jueves, 31 de enero de 2013

Revolution and Counter-revolution(y II)

Bremen went over in 1530 to the Lutheran cause against the opposition of its catholic archbishop, but in 1561 the growth of Reformed belief among the merchant elite delivered control of the city into Reformed hands, after fierce intra-Protestant disputes inevitably centring on the Eucharist. The aristocratic canons of the Cathedral however, remained staunch Lutherans: the resulting clash between city and Cathedral authorities closed the doors of the building to worshippers. For an astonishing seventy-seven years after 1561, the vast church, locked and silent, cast its shadow over the busy life of the two principal city markets, the mediaeval treasures of the interior preserved unused though undefaced. Only in 1638 did the intervention of Danish Lutheran troops force the Reformed city authorities very grudgingly to allow the large number of convinced Lutherans in the city to use the Cathedral once more for Evangelical worship.

Diarmaid MacCullogh, Reformation, Europe's House divided

Esta entrada ha estado a punto de irse por el desagüe, como se dice vulgarmente. Tenía pensado haber dedicado toda una serie de entradas al esplendido - con muchas reservas - libro de MacCullogh sobre la reforma, pero la realidad y el trabajo se interpusieron en el camino, de manera que el proyecto quedó interrumpido, mientras que los borradores que había preparado empezaban a criar polvo en  la lista de entradas.

Para resumir mis impresiones, la principal "sorpresa" del libro de MacCullogh - especialmente para alguien criado en el seno de la Iglesia Católico - era la visión de la Reforma como revolución en el sentido moderno del término. Nos hallamos, ni más ni menos, ante una auténtica revuelta contra la autoridad y el poder establecido, que no tendrán un equivalente hasta casi un siglo más tarde, durante las revueltas de la década de 1640 que afectarán a Francia - la Fronda -, España - la rebelíon de Cataluña y Portugal - e Inglaterra - la guerra del Parlamento contra el Rey - durante el último tramo de la Guerra de los Treinta Años, y que por supuesto no volverán a repetirse hasta la erupción provocada por la Revolución Francesa de 1798.

martes, 22 de enero de 2013

A new view


Siempre existe un riesgo evidente en las exposiciones organizadas por los museos de arte "clásico" o "antiguo". La edad de las obras conservadas prohíbe terminantemente que viajen, por razones de conservación, con lo que cualquier muestra temporal acaba girando alrededor de las obras que el propio museo expositor alberga, de manera que no se puede evitar cierta sensación de estar viendo lo de siempre, sólo que ordenado de manera distinta.

jueves, 17 de enero de 2013

No Bearings

El Mapa surrealista del mundo
La temporada expositiva madrileña se encuentra ahora en un impasse, entre que se cierran unas muestras y se abren otras. En el intervalo, el aficionado puede visitar "pequeñas" exposiciones - de esas que no pasarán a la lista de 10 mejores de los medios generalistas, por mucho que se lo merezcan - como la abierta en el Caixaforum, con el título Cartografías Contemporáneas: Dibujando el pensamiento.

miércoles, 2 de enero de 2013

Diffussion

Antiguo Edificio del MEAC, Madrid
Torre Lever, Nueva York

Para los habituales del circuito de exposiciones madrileño, las que organiza la Caixa son cita obligada, aunque algunos de nosotros todavía añoremos su antigua sede, no tan llamativa arquitectónicamente, pero mucho más acogedora y apropiada. Curiosamente, una de las especialidades a las que parece haberse abonado la nueva sede es la de exposiciones de arquitectura, un tema que en principio parece imposible de ser convertido en muestra itinerante - los edificios no se pueden mover, obviamente - pero que se resuelve de manera elegante, mediante fotografías, esbozos, planos y maquetas, ya sean de época o construidos especialmente para la ocasión.

La última expresión de este tema expositivo, a punto de clausurarse - y sí, parece que sólo comento las exposiciones in extremis, pero es una consecuencia indeseable de no querer hablar de ellas, hasta haberlas visto dos veces - tiene de título, Torres y Rascacielos: De Babel a Dubai, y en realidad es una crónica, casi una loa, de la evolución del rascacielos moderno, desde los primeros experimentos americanos en el siglo XIX hasta la montaña de 800 metros de altura recientemente construida en Dubai... muy certeramente comparada con la torre de Babel, tanto por haber sido levantada en la misma zona geográfica, constituir una representación estilizada de la manera en que los artistas del renacimiento la concibieron - ¿diseño o coincidencia? - y coincidir su inaguración con la mayor crisis del capitalismo desde la gran recesión de 1929.

