domingo, 4 de noviembre de 2012

The World at War (y IX): Stalingrad, June 1942-February 1943
























Como ya había dicho con anterioridad, la campaña definitoria de la segunda guerra mundial en Europa es la que tuvo lugar en el frente del este. De ella, el imaginario popular ha guardado el recuerdo de dos momentos muy precisos, ambos en la primera mitad de la campaña, mientras que el resto del combate queda completamente desdibujado, excepto por la batalla final en la capital alemana, Berlín. Por supuesto, la razón por la que ambos acontecimientos quedaron incorporados - y subrayados - en la mitología del conflicto, dice mucho acerca de como esperamos que se nos cuente la historia, además de la manera en que el régimen soviético presentaba los hechos en su propaganda.

En el primero de esos momentos clave, la maquinaria de guerra alemana había intentado tomar Moscú en el otoño de 1941, sólo para griparse en el momento que estaba a punto de alcanzar su objetivo. Las causas que habían producido este acontecimiento eran múltiples y muy variadas: la llegada temprana de la estación lluviosa y el invierno, la inesperada falta de preparación alemana a las condiciones del frente ruso, la resistencia a ultranza del ejército soviético, los refuerzos en forma de las divisiones siberianas del extremo oriente, la categoría de un general como Zukov. Independientemente de las proporciones en que se presentaba esta mezcla, según las preferencias o inclinaciones del historiador, la lección era clara: la Wehrmacht había dejado de ser invencible y el ejército rojo un hueso difícil de roer, lo que auguraba una guerra larga y difícil, en la que ningún resultado estaba decidido de antemano,

El segundo acontecimiento, Stalingrado, está intimamente relacionado con la batalla de Moscú de finales de 1941, aunque tuviera lugar en la segunda mitad, agosto-febrero, del año siguiente. En este ocasión, las fuerzas soviéticas no se limitarían a contener y detener la blitzkrieg alemana, sino que contatratacarían e infligirían a la Wehrmacht una derrota completa, el cerco y destrucción del VI ejército alemán, la unidad más grande y eficiente del frente del este, de la cual no se recuperarían. Una batalla, por tanto, decisiva, tras la cual la iniciativa pasaría al ejército rojo y que inevitablemente conduciría al Götterdämmerung de Abril de 1945, simbolizado por el suicidio de Hitler en el bunker de la cancillería de Berlín. Éste resultado no sería la única diferencia de carácter, ya que según la propaganda del régimen soviético, Stalingrado había sido el resultado de un plan de la Stavka, el alto estado mayor soviético, de forma que los alemanes habían sido atraídos a una trampa en la ciudad que llevaba el nombre del dictador ruso, mostrando así el alto nivel de preparación y eficacia que el ejército rojo habían alcanzado, superando incluso a los alemanes.

Como pueden imaginarse no todo fue así de bonito, y el principal problema de este capítulo de The World at War, como el de todos los dedicados al frente ruso, es que por aquel entonces la URSS era aún una realidad y sus archivos estaban cerrados a la investigación histórica. con lo que sólo era posible acceder a las versiones "oficiales", que intentaban ocultar cualquier disensión o fallo en la actuación del estado soviético. Es cierto que podía recurrirse a  los testimonios del lado alemán, pero estos eran tanto o más interesados, puesto que buscaban una explicación, cualquier explicación, a una derrota que aún no acababan de asumir, y la atribuían a superioridad numérica, fanatismo sin tasa - como si el ejército nazi no padeciese de esa locura - atavismos orientales, propios de los subhumanos que la Wehrmacht quería aniquilar, o ineptitud del dictador, que hasta ese instante, mientras continuaban sus victorias, había sido colmado de los más abyectos elogios.

Es ahora cuando nuestra visión se ha modificado casi por completo, aunque hay que decir que mucho de lo que ahora sabemos se intuía en el tiempo en que se filmó la serie, o siempre había estado ahí, sólo que no queríamos mirarlo. Por una parte, tan importante como Stalingrado fue la batalla de Kurks, en Julio de 1943 ya que los alemanes consiguieron recuperarse del desastre del VI ejército, detener la marea rusa y lanzar una nueva ofensiva, que sólo fracaso porque el ejército ruso pudo prepararse a conciencia durante la primavera de 1943. Ésta y no Stalingrado fue la batalla decisiva, ya que que en la que sería la mayor batalla de tanques de la historia, los rusos se las arreglaron para quebrar la Blitzkrieg alemana antes de que atravesase sus líneas e irrumpiese en campo abierto, arrebatando a los alemanes por completo la iniciativa, que desde entonces sólo podrían aspirar a librar una guerra defensiva, con triunfos locales que no mejoraban la situación estratégica.

Aún así, el resultado estuvo pendiente de un hilo, y otra concatenación de circunstancias podría haber llevado a un segundo Stalingrado y la prolongación de la guerra. De hecho, queda la duda de qué habría ocurrido si Hitler no hubiera consumido sus divisiones acorazadas en esa batalla y hubiera aguardado a que los rusos lanzaran su propia ofensiva, como ocurrió en Marzo de 1942, justo antes de que se lanzase el Fall Bleu, la ofensiva  que llevaría a Stalingrado y con la que la Wehrmacht pretendía hacerse con el control de los pozos de petróleo del Cáucaso, lo que hubiera llevado a la paralización del ejército soviético.

Es fácil ver que, por tanto, lo que ocurrió en ese verano/otoño de 1942, no fue algo que siguiera un supuesto plan maestro soviético. De hecho, el frente ruso, muy castigado por la fracasado ofensiva de primavera, se hundió por completo, aunque el número de prisioneros y por tanto el castigo que estaba recibiendo el ejército rojo fuera muy inferior al de la campaña de 1942. En cierta manera, este inesperado éxito inicial, y no un supuesto plan maestro´ruso, fue el que decidió la campaña, ya que el plan alemán preveía tomar Stalingrado primero, cortando así la línea de suministros rusos que procedía de los pozos de petróleo del Caucaso, para luego volverse contra un ejército soviético debilitado y hacerse con el control de esos mismos yacimientos.

Lo que ocurrió por el contrario, fue que Hitler dio prioridad a la conquista del Cáucaso, dejando en segundo plano a Stalingrado. Al final ninguno de los objetivos fue alcanzado, las fuerzas que avanzaban por el Cáucaso encontraron que sus fuerzas no les bastaban para llegar a los pozos, mientras que el VI ejército alemán se empozó en una absurda lucha por una ciudad reducida a escombros que ya no tenía otro valor que el de símbolo cuya caída amortizaría la campaña entera. Esta obsesión, de la que nadie en el ejército alemán se pudo desligar, y más tras el despido de Halder, llevó a concentrar todas estas tropas en un único punto delegando la custodia de los flancos a las unidades Húngaras, Italianas y Rumanas.

El resto es historia. El tira y afloja en Stalingrado permitió a los soviéticos reconstruir sus unidades acorazadad, y si bien estás nuevas divisiones no podían pretender derrotar a sus equivalentes germanas, no tenían enemigo en las de Italianos, Húngaros y Rumanos. Dos golpes bien asestados, el de noviembre, la operción Urano, que llevó al cerco de VI ejército alemán, y el de diciembre, la pequeña saturno, que hizo inútil el intento de relevar al sexto ejército, al desequilibrar todo el frente, decidieron la campaña. mostrando el mundo que una conclusión victoriosa de la la guerra a favor de Alemania no era posible y que a lo único que podía aspirar es a un punto muerto que le permitiera una salida honrosa.