domingo, 25 de mayo de 2008

How to help a neighbourd in need






Estas imágenes pertenecen al corto de animación Piccolo, realizado por Dusan Vukotic, para los estudios Zagreb Films, una productora de animación yugoeslava, que durante cuarenta años (finales de los cincuenta primeros de los 90) se convirtió en una de las referencias ineludibles en el mundo de la animación, a la altura de instituciones como la National Film Board of Canada o los Estudios Soyuz de la extinta URSS.

Una referencia y un ejemplo porque, al igual que los ejemplos citados, esta productora intentó crear animación comercial, es decir, destinada no a una minoría, sino a un público mayoritario, pero sin renunciar en ningún instante a la experimentación o a considerar lo que estaban haciendo como arte con mayúsculas, que no tenía que pedir disculpas o refugiarse en un infantilismo cómodo y protector (o una supuesta "madurez" que no es tal, que sería el extremo opuesto).

Un compromiso que se reflejó en el método de trabajo, completamente opuesto al de cualquier otro estudio comercial, ya que en vez de crear un estilo propio que identificase a la casa, y moverse dentro de unas constantes temáticas, a las cuales tuvieran que adaptarse los creadores, se pretendió dar libertad absoluta a estos, para que planearan y plasmaran sus ideas de acuerdo a sus deseos, sin otra limitación impuesta que la de intentar siempre hacer algo distinto, nuevo y arriesgado, artístico y vangüardista, sin tampoco plegarse a unas teorías estéticas predeterminadas sobre lo noble y lo abyecto en arte, que sería el otro peligro. De esta forma, al revisar la producción de este estudio, como vengo haciendo desde hace unos fines de semana, se lleva uno la agradable sorpresa de que ninguno de los cortos se parece al otro, aunque si se observa un aire de familia.

Un objetivo, el de la libertad absoluta, que por supuesto no está exento de riesgos, como demuestra una buena cantidad de cortos fallidos, pero que a cambio nos ha obsequiado con otra no menos buena cantidad de cortos esplendidos. Unos cortos, y aquí entra el aire de familia, donde se intenta en todo instante jugar, en su acepción más lúdica, con la forma, intentando sorprendernos, reflejar lo imposible, romper el color, la línea y la narración, reducir al mínimo los elementos, o enriquecerlos al máximo, lograr aquello que es imposible fotografiando la realidad, y que sólo la animación puede presentar, hacer moverse ante nuestros ojos.

Todo esto, sin utilizar en una solo instante la palabra (algo que en un estado multilingüistico como el yugoeslavo, era primordial) sino fiándolo todo en el poder de la imagen y de la música, creando auténticos chistes visuales, anticipando lo que nos será mostrado, sugiriendo, deformando, desmontando, jugando en definitiva, con la imagen y sus posibilidades.

Como bien demuestran las capturas con las que he abierto esta entrada, en que la lluvia, representada por segmentos se produce retorciendo las nubes, cual vulgares bayetas, y protegerse de ella, es tan sencillo como cortar esas líneas con unas tijeras.

Un ejemplo entre miles de los resultados a los que llegaron esta gente en el siglo pasado, y que sirven también para mostrar el triste estado en que se encuentra la animación comercial occidental, incapaz de alcanzar las cotas del pasado, solo de copiarlas, y atrapada por la prisión que ella misma se ha construido con el salto al 3D, ya que el público sólo considera buena si consigue reproducir la realidad con todo lujo de detalles y hacerse indistinguible de las películas "de verdad", impidiendo así ese tipo de juegos formales y visuales a los que podían abandonarse estudios como Zagreb Films.

Sin contar con el gravísimo defecto que tiene la 3D, un secreto a voces que todos conocen, pero que todos pretenden ignorar, el problema que con bajo presupuesto es imposible hacer animación 3D de calidad, mientras que en la 2D sí que es posible, como la gente de Zagreb Films demostraba una y otra vez, con sus diseños minimalistas, angulares, de colores planos, pero animados con un cariño y una imaginación, impensable en los que sólo ven la animación como un medio utilitario para ganar y dinero y no hace otra cosa que repetir una y otra vez la misma fórmula, agotada ya desde el inicio.

Pero esto no es lo más triste, lo peor es que estos cortos, infinitamente más valiosos e importantes que tanto Shrek y similares, son casi inencontrables, apenas en unas ediciones sin restaurar de una editora bastante obscura, Rembrandt Films USA, lo cual, a pesar de que debamos estar agradecidos simplemente por poder verlos, por que no caigan en el olvido definitivo, es una gran desgracia.

Sólo superada por el escándalo que supone que no se hayan editado aún los cortos de la UPA, aunque estos, a cambio, sí puedan verse en YouTube.