domingo, 13 de marzo de 2011

100 AS (XLIX): Lojik v Toumane (1975) Yuri Norstein


Esta semana en la revisión de la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy, le ha llegado el turno a Lojik v Toumane (el erizo en la niebla) realizado en 1975 por Yuri Norstein. Para los que vayan siguiendo estas entradas, supongo que no será necesario decirles que Norstein es uno de los genios absolutos de la animación y que el estudio soviético Soyuz Multifilm es uno de esos lugares míticos de la geografía de esa forma artística.

Lo que sí les voy a decir es que en este corto el animador ruso lleva su técnica hasta los últimos extremos. Como ya sabrán, Norstein es un especialista de la técnica del cut-out o recorte, la cual, en sus manos parece animación convencional, por la riqueza de con la que decora sus diseños y la variedad de movimientos con que los anima. No contento con esto, este artista es capaz de restituir a la animación la tridimensionalidad que su soporte, recortes sobre una superficie, le niega, siendo capaz de recrear la profundidad del entorno en el que se mueven los objetos, de seguir a sus personajes a medida que se acercan o se alejan de la camara, o de mostrar como estos se cruzan o mueven en diferentes planos.

La trama en la que se basa el corto de esta semana es especialmente sencilla, casi banal, un erizo que, de camino a la casa de su amigo el oso, se pierde en un valle cubierto por la niebla. No obstante, como siempre, cualquier tema, por simple que sea puede servir para que un artista llegue a dar lo mejor de sí. El hecho de que la visibilidad quede reducida a las proximidades del erizo, sirve a Norstein para crear un juego de sombras que se aproximan y se alejan, que sugieren ser lo que no son y resultan luego ser otra cosa.

Pocas veces se ha descrito con tal precisión lo que significa perderse en la niebla, el miedo que todos tenemos a perder nuestros puntos de referencia y dejar de conocer el mundo, convertido de repente en un entorno hóstil en lo que todo son amenazas. Un efecto que Norstein consigue no solo con esa falta de visibilidad, esas sombras vagas y confusos que vagan en la blancura de la niebla, sino con la sensibilidad que ese miedo es expresado en el personaje principal, el cuidado con que se mueve y tantea en ese nuevo mundo desconocido y la ansiedad, reproducida en audaces movimientos de cámara, cuando ese aprensión se transforma en pánico.

Pero al mismo tiempo, este corto es un inmenso homenaje y recordatorio de la belleza del acto de mirar, porque el hecho de que el mundo sea irreconocible obliga al erizo, y a nosotros, a traves de sus ojos, a observerla y considerarlo con la mayor atención, descubriendo todo lo que nos perdemos cotidianamente, por las prisas que nos llevan, por el hecho de que siempre continuara allí, dispuesto a ser mirado, hasta que un día desparezca por completo....


Y como siempre, les adjunto aquí el corto. No se lo pierdan. Cualquier corto de Norstein vale por centenares de horas de cine inútil, de ése en el que se gastan diariamente tantas palabras altisonantes.