viernes, 30 de mayo de 2008

Fanarts/Intolerance/Lost forever

El pasado fin de semana he visitado por fin la nueva sede de La Caixa en Madrid, tras el largo hiato en sus exposiciones, de más de dos años, que su construcción había supuesto y debo decir que he sentido una cierta nostalgia por su antigua ubicación, que se había convertido en una parada obligada en mis viernes culturales, ya desde el año 1983 y la exposición La mujer en el antiguo Egipto. Una sede, la antigua, que al contrario que la nueva, bigger than life y animada de un cierto racionalismo cartesiano, que tiende a aplastar al visitante y a hacerlo pequeño, era de salas pequeña y trazado laberíntica, con las escaleras de acceso al piso superior escondidas a la vista y que muchos no encontraban, y una pasarela que conectaba las dos alas superiores. Un espacio, como digo, exiguo y angosto, pero que colocaba las obras de arte en contacto casi directo, familiar con el público, impidiendo que este pudiera apartarse de ellas, el efecto contrario de la monumentalidad fría y casi pomposa de la nueva sede, un envoltorio magnífico casi más importante artísticamente que las obras que pueda albergar, o que como poco las pone en situación de desventaja, como ocurre con el museo Gugenheim de Bilbao.

Una, posiblemente falsa, apreciación negativa, la de quien va a visitar algo largamente anunciado o esperado, y se encuentra que no era para tanto, pero que seguro en unos meses, y con la llegada de exposiciones/platos fuertes, esas magníficas muestras que organizaba la Caixa, se me pasaré, y podré apreciar la sede en su justa medida valor.

Y hablo de exposiciones/platos fuertes, porque las que han servido de apertura han desmerecido un tanto el bombo y platillo de esta reapertua, ya que cuando visitaba la muestra del Pintor/Ilustador/Publicista Mucha...


...no pude reprimir la risa, algo que bien pudiera haberme causado ser nombrado persona non grata en la fundación, ya que los diseños de Mucha eran clavados a los fanarts de ciertos contenidos audiovisuales que me complazco en ver...


...algo que no sé ahora mismo si constituye un elogio o una crítica (al menos servirá de publicidad de este blog, como google bien demuestra).

No obstante, el día no se echo a perder. En la librería de la fundación encontré el catálogo de una de las pocas muestras de la Caixa que no llegaron a Madrid, y que yo tenía mucha ilusión por ver, aunque fuera de forma indirecta, via el catálogo.

Se trata de la muestra Afganistán una historia Milenaria, una región y un tiempo, que antes que los demonios del fanatismo religioso, la geopolítica, el fanatismo y la guerra la trajeran al primer plano informativo, era de especial importancia para los estudiosos de la historia. Allí, en medio de Asia, en la via natural que une a la India con Oriente Próximo, Asia Central y China, habían pervivido, tras la expedición de Alejandro, reinos helénicos hasta el siglo I de nuestra era, y su influencia había sido tan grande que el nombre del conquistador macedonio no es recordado por la tradición hindú, pero sí el de uno de esos reyes grecohelénicos, Menandro, por sus diálogos y debates con los monjes budistas.

Un tiempo y un lugar donde se produjo uno de los sincretismos y metamórmofosis más asombrasas de la historia, tanto bajo esos gobernantes grecohindios, como sus sucesores Kushanos, en el que los santos y personas sagradas de una religión, la budista, fueron representados bajo las formas de la escultura helénistica, perfectamente reconocible para cualquier occidental, pero de significado e intencionalidad completamente distinto, como muestra este Boddishatva, tallado como si fuera Heracles.



Una forma artística nueva que, a través de la ruta de la seda, se transmitiría hasta China y al Japón, fertilizando todo el continente. Más importante aún, porque sería también en esas tierras de Afganistan, donde el Budismo Teravada (o Hinayana si tomamos el término despectivo), donde el nirvana sólo puede alcanzarse de una forma personal y solitaria, sin ayuda de nadie, se transformaría durante el dominio Kushano en el Budismo Mahayana, con su legión Boddhishatvas, empeñados en la salvación de la humanidad y en conseguir con su acción y su ejemplo, que el Nirvana pudiera ser alcanzado por todos.