Por supuesto, narrar la evolución del rascacielos es asímismo narrar la historia de la arquitectura contemporánea, especialmente del estilo conocido como Movimiento Internacional, que dominó el panorama arquitectócnico de 1930 a 1980 y cuyas obras siguen dominando el panorama de las grandes urbes contemporáneas, hasta tal punto que parecen haberse convertido en una seña de identidad de la que es casi imposible desprenderse, como lo fueron las catedrales góticas o los palacios barrocos.

La principal característica del rascacielos es la sencillez de sus fundamentos estéticos, que pueden resumirse en el uso del prisma como forma fundamental junto con el uso de una red de pilares para sustentar el peso del edificio. Esta red, que se puede ampliar en las tres direcciones del espacio tanto como se quiere, permite eliminar los muros de carga, de forma que se creen espacios de planta flexible acondicionales según las necesidades del momento, además posibilitar el forrado del edificio con superficies casi continuas de cristal, dando paso a la iluminación natural hasta los últimos rincones de la estructura.

El estilo internacional y especialmente su emblema, el rascacielos, se convierten en el paradigma de la arquitectura funcional y racional, creando edificios que fascinan por la sobriedad, rotundidad y limpieza de sus formas, por lo que no es extraño que hayan sido elegidos una y otra vez, por un capitalismo contemporáneo que busca ofrecer al mundo una impresión de modernidad y eficacia, trasunto del éxito de las empresas que han encargado y que ocupan esos edificios.

Torre Albert, Paris
Torre Castelar, Madrid

Por supuesto, no es oro todo lo que reluce. Con demasiada facilidad - como ocurre también con el propio capitalismo - los edificios del estilo internacional tiende a olvidarse del ser humano, el cual es bien aplastado, bien expulsado, de los entornos creados por esta arquitectura, como una imperfección indigna de habitar el mundo ideal que este estilo conforma. Los espacios de la arquitectura moderna se vuelven así esencialmente inhóspitos, perfectos para ser contemplados por un visitante ocasional, cuya inteligencia se vea adulada por su perfección formal, pero cárceles destructoras de la personalidad para aquellos que se ven forzados a trabajar todos los días.

Una condena a la que no ayuda que muchas de las conquistas racionales en las que se basa la fascinación de esta arquitectura, parezcan haber sido concebidas sin tener en cuenta que seres humanos tendrán que habitar esos espacios, siendo la más famosa entre ellas, el hecho de que la inmensa luminosidad interna de estos edificios crea zonas de elevada temperatura que no contribuyen precisamente a alcanzar la productividad sin límites que el capitalismo tiene como objetivo e ideal.

 Pero dejando aparte estos "problemillas" que al final han obligado a revisar una y otra vez el diseño interno, que no externo, de estos edificios, hay un aspecto que esta exposición no cubre adecuadamente: la difusión del estilo internacional en nuestro país. A medida que me adentraba en ella e iba  (re)descubriendo edificios singulares - de esos que aparecen en todas las historia del arte - me topaba asímismo con construcciones que me recordaban edificios que llevaba viendo años y años en mi propia ciudad, y que por su fecha de construcción se inspiraban claramente - o no tan claramente - en esos edificios tipo que habían sido reunidos para ilustrar la exposición.

Una impresión que se vio confirmada cuando, al ir preparando esta entrada, fui reuniendo fotos del edificio original y de su correlato madrileño, tal y como habrán ido comprobando los lectores de esta entrada.

Torre Thyssen, Düsseldorf
Torre Cuzco, Madrid

lunes, 31 de diciembre de 2012

Circles of hell

The foot soldiers of the Werhmacht brought terror to Stalingrad, just as the Luftwaffe had before them. The bombardment and the SS-orchestrated deportations were only part of it. There were reprisals against civilians who were suspected of helping their own armed forces; there were random acts of callousness or downright sadism. And there was the fact that German troops were under order from Paulus to live up from the land. This meant that stealing the food and (later on) the warn clothing of the civilian population was an everyday necessity for the men of the Sixth Army. If the Russians starved or froze to death as a result, so what?
But the cruel actions of the German at Stalingrad were no merely an outworking of the vagaries of war. They were part of an intentional nazi policy to Subjugate the Sovier people as a whole. The “extreme conception” that Winston Churchill had remarked upon before the war . an utter lack of compassion towards non combatants and complete contempt for the normal rules of engagement - were now part of the military philosophy of the German armed forces.Hitler has spelled this out explicitly. In March 1941, when plans for Barbarossa were far advanced, he had warned his filed commanders that this conflict was to be something of an entirely different nature from previous campaigns.

