domingo, 20 de noviembre de 2011

100 AS (LXXIII): The Sinking of the Lusitania (1918) Windsor McKay















Como todas las semanas (excepto la pasada, por cuestiones laborales) toca revisar un corto de la lista recopilada por el festival de Annecy, en esta ocasión The Sinking of the Lusitania, rodada en 1918 por Windsor McKay, ya nombrado al principio de esta lista, pero en general, más conocido por su contribución al arte hermano del cómic... y digo hermano por que la mayor parte de los pioneros procedían bien del cómic o de la ilustración.

Antes de entrar a comentar el corto, una pequeña introducción, como ya es más que habitual. Para la mayoría de la crítica y la práctica totalidad de los aficionados, la animación no es más que una forma ligera de entretenimiento, territorio de animales antropomorfizados, opinión que el éxito reciente de Pixar y demás imitadoras no ha desmentido, sino más bien confirmado. A lo sumo, en su reciente forma televisiva, la animación puede ser un vehículo para una supuesta rebeldía y subversión que, cómo en el caso de Family Guy, American Dad o el Show de Cleveland, lo único que pretender es reforzar el orden social pretendido por algunos.

Por otra parte, en los estudios teóricos, la animación ha sido siempre considerada como lo opuesto al documental (y para los puros de la crítica frances, como el epítome de todos los horrores) al ser una la expresión por antonomasia de la artificialidad, frente al afán por capturar la realidad tal y como es, sin deformación ni distorsiones. Extrañamenta, los últimos años ha visto surgir una serie de documentales animados que, pese a la sorpresa de muchos, no son sino otra de las constantes eternas de la animación, como podría demostrar el magnífico largometraje Victory Through Air Power, que narra los primeros años de la segunda guerra mundial y propone como ganarla con el uso de la aviación... y de la cual la compañía del ratón puede decirse que reniega por completo.

Como indico esta estrechez de miras, esta compartimentación de la creatividad fílmica, se desharía como el fantasma que es, si realmente contemplásemos con ojos atentos la obra de los pioneros, porque este corto de McKey de 1918 no es ni más ni menos que la recreación de un hecho contemporáneo, el hundimiento del Transatlántico británico Lusitania por un sumergible alemán, con todos los errores debidos a la cercanía de los acontecimientos y a la carga propagandística añadida a un acto de guerra relatado cuando esa guerra aún estaba en marcha. O lo que es lo mismo, un auténtico reportaje que ha sido realizado con los medios de la animación y que se presenta como fidedigno al haber utilizado como base los testimonios de los supervivientes del naufragio.

Dejando aparte la posible discusión sobre lo "fidedigno" que es el corto (es muy fácil darse cuenta de cuando entra la propaganda de guerra) o de la credibilidad que podemos dar a la imagen en un mundo como el nuestro, donde ésta es continuamente manipulada y distorsionada (haciendo añicos las pretensiones de algunos sobre la verdad intrínseca de las mismas), el corto es una auténtica proeza técnica, más aún si tenemos en cuenta la fecha de su producción 1918. No es ya que por aquellos tiempos no existiese el ordenador, que ha permitido abaratar costes y eliminar los típicos errores que se introducían en el proceso de animación, por su naturaleza de actividad manual. Es que en el tiempo en que se produjo el corto, no existía ni siquiera la técnica de animación por acetatos, donde los personajes se proyectan sobre un fondo fijo, de forma que cada uno de los 25.000 dibujos del corto tuvieron que ser pintados por completo.

Como pueden imaginarse el problema no es dibujar los 25.000 fotogramas, sino conseguir que no se produzcan errores de continuidas. Sólo esto habría bastado para agotar las fuerzas de cualquiera, pero además McKay y su equipo consiguen hacer verosímil la narración del suceso real, que parece desarrollarse ante nuestros, pero sin recurrir a ese hiperrealismo extremo que astraga la 3D contemporánea, sino apoyándose en un amplio muestrario de recursos pictóricos, como puede apreciarse en las capturas que encabezan la entrada, en las que la explosión ha sido reproducidad utilizando las manchas propias de un acuarelista.

En resumidas cuentas, una de las obras maestras de la animación, que les adjunto aquí para que la disfruten. Así que olvidénse por un momento del tono propagandístico al que hacía referencia y dejense seducir por la perfección de la técnica animada de hace ya casi un siglo.