Una nueva religión, envuelta en una nueva forma artística que se extendería desde su lugar de origen los valles del Hindu Kush, hasta los más remotos confines del mundo, China, Mongolia, Tibet y Japón, y que tras las conquistas musulmanas del siglo VII (y la expansión hacia la India del siglo X) desaparecería en su tierra de origen sin dejar otro rastro que los restos arqueológicos, pinturas desvaídas, santuarios derrocados, estatuas rotas, que luego serían amorosamente rescatadas del olvido por esos héroes modernos que son los arqueólogos, restauradas y vueltas a traer a la vida, a la admiración de los ojos modernos...

...para, repentinamente, "gracias" al fanatismo y la ignorancia desaparecer para siempre y dejarnos huérfanos...


El 26 de febrero de 2001 el jefe supremo de los talibán, el Mullah Omar, decretó la destrucción de todas las estatuas existentes en Afganistán. La orden del lider político y religioso perseguía borrar toda huella de las idolatrías que, a lo largo de una historia milenaria, habían precedido el advenimiento del Islam.
A principios de este año (2001) concebimos la idea de organizar la exposición "Afganistan, una historia milenaria" pocos días antes de que, efectivamente, se consumara la destrucción de las estatuas de Bamiyán, las imágenes de Buda, más grandes que existían en el mundo... Simultáneamente, decenas de ídolos de piedra y madera estaban siendo destruidos en los emplazamientos históricos de Herat, Ghazni y Nanhagar. Las colecciones del Museo de Kabul también estaban siendo sistemáticamente destruidas.

Luis Monreal (en el catálogo de la exposición Afganistán una historia milenaria)

Leer estás líneas, ahora en el 2008, resulta estremecedor, especialmente porque fueron escritas en el 2001, antes de que el 11-S, la irrupción de Al-Quaeda y del islamismo radical en la escena mundial, y la intervención armada de los Estados Unidos en Afganistan e Irak, provocasen un terremoto político e ideológico de consecuencias aún incalculables, un periodo de confusión del que aún no vemos el final.

Un tiempo, en fin, en el que a pesar de la evidente estupidez e ignorancia de la administración Bush, que ha hipotecado, como digo, el futuro de este planeta por bastantes decenios junto con el poco crédito que aún pudiera quedarle a la civilización occidental, hay muchos autoproclamados defensores de la libertada y de la pluralidad de culturas que han olvidado que los Taliban y su régimen eran un régimen totalitario, que pretendía imponer una única visión del mundo y de la historia y que, en al estilo de 1984, quiso borrar el pasado para que no hubiese refutaciones a su presente.

Una destrucción del pasado, que no sólo se limitó a los restos de otras culturas y religiones, sino que se aplicicó también a los aspectos de su propia cultura que no correspondían a su visión restringida e ignorante. Ya que en ese mismo Afganistán, en el siglo XV, surgió una cultura cortesana y refinada, cuyo mejor ejemplo sería Babur, príncipe de Samarcanda, rey de Kabul y emperador de Dehli. Unas gentes profundamente musulmanes, creyentes piadosísimos, pero amantes, al mismo tiempo (como los musulmanes de Córdoba), de los placeres de la vida, de la belleza, de la poesía, de la música y de la pintura, que cultivaban, incluso los reyes guerreros de esa época, hasta dominarla como los grandes maestros y, como en el Renacimiento occidental, buscando que la misma poesía pudiera servir, al mismo tiempo, para lo sagrado y para lo profano.

Algo que las mentes ignorantes y estrechas de los Taliban no podían concebir, y que este pasaje del catálogo demuestra claramente

...Ante el monumento, el artista se hizo esculpir el mismo, bajo la forma de una pequeña escultura de mármol; adoptando, no obstante, el aspecto sorprendente de un perro tendido humildemente ante el umbral de la gran portalada.

