de antiguas constumbres, procedentes de estados de civilización menos sofisticados (por evitar las connotaciones negativas palabra avanzado). Una visión desdeñosa y, en cierta manera, teñida de temor, que es un reflejo de las opiniones de la élite culta de la época dorada griega y romana, que había creado su propia filosofía para gobernar, regular y justificar el curso de su vida. Sin embargo, para el creyente normal, estas manifestaciones no tenían nada de antigüedad, de pretérito, de farsa. Esos ritos, como digo, eran completamente actuales, reales y efectivos y constituían el requisito de la existencia.

Una actualidad y una constante influencia que se dejan traslucir en las citas y las ausencias de los propios cristianos. En las cita, por ejemplo, de los hechos de los Apostoles, cuando se nos narra como una multitud enfurecida expulsa a Pablo de Éfeso, temerosa de que pueda dañar el culto de la Artemisa local. En los silencios, puesto que el hecho que nos han enseñado a ver como único, demostración de una religión por su propio absurdo, la muerte y resurrección de un Dios, no lo era para los antiguos, aconstumbrados a que sus divinidades muriesen y resucitasen, como era el caso de Osiris, Adonis o Proserpina, para mantener el orden natural.

Con esto llegamos al núcleo central de lo que quería decir. Nosotros, la civilización occidental moderna, explicamos el mundo en términos científicos, técnicos, racionales y lógicos, rechazando todo lo que no se ajuste a estas características. Una característica de nuestro desarrollo que nos hace conectar y sentirnos próximos a los que las élites de una civilización pasada construyeron y pensaron, pero que, empieza a perderse, se deshace inevitablemente, a medida que profundizamos en el conocimiento de nuestros predecesores y reconocemos cuan fundamentado estaba su modo de vida en lo que nosotros llamaríamos irracionalidad.

El problema, en fin, se reduce simplemente a no hablar el mismo lenguaje, nosotros, en nuestro mundo de hoy, no damos ninguna importancia a esas manifestaciones irracionales mientras que para ellos constituían la base de su mundo y de su existencia. Es más, podría decirse de todas las religiones que cuanto más irracional es el dogma más duramente se luchará por mantenerlo, quizás por el temor a descubrir su falsedad y la vergüenza posterior por haber creído en fantasías, algo que podría explicar el celo, el fanatismo y la intransigencia contra su antigua religión que suelen exhibir los conversos, y en general los que cambian un ídolo por otro, sin reparar en que todos son iguales.

Una disonancia lingüística, la oposición racionalidad/irracionalidad que nos hace, a nosotros la sociedad laica en que vivimos, especialmente débiles a la hora de debatir con los proponentes de cualquier religión, ya que no nos damos cuenta de que por muchos argumentos en contra que se aporten ninguno podrá derribar su creencia, más bien al contrario, la reafirmara.

Algo que está en la raíz del desencuentro entre Occidente Moderno e Islám, y que no estaba presente en el enfrentamiento entre Cristiandad e Islám, ya que aunque ambas civilizaciones propusieran diferentes sistemas religiosos, la frame of mind de los creyentes era esencialmente la misma y, en cierta manera, podían comprenderse el uno al otro, mientras que ése terreno neutral no existe entre el Occidente Laíco y el Islam... o el Cristianismo, por ser más concretos.