Jonathan Bastable, Voices from Stalingrad

Hablaba ayer de como el adoctrinamiento en los sistemas totalitarios lleva a que amplios sectores de la población asuman como suyos los ideales del régimen, por muy absurdos o crueles que sean. Si bien este procedimiento funciona en todos los sectores de edad, es especialmente efectivo entre la niñez y la juventud - las personas mayores suelen responder mejor a la coacción - puesto el que crecer en un ambiente donde no hay opiniones discordantes conlleva que se acepte la versión propagada por el sistema como la única verdad posible.

No es de extrañar por tanto, que en apenas seis años, el Nazismo se las arreglara para crear una juventud fanática, dispuesta tanto a servir como carne de cañón para su Führer como para aplicar sin ningún tipo de reparos ni cortapisas las políticas racistas promovidas por el régimen nazi. Esta disposición se mostró en toda su crudeza en la operación Barbarrosa, en la que las unidades militares alemanes se adentraron en la supuesta guarida de sus tres peores enemigos: judíos, eslavos y comunistas, cuyo destino era bien el exterminio y la aniquilación, caso de judíos y comunistas, o el de esclavos de la raza superior, caso de eslavos, lo cual justificaba e incluso alentaba la aplicación de una política de terror absoluto sobre la población civil, en la cual no sólo las SS sino toda la maquinaría bélica alemana se mostró a la altura de las aspiraciones de su amado Führer.

Estas meditaciones me han hecho recordar esta entrada, en principio programada para hace unas semanas, y que pretendía resumir mis impresiones sobre el libro Voices from Stalingrad de Jonathanm Bastable, que recoge todo tipo de testimonios de la época sobre la batalla de Stalingrado, de los registros estenográficos de las conferencias del Führer a las memorias escritas por soldados y civiles en la inmediata postguerra. De entre todos estas fuentes quizás las más interesantes sean las que proceden de los diarios escritos por los soldados día a día durante las propias operaciones militares y que muestran a las claras, por ejemplo, como la fe en la victoria de los soldados nazis se va cuarteando y desmoronando a medida que se enredan en la lucha casa por casa que caracterizó el combate en Stalingrado, mientras que los días que quedaban para alcanzar la victoria se iban convirtiendo en semanas y meses.

Se echa de menos, no obstante, alguna referencia al destino de los soldados que iban tomando esas notas. El propio hecho de su conservación en ese estado de diario - y el que no se tradujeran en libros de memoria una vez terminado el conflicto - hace pensar que ninguno de ellos sobrevivió a la batalla y que la información ha llegado hasta nosotros bien porque fue enviada al hogar en un momento de respiro en la batalla o - mucho más probable - fue encontrada en sus cadáveres y adjuntada a los informes de inteligencia sobre el estado de la moral de las tropas enemigas. Estos testimonios, no obstante, tienen la ventaja de no haber sido filtrados y autocensurados a posteriori, lo que lleva a muchos libros de memorias a convertirse en autoexculpaciones - de repente todos los soldados nazis eran realmente antifascistas - o a ocultar los detalles más turbadores e incriminadores - como mucho los memorialistas fueron testigos, nunca ejecutores.

El cuadro que nos muestran esos diarios contemporáneos, bien conservados por los familiares, bien archivados por las unidades de inteligencia enemigas, es muy distinto y muestra una visión demoledora de un ejército alemán en que la propaganda nazi había calado de tal manera - con el consentimiento y la aprobación de muchos oficiales de carrera - que lo normal eran las atrocidades contra la población civil, justificadas por la convicción de enfrentarse a infrahombres a los que se les hacía un favor - a ellos y al mundo - con exterminarles.  Una guerra donde la prioridad absoluta eran las necesidades del ejército y la población alemana  frente a las cuales, en propias palabras de Himmler, no importaba si cien mujeres rusas morían cavando fosas antitanque, siempre y cuando las fosas estuvieran preparadas.






domingo, 30 de diciembre de 2012

The World at War (y XV): Inside the Reich, Germany 1940-1944

































Como ya he señalado en varias ocasiones, una de las grandes virtudes de The World at War consiste en hacer visible el punto de vista de la gente normal, utilizando para ello la voz de los supervivientes del conflicto, muchos de ello aún con vida y lúcidos a mediados de los setenta. Siguiendo esa tónica, tras el capítulo dedicado a la situación de la retaguardia en Inglaterra, se pasa a examinar como el conflicto - y su lenta transformación en guerra total, de la que la población civil no estaba exenta - afectó a la población alemana.

