domingo, 20 de enero de 2013

The World at War (y XVII): Pinzas, Agosto 1944- Marzo 1945

































El capítulo de esta semana aborda el periodo de la guerra en Europa que abarca de agosto 1944 a Marzo 1945, o pocas palabras el derrumbamiento definitivo de la máquina de guerra alemana que había aterrorizado a Europa durante los años anteriores. Una caída que no fue más rápida y más repentina simplemente porque los aliados experimentaron en propias carnes las dificultades que suponía llevar a cabo una Blitzkrieg, básicamente su limitación a saltos de unos 500 kilómetros máximo debido a las dificultades de aprovisionar - y proteger - a las unidades acorazadas.

Como ya he dicho en varias ocasiones, la historia de la Segunda Guerra Mundial que muchos aprendimos prácticamente se limitaba a narrar la larga secuencia de victorias nazis, truncadas finalmente en Stalingrado, El Alamein y especialmente Normandia. en ciertos contextos - como en la España del Franquismo - esta era un versión interesada que buscaba inclinar las simpatías del lado alemán, convertidos en los buenos de la historia, excepto por ese patinazo llamado el holocausto, sin embargo, incluso en los países aliados, esta forma de entender el conflicto servía para subrayar como una vez que los aliados lograron superar sus dificultades, su impulso fue incontenible, resumido en ese mito fílmico consistente en desembarcar en Normandía y al dia siguiente  estar desfilando por Paris, entre las aclamaciones enfebrecidas de los franceses, todos militantes de la Resistencia desde el primer día.

Por supuesto, las cosas no fueron más sencilla. Ya comenté en entradas anteriores la importancia decisiva de 1943, año en que las potencias del Eje podían aspirar aún a una paz negociada, pero que al terminar no les dejaba otra opción que la derrota sin paliativos. Lo que me ha venido a la memoria es que este proceso de caída sin retorno puede estructurarse en torno a dos meses de julio, los respectivos de 1943 y 1944. El julio de 1943 es el punto de inflexión en el que las esperanzas del eje se derrumban, en esos treinta días la operación Ciudadela en el frente del este es detenida en seco por los rusos, que a partir de entonces tendrían la iniciativa en el resto del conflico, mientras que los angloamericanos desembarcan sin apenas dificultades en Sicilia, frente a lo cual los alemanes sólo puede tomar medidas defensivas. La confirmación vendría ese mismo mes por dos hechos de casi la misma resonancia, la Feuersturm de Hamburgo, que demostraba que los aliados podían arrasar cualquier ciudad de Alemania sin que la Luftwaffe pudiera oponérseles y por supuesto la caída del Fascismo en Italia, primer signo del derrumbamiento de las alianzas alemanas.

Ese julio del 43 marco el punto de inflexión del conflicto, señalando bien a las claras que su fin sería la derrota de Alemania. Lo que vino a mostrar el julio de 1944 es que esa derrota sería cataclísmica, como convenía a un régimen que pretendía dominar el mundo y reconstruirlo a su antojo - previo exterminio de decenas de millones de seres humanos, no sólo judios, sino también eslavos. A finales de junio de 1944 los soviéticos habían lanzado la operación Bagration que hizo trizas el Grupo de Ejércitos Centro alemán, de forma que a mediados de Julio, unas treinta divisiones alemanas se habían desvanecido y a finales de agosto los rusos estaban acercándose a las orillas del Vistula en Varsovia, tras haber comenzado en las fronteras orientales de lo que ahora es la actual Bielorrusia. Ese mismo mes de junio el frente de Normandia también salto hecho pedazos - como una goma demasiado tarde - sin que las diezmadas tropas alemanas de occidente pudieran reconstruir una nueva línea de defensa, hasta que a mediados de Septiémbre se hallaron en las fronteras misma del Reich. Peor aún, tras el paréntesis de Normandía, la aviación de bombardeo estratégico volvío a golpear el Reich, no sólo para arrasar las ciudades alemanas, sino para cortar sus comunicaciones y aplastar sus instalaciones industriales, negando a la Wehrmacht los medios para continuar la guerra.

No obstante, y a pesar de todas las esperanzas, la guerra no terminó en la Navidad de 1944 sino que se cerró con una ofensiva alemana - la de las Ardenas - que parecíó estar repitiendo la ofensiva de 1940 contra Francia. Obviamente no tuvo éxito porque ni el ejército alemán tenía la potencia de cuatro años antes, ni los angloamericanos tan faltos de preparación  e iniciativa como el ejército francés de ese tiempo. Obviamente, el cuestión que todos los historiadores se hacen - y se hicieron - es como pudo obrarse esa recuperación y si alguna medida de los aliados pudo haber forzado el final de la guerra ese año, postura mantenida por los admiradores de Montgomery, que se han pasado años diciendo que si hubieran dejado hacer a su ídolo, Alemanía habría caido como una fruta madura, aunque, como sabe cualquier estudioso del conflicto, la audacia y la rápidez no eran precisamente los fuertes del comandante inglés.

Por otra parte, conviene darse cuenta que las operaciones lanzadas por los aliados al final de Septiembre fracasaron estrepitósamente, como la famosa operación Market-Garden, uno de los grandes fiascos de los angloamericanos, o los intentos rusos de rebasar el Vistula o de adentrarse en la llanura húngara, cortados en seco por contraataques locales alemanes. Estos éxitos alemanes no se debieron a que Hitler tuviera escondidas grandes reservas de tanques y soldados - nunca volvería a tener un ejercito como el principios de 1944 , ni mucho menos el de sus tiempos de gloria - sino a que los aliados no habían aprendido aún los problemas de la Blitzkrieg, basicamente que cualquier penetración  en profundidad de las fuerzas acorazadas se veía limitado por el radio de acción de las columnas de aprovisionamiento, cuya base estaba aún en los puertos de Normandía para los angloamericanos y en las afueras de Smolenko para los rusos, a lo que hay que unir que una vez obrada la penetración había que dedicar una buena parte de las tropas - y del tiempo - a consolidar el terreno conquistado, eliminando a las tropas enemigas rodeadas y fortaleciendo las propias para hacer estéril cualquier intento enemigo.

El resultado fue que el esfuerzo aliado se paralizó en octubre, haciendo imposible el final de la guerra ese año y aumentando el sufrimiento de las poblaciones aún ocupadas, como y en Italia y especialmente en Polonia, donde el levantamiento de Varsovia fue ahogado en sangre por los Nazis, con el resultados de cientos de miles de muertos civiles y la demolición de la ciudad por parte de los ingenieros nazis una vez rendidos los insurgentes, mientras Stalin se frotaba satisfecho la manos, al observar como los alemanes le hacían parte de su trabajo sucio.