lunes, 14 de enero de 2013

The World at Wat (y XVII): Occupation, Holland, 1940-1944















Siguiendo la tónica que ya he descrito en otras ocasiones, este episodio de The World at War busca reproducir la experiencia de los habitantes de una país ocupado por la Alemania nazi. En principio puede parecer extraño que se elija un país con tan poco peso específico en el conflicto, pero hay que recordar que los países del Este estaban vedados para los occidentales - o su información sometida a un filtro propagandístico por parte de las autoridades soviéticas - o que en los años 70 Francia aún no había ajustado las cuentas con su pasado colaboracionista, de manera que aún se tenía la impresión - popular y oficialmente - de que todos habían sido héroes. Es precisamente esta realidad, la existencia de amplios sectores en los países ocupados que colaboraron gustosamente con el nazismo, con lo que el fenómeno de la Resistencia fue similar a una guerra civil en el contexto del conflicto mundial, la que permite poner de manifiesto la experiencia holandesa, tan distinta a otros países como Noruega y Dinamarca, en los que estos fenomenos fueron casi inexistente.

Pero antes de narrar esta escisión interna de los países ocupados, se hace necesario un contrapeso que equilibre la imagen creada por ciertas películas- y propagada por ideológos interesados - de que colaboracionismo y resistencia estaban teñidos por los mismos crímenes. Vayamos, como hace la serie, a la Holanda del otoño de 1944, cuando las tropas aliadas parecían a punto de liberar el país, como había ocurrido con la vecina Bélgica. En ese instante, los ferroviarios holandeses lanzan una huelga que pretende cortar el suministro de municiones a las tropas alemanas, lo cual provoca una brutal represalia alemana. Ni más ni menos que la suspensión de todos los envíos de alimento y combustible a la población civil, con el resultado de que al menos 50.000 civiles holandeses morirán de frío y hambre ese invierno.

Para los que conozcan la intensidad de las represalias alemanas en el frente del este, la venganza nazi contra Holanda parecerá casi una minucia, pero en el contexto del frente occidental es de un brutalidad insospechada. Parte de esta crueldad extrema, proviene de que en la cosmogonía nazi los holandeses eran también arios, pertenecientes a la misma Volksgenossen (comunidad racial) que los propios alemanes y por lo tanto merecedores de los mismos privilegios que la raza superior. Por ello, el acto de rebelión final de los holandeses era peor que una traición, era como si hubieran dejado de pertenecer a los elegidos por el destino y a partir de entonces sólo mereciesen la suerte de los Untermenschen (Infrahombres).

No siempre había sido así. Por una parte, con vistas a proteger a la población, el gobierno holandés en el exilio había dado instrucciones a los funcionarios del estado para que se colaborase con los ocupantes, siempre que esto no supusiese un empeoramiento en la situación de los holandeses. No obstante, este estado de colaboración vigilante no era otra cosa que un equilibrio demasiado inestable, que inmediatamente fue aprovechado por el movimiento nazi holandés - resucitado por la fuerza del ejército alemán - para ir llevando poco a poco las cosas a su terreno, de forma que paulatinamente se obrase una nazificación de Holanda y los Holandeses, especialmente en lo que se refiera a los judíos.

Como bien indican los entrevistados, esta deriva se fue haciendo de forma muy sutil,utilizando un método ya probado por los nazis en la propia Alemania primero y luego en Austria. A las preguntas inocentes que no comprometían a nada - ¿Es ud. de origen judío? - siguieron las prohibiciones soportables - aquí no se permite la entrada a judíos - de manera que cuando muchos despertaron, sus vecinos judíos estaban siendo detenidos por los calles, concentrados en campos de tránsito y enviados en trenes a las cámaras de gas de Polonia. En resumen, de los 150.000 judíos holandeses, más de cien mil serían asesinados en esos cuatro años.



















Fue entonces cuando tuvo lugar uno de esos gestos que honran a un país y que sirven para salvarlo de todos sus pecados, de todas sus traiciones. incluidas aquellas cometidas por sus propios hijos, y que en otras naciones que presumían de civilizadas, como la propia Francia, brillaron por su asuencia. Se trató ni más ni menos que cuando estuvo claro que los alemanes iban a por los judíos, los sindicatos holandeses, con la ayuda de la resistencia, declararon una huelga de tres días de duración en Amsterdam, para protestar contra el trato que los ocupantes estaban realizando contra sus conciudadanos judíos, y que fue seguida de forma masiva por la población holandesa.

No sirvió de nada, de hecho incluso aceleró las deportaciones, además de descabezar a una resistencia aún embrionaria, pero hay ocasiones en lo que realmente importa no es tener éxito, sino clamar al mundo que esas atrocidades no están siendo realizadas con tu consentimiento, de manera que luego sea posible seguir caminando con la cabeza bien alta.