jueves, 9 de octubre de 2008

...yet More (and Improved) Scenery Porn... and some Abstraction







Este año está siendo el de los formatos diferentes en el caso del anime, en el sentido de romper la cadena de distribución TV/DVD que era la habitual hasta ahora. En concreto han aparecido ONAs, es decir animación que se transmiten vía la red, por descarga directa y gratuita, como es el caso de CandyBoy o Eve no Jikan, o otras que hacen que hay que comprar para tener el derecho a descargarlas, como ocurrió con Druaga no To, Uruk no Aegis (de la cual debería decir algo algún día) o se destinan a los usuarios de consolas de juegos, como es el caso de Xam'd, que sólo puede ser adquirida, descargada y reproducida por los propietarios de una PSP u otras consolas de Sony.

Y por último tenemos el caso de Kara no Kyoukai, una serie de siete largometrajes de una hora de animación, destinados a ser estrenados en las salas de cine, que funcionan como capítulos de una misma historia. Una serie con la que me ha ocurrido un efecto bastante común en mi experiencia de espectador de anime, el descubrir los auténticos tesoros de la temporada a toro pasado, seguido por la desagrable impresión de haber consumido el tiempo en ver banalidades, dejando a lado lo realmente importante... como me ha ocurrido al toparme con esta serie de películas.

Por supuesto, lo primero que se nota es el presupuesto. Ufotable, un estudio de poca producción, muy irregular, pero con algunas producciones de altísima calidad (baste recordar la excelente serie Manabi Straight de la temporada pasada), ha contado para esta ocasión con el presupuesto de una producción cinematográfica y eso se nota. En primer lugar, como muestran las capturas, en haber creado un mundo de una fidelidad hiperrealista (más real por tanto que la propia realidad) pero que al mismo tiempo, evita la rigidez de la fotografía, al mantener siempre ese aspecto, tan importante para mí, de cosa dibujada, de extraordinario y desusado, de forzado y desplazado, que nos impide confundirlo con la real reality, y que consigue a cambio momentos de belleza inesperada y casi inencontrable.

Una belleza plástica fuera de lo corriente que, en ocasiones, podría decirse que trabaja en contra de la propia producción, al distraer de lo que se está contando y que a mí en varias ocasiones me ha producido el agrabable y turbador efecto de la gran música, cuando uno se sumerge en la música, se pierde en sus divagaciones, y llega a olvidar las propias notas que oye, para despertar al rato habiendo perdido el hilo y sin saber de qué iba la cosa.

la segunda gran virtud, ésa que no se puede apreciar con las capturas, es que el alto presupuesto permite que cada una de las películas capítulos disfrute de eso tan raro en la animación japonesa, el estar completamente animada, y por tanto observar movimientos fluidos de los personajes e interpretaciones naturalistas, sin casi utilizar los trucos habituales para abaratar la producción... y sin que el exceso de dinero les haga caer en ese defecto tan propio de la animación occidental en general y la 3D en particular, el convertir a los personajes en sacos de nervios, capaces sólo de movimientos alocados.

Por supuesto, estas dos características, el hiperrealismo, algo que parece ser una constante en esta última hornada de animes, al menos los que se pretenden serios, y la fluidez en la animación, podrían simplemente haber dado origen a un producto brillante pero completamente prescindible, como fue el caso de la huevo huero que puso Gonzo con Giniro no Kami no Agito, una película de esplendida factura técnica y visual, pero sin ningún sentido, ni siguiera el de ejercicio/experimento de estilo. Sin embargo, al contrario de ésta, Kara no Kyoukai, cuenta en primer lugar con una marca/virtud, podríamos decir, de la casa. En efecto, algo corriente en Ufotable, es encargar cada capítulo de una serie a un director distinto, con libertad suficiente para rodarla a su manera. Esto hacia que cada capítulo de Manabi Straight por ejemplo, fuera distinto a los demás, tanto en su tempo interno como en la manera en que cada director elegía animar a los personajes, pero que, contra todo pronóstico, conseguía mantener una unidad en toda la historia, de forma que veíamos cambiar y madurar a los protagonistas, en función de las experiencias que vivían.

Esta curiosa manera de descomponer uniendo o unir descomponiendo, se ha mantenido en Kara no Kyoukai, puesto que cada película ha sido encargada a un director diferente, y la unidad aparentemente se ha conseguido mantener, puesto que el material de partida es una serie de novelas del mismo nombre, con lo que aparentemente hay una historia con su principio y fin, y unos personajes con una evolución fija y determinada que hay que respetar.

Aparentemente.

No es una palabra que haya dicho a la ligera o con animo peyorativo. He dicho aparentemente, porque la historia que cuentan las novelas en Kara no Kyoukai se narra fragmentariamente, a la manera de una vidriera que hubiera caído al suelo y se hubiera hecho añicos. Cada novela, cada película, narra una historia autocontenida, pero se ordenan en la secuencia equivocada, de manera que los sucesos de la primera novela son posteriores a la los de la segunda, sin que en la primera se nos explique nada de lo que se supone conocido por la segunda, la que realmente antecede. De esta manera es labor del lector o del espectador, extraer las referencias, las conexiones que le permitan reconstruir la secuencia, la razón de lo que está viendo. Una tarea asímismo muy difícil para el director/escritor que debe dar los indicaciones justas para que el lector/espectador pueda montar todo el tinglado, sin romper esa regla de no contar lo ya contado, y por supuesto, sin perderlo en una confusión ininteligible.

Una tarea que, por ahora, Kara no Kyoukai está cumpliendo con nota... y consiguiendo que este aficionado que ha visto ya demasiado, se emocione como en los primeros tiempos.



Hasta aquí entonces el Scenery Porn, esa corriente que parece ser el mainstream de las producciones animadas actuales, simplemente porque la introducción del ordenador en el proceso de producción de la animación les permite incluir detalles que hasta ahora eran inimaginables con las técnicas clásicas... a menos que se contase con tiempo y dinero ilimitado.

Sin embargo, hay otros estudios que continúan poniendo el énfasis en la estilización, en la abstracción y en el concepto, como es el caso del, tantas veces citado, estudio Shaft y su cabeza pensante Shinbou Akiyuki, que en este otoño que empieza se ha descolgado con un magnifico intro (el de Ef- A tale of melodies) que hace esperar una serie no menos brillante (por las características opuestas a Ufotable y Kara no Kyoukai), y que adjunto aquí a continuación




Y para que no quede duda de lo importantes que son Shaft y Shinbou, nada mejor que compararlo con el intro que KyoAni ha realizado para la segunda temporada de Clannad, un brillante ejercicio en dar más de lo mismo y no moverse del sitio.