domingo, 22 de noviembre de 2015

La lista de Beltesassar (CXV): L'homme sans ombre (2004) Georges Schwizgebel























Como todos los domingos continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a L'homme sans ombre (El hombre sin sombra), corto realizado en 2004 por el animador holandés   suizo Georges Schwizgebel.

Schwizgebel es uno de los grandes maestros contemporáneos de la animación, con una amplia y dilatada obra que ha influido, de una manera u otra, sobre todos los nuevos directores y animadores de esta forma. Intencionadamente, este creador suizo se ha limitado a una única técnica, la animación de pintura sobre cristal, que sólo muy recientemente ha empezado a suplir con el ordenador. Esta manera de la animación es una de las más difíciles que se pueden cultivar, pero al mismo tiempo, una de las más libres. Se trata, como sabrán, de ir modificando poco a poco una misma pintura, añadiendo detalles nuevos sobre ella, mientras se borran los antiguos, de manera que la imagen fotografiada se transforme a medida que se la destruye, sin posibilidad de correcciones o vuelta atrás, improvisando a medida que se crea.

A pesar de su evidente dificultad, esta técnica ha sido cultivada por muchos grandes animadores, pero lo que separa a Schwizgebel de todos los demás y le confiere una personalidad artística única e irrepetible es que este animador suizo es capaz de llevarla hasta sus últimas consecuencias, el auténtico imposible físico y visual. Cada corto de Schwizgebel es así un tour-de-force de principio a fin, expresado, por ejemplo, en que todos los elementos del plano visual se hallan en movimiento, fondos incluidos. En otros, la cámara explora, con sus movimientos, el mundo en el que tiene lugar la acción, superando distancias y separaciones, averiguando como diferentes ámbitos incomunicados se relacionan con otros, o como pueden, de forma natural, metamorfosearse unos en los otros, hasta el extremo que el plano final muestra la secuencia completa de mutaciones en continuo movimiento.

El mayor reproche que se le podría hacer a Swchwizgebel, por tanto, es de ser en exceso  frío y cerebral, preocupado en exclusiva por la arquitectura formal de sus cortos, pero no por los personajes  que los habitan o las historias que los guían. Aunque tengo que decirles que esa polémica/acusación me parece huera, especialmente tras casi medio siglo de cine anarrativo, sí que es cierto que en la última década Schwizgebel se ha humanizado un tanto, coincidiendo, curiosamente, con su aceptación de los medios digitales, tan inhumanos ellos, en el proceso creativo.

 L'homme sans ombre es un ejemplo claro de esta doble y reciente evolución. Por un lado, sigue siendo la solución en imágenes de un reto técnico, como bien muestra la secuencia inicial, donde la cámara sigue las evoluciones del protagonista por una ciudad en continua transformación. Sin embargo, al mismo tiempo que resuelve este problema formal, intenta también ilustrar las consecuencias indeseables y devastadoras del pacto con el diablo que acuerda el protagonista principal, así como su redención final. Es una historia que tiene, obviamente, claros rasgos fáusticos, pero que se separa radicalmente de las premisas y resolución de la historia de Goethe. En el caso de L'homme sans ombre, la redención final no es otorgada, sino trabajada y sufrida mediante, en primer lugar, la renuncia a todo lo que uno es o quiso ser, fama, poder, amor, para ser substituido por el arte y la entrega completa a su práctica.

Sin aspiraciones a la gloria, por supuesto. Sólo por el placer que proporciona su ejercicio. A nosotros y a los otros.

No les entretengo más. Como siempre, les dejo aquí el corto. Autentica obra maestra que debería ser conocida y admirada por todo cinéfilo, sin adjetivos.