Uno de las grandes paradojas a las que debe enfrentarse cualquier historiador de la Alemanía en guerra es que la imagen propagandística que el tercer Reich quiso proyectar de sí misma, se a transformado en un mito popular que tiñe toda nuestra concepción del conflicto. Según esa mentira repetida continuamente - por utilizar la expresión del ministro de propaganda nazi Göbbels - la comunidad alemana cerró filas tras la figura del Führer, aceptando sin protesta, es más, con total entrega y convencimiento, las sucesivas órdenes del dictador nazi, hasta culminar en una resistencia fanática que ya no tenía sentido alguno.

Ni tanto, ni tan calvo.

Es cierto que el régimen nazi supo ganarse a la población alemana. La larga serie de victorias sin fin ni límite de 1939 a al otoño de 1941 bastaría para hacer la cabeza a países con una tradición democrática más asentada que la de la Alemania de entreguerras, a lo que hay que unir que hasta prácticamente 1942 el nazismo se las arregló para que la guerra fuera una realidad lejana y distante para su población civil, que continúo manteniendo en muchos casos un nivel de vida semejante al de la paz, sin llegar a los extremos de movilización total  de toda la población, ni la ejecución de una economía de guerra, que Inglaterra y sobre todo la URSS se habían visto obligados a adoptar.

Esta protección de la población alemana -exceptuando por supuesto judíos, deficientes mentales y disidentes políticos, que fueron encarcelados y en muchos casos ejecutados - acabaría pasando la factura a la maquinaria bélica nazi, ya que parte de las razones de su derrota estriban en que no fue capaz de movilizar todos sus recursos en los momentos iniciales de la guerra, de forma que campañas cruciales acaban sin un resultado definido por falta de material humano y bélico. Esta movilización total se produciría a finales de 1942 y sobre todo en 1943 y 1944, gracias a la reorganización de la economía alemana llevada a cabo por Albert Speer, pero para entonces era ya demasiado tarde y sólo contribuyó a alargar un conflicto que todos sabían ya perdido.

No obstante, ese favoritismo de Hitler por sus alemanes en los primeros años de la guerra - la cosa cambio cuando la derrota se fue aproximando y entonces Hitler decidió que Alemanía tenía que morir con él - no fue la única causa que provocó esa aparente fidelidad sin límites hasta la última bala y el último soldado, que tendemos a asociar con los alemanes de la segunda guerra mundial. Tendemos a olvidar que Alemania era un régimen totalitario - al igual que la Rusia Soviética - y que los régimenes dictoriales consiguen la obediencia de sus subditos, por tres medios, la coacción, la complicidad y el adoctrinamiento, herramientas de opresión que nosotros, los hijos de la democracia, desconocemos y cuyo poder tendemos a subestimar, creyendo como idiotas políticos que es posible rebelarse contra un dictadura si así no lo quieren sectores poderosos de ella misma.

La coacción era evidente en el régimen nazi desde el primer momento. No sólo todos los partidos políticos habían sido prohibidos, y sus dirigentes encarcelados o forzados al exilio, es que sobre todos pendía la espada de Damocles de ser excluido de la comunidad nacional, para ser condenado al destino designado para judíos, deficientes mentales o disidentes: la cárcel, el campo de concentración, la desaparición completa, ocurrencias cada vez más frecuentes como para ser despreciadas. Ese miedo a ser señalado como enemigo producía la complicidad, el deseo de seguir la corriente y no destacar que afectaba hasta a aquellos alemanes más comprometidos con la resistencia - sí, existió una resistencia contra el nazismo - que en su afán de supervivencia para poder combatir al nazismo tuvieron que cerrar los ojos ante otras atrocidades, convirtiéndose, en palabras de uno de sus líderes, en asesinos similares a los nazis.

Por último tenemos que añadir el adoctrinamiento, El hecho de que durante años enteros sólo se oyó una voz, la del partido, coreada además por todos aquellos que vivían del régimen, que no podían ser contrastada con otras hechos, con otras opiniones, puesto que cualquier voz disidente había sido acallada hacía mucho tiempo. Frente a esta maquinaria de la mentira, de la manipulación,  no había defensa posible, poco a poco iba carcomiendo todas las seguridades, todas las convicciones, hasta que la obediencia era ciega y completa. Y si esto era así con personas que habían conocido otros tiempos en que la libertad y la diferencia existía, que decir de todos aquellos cuyo despertar al mundo había tenido lugar cuando ya el veneno de la serpiente había envenenado y corroído todo.