miércoles, 14 de mayo de 2008

Going on a roll




He querido comenzar el comentario de Abenobashi Mahoh Shotengai, (una serie de 2002, más conocida como Magical Shopping Arcade Abenobashi o simplemente Abenobashi que he estado revisando últimamente) por la simplicidad de medios con que se nos describe un momento decisivo en la vida de uno de los protagonistas, concretamente como descubre, a través de los objetos cotidianos, algo que sospechaba, pero que se negaba a creer...

Y también he querido comenzarla así, porque ése debe ser uno de los escasos tres o cuatro momentos serios de toda la serie, valga la aliteración, ya que ésta se caracteriza por ser quizás lo más parecido a la producción de la Warner que haya producido la animación japonesa en su historia (con algunas que otra excepción), como demuestra la coña que se hace en el episodio 10 de los cuentos de hadas (que gente como Tex Avery o Bob Camplett hubiera firmado) demostrando que la princesas no necesitan ni príncipes ni hada(o)s madrina(o)s






aderezada con una de las animaciones de mayor calidad que se haya visto en la televisión.

Una serie a la que muchos de los aficionados miran con cierto desdén, clasificándola de fan Service, es decir de hamburguesas para las masas, algo que sólo sirve para adular el (mal) gusto del común de las gestes, sin darse cuenta de que ésta fue quizás la última gran producción del estudio Gainax, hasta salir de un profundo bache estético y creativo con la recientísima Tengen Toppa Gurren Lagan.

Y si algo que define a Gainax en lo mejor de su producción (piénsese en Otaku no Video, Honneamise no Tsubasa, de la que hablaré próximamente, Evangelion, KareKano, FLCL o las ya citadas) es su afán por animar hasta la perfección, entendiendo esta perfección como el movimiento justo y el detalle apropiado, su gusto por la experimentación, o mejor dicho la exploración de las posibilidades del medio, su afición por la parodia bien temperada, es decir, no aquella que imita el objeto del que se quiere reír, sino la que sabe dar un paso más e independizarse del objeto parodiado, o la afición por la broma y el comentario postmoderno, alejado de toda seriedad, sobre lo que está mostrándose en la pantalla... características que, como ya indicaba anteriormente, son precisamente las de la Warner de la época dorada.

De esta manera, una serie como Abenobashi se convierte en un auténtico placer para los ojos... y para el cerebro que de vez en cuando necesita relajarse con placeres que no sean culpables, al admirar una admiración casi sin tacha, de esas que ya quisieran tener muchas series de ahora, y una animación, sobre todo, que no se limita a reproducir la realidad, sino que como digo, no tiene miedo a la deformación, la distorsión y la exageración, es decir, que sabe crear chistes puramente visuales y no literarios.

Porque de los otros, no menos aburridos, hay para aburrir, ya que la premisa argumental, la de los dos adolescente que van saltando de un mundo a otro en busca del suyo, o mejor dicho tratando de encontrar la versión correcta de su mundo de partida, sirve para reírse de todos aquellos hobbies inútiles (películas, series, juegos, etc, etc) en los que muchos hemos malgastado nuestra juventud....y que llenan hasta el desbordamiento la cabeza del protagonista,

Desde la reconstrucción casi perfecta de los mitos del cine negro, que luego son reventados una y otra vez.


...la recreaciones pop de la prehistoria, donde queda claro que lo que realmente se buscaba al visitarlas era la satisfacción de esa pulsión tan antigua y tan irresistible...





... o las versiones pop de la ciencia ficción, que redundan nuevamente en lo mismo...





...aunque quizás el culmen del absurdo y del descacharramiento sea el capítulo 11, en el que el mundo elegido es una composición de todas las películas, buenas y malas, que uno haya podido ver en la vida...



...que por alguna extraña razón nuevamente acaban todas tratando de lo mismo...