Esta mpodestia tenía un sentido místico. El artista había querido, en efecto, recordar al animal mencionado en la sura XVIII del Corán, La Caverna, "Y su perro extendió en el umbral las dos patas delanteras". Según la intención del arquitecto, el santuario de Gazurgah tenía que significar a partir de entonces la Caverna sagrada Coránica: allí donde duermen los Siete Sabios, como todas las almas bendecidas, a la espera del juicio final, dentro de la luz negra de la ocultación divina, mientras su perro fiel, símbolo del alma carnal, yaciendo en el umbral anuncia la transformación de nuestros corazones por la humildad, para pasar de este bajo mundo al otro. Si bien el perro es un animal impuro en la percepción islámica ordinaria, éste que duerme ante la caverna, según una glosa medieval común, será transformado en ser humano, y el umbral que guarda marca, pues, el límite entre la carne y el espíritu, entre este mundo y el más allá. Y es esta lección la que proponía el perro de Gazurgah. Los talibán, cuando destruyeron esta escultura en 1995, pusieron en evidencia, no sólo su obstusa iconoclástia, sino también su ignorancia crónica de la espiritualidad musulmana más tradicional, al destrozar toda la dimensión simbólica del monumento.

Michael Barry

...y no es menos importante que la crítica a la locura destrtuctiva Talibán, no se hace desde una óptica occidental, sino desde una óptica musulmana, demostrando como no son más que unos ignorantes, y como han traicionado, con su fanatismo y con su intolerancia, lo más bello y precioso que hay en esa religión (al igual que cristianos rabiosos como Mel Gibson son lo peor que puede suceder al cristianismo), llegando, en su cadena de prohibiciones absurdas, en la búsqueda de una pureza esterilizadora, a desfigurar lo que otras manos piadosas construyeron y muchos otros creyentes vieron como la prueba viviente de la divinidad...

El árbol de la vida manifiesta el cosmos y la imanencia de Dios dentro de él. En Gazurga, el Árbol de la Vida no desplegaba sólo sus espirales de azul en los azulejos de los muros. En el centro del patio, un tejo por lo menos cinco veces centenario, dado que Bihzad lo había pintado ya hacia 1847 en una ilustración del poema místico La mántica de los pájaros, inclinaba antaño, hasta 1995, sus ramas venerables sobre la tumba del santo; en virtud de aquella imagen mística de Ibn Arabi, según la cual, al apercibir la manifestación divina, "El Árbol del Ser tembló de gozo y todos sus colores y sus ramas se estremecieron" a la espera de "inclinarse hacia Ella con veneración". Los taliban lo talaron.

...Una pureza que llega al extremo de negar (y hemos oído a muchas voces supuestamente cultas y expertas proclamar ese despropósito, como el el caso de Gemma Martín) también la existencia de una pintura musulmana, algo que este otro pasaje desmiente...

Contra las ideas recibidas (o a las elucubraciones recientes de los Talibán) una cierta pintura figurativa siempre ha existido en el Islám - desde el primer califato imperial de Damasco - como una expresión simbólica del poder real, concebido como emanación de la voluntad divina... Fue el califa omeya Abd-al-Malik, a finales del siglo VII, quien desterró las imágenes de los santuarios pero las conservó en el palacio...

..y que un visitante de las sedes imperiales de los Omeyas en Siria/Jordania puede comprobar, al encontrar sobre sus paredes representaciones de la mitología clásica (como el nacimiento de Venus) o del poder del Cálifa (calcadas a las que se pueden admirar en las iglesias de Ravenna). O por retomar el hilo, como las pinturas que se crearon en Herat, en el siglo XV, concebidas como enigma místico y cifra de la divinidad, y que ahora se hayan esparcidas por todo el mundo. Un estilo y una forma que luego fueron continuadas en el Irán y en la India Mogol, de tal belleza que aún asombran

Unas pinturas donde la piedad de sus ejecutores y sus comitentes no vaciló en representar al mismo profeta.


...y que deberían hacer que ciertos debates no tuvieran sentido alguno...