sábado, 15 de marzo de 2008

The World at War (y V)

En 1985, se estrenó tras años de rodaje una de las auténticas obras máximas del cine. Hablo, por supuesto, de la Shoah que rodara Lanzmann, esa crónica alucinatoria del holocausto.

Quizás lo más peculiar de esa obra sea, a pesar de ser un documental, su renuncia a la imagen documental. En todo su metraje, no aparece una sola imagen que no sea contemporánea. Todo en él son entrevistas, visitas a los lugares en que tuvieron los hechos, pero en ningún instante se nos muestran imágenes rodadas en el momento histórico en que los hechos tuvieron lugar.

El punto de vista de Lanzman no es arbitrario. La mayoría de los espectadores de 1985 no habían vivido la guerra mundial o eran demasiado niños, así que para ellos, en cierta manera, era algo inimaginable, tan perdido en el pasado como pudieran ser las guerras napoleónicas o los conflictos religiosos del renacimiento. Unos hechos que estaban recogidos en los libros de historia, y a los que sólo era posible aproximarse conversando con los protagonistas, muchos ya ancianos, y visitando los lugares, borrados por el tiempo, donde tuvieron los hechos.

Un viaje donde siempre quedaba una distancia, un distanciamiento, una incomprensión que no era posible franquear. El que media entre el espectador repanchingado en su butaca, el estómago lleno, preocupado por trivialidades, y el de los muertos en vida (de permiso como decía el único superviviente de Chelmno) que habitaban los campos de exterminio, sin saber si el próximo instante sería el último.

No es que la aproximación de Lanzmann estuviera desprovista de errores (en general todo estudio es imperfecto y sólo es posible formarse una idea, bebiendo de varias fuentes). Su puritanismo cinematográfico le llevo a radicalizar su postura estética, el no utilizar imágenes de época, y a decir que si se encontrasen testimonios gráficos de los campos de exterminio habría que destruirlos, lo cual no deja de ser, con perdón, una estupidez.

Además, el documental, a pesar de su pretensiones globales, no es completo, puesto que se olvida la importancia de los Einsatzgruppen en la la eliminación de los judíos rusos, con un millón de asesinatos ya en la fecha temprana de 1941, antes de la conferencia de Wansee, la luz verde a la solución final y fundación de los campos de exterminio. Sin contar, claro esta que en su afán de resaltar el horror la excepcionalidad del holocausto, intenta voluntariamente que no descubramos un patrón en él, como si fuera producto de fuerzas extrañas y sobrehumanas, cuando uno de los aspectos más terribles del holocausto es precisamente que se aplicaron métodos racionales y eficaces a un fin absurdo y horripilante, desarrollando ese exterminio con métodos cientificos e industriales, y como ese proceso se desarrollo por etapas, de manera gradual, aplicando soluciones, descubriendo fallos y mejorándolos.

Y es esa gradación, esa marchar por etapas, otro de los aspectos terribles de esa matanza que tuvo lugar a mediados del siglo pasado. Pues no es que los nazis decidieran de repente matar a todos los judíos. Si hubiera sido así, ese proyecto, expuesto de manera tan cruda, habría fracasado, por el rechazo que habría provocado entre todos. Lo peculiar y aterrador, es que fue, como digo, un proceso por etapas, lento y gradual, en el que como decía Raoul Hilberg en su monumental The Destruction of the European Jews, se definió, aisló, deportó y exterminó a los judíos, y en el que su propia lentitud anestesió, desacostumbró y deshumanizo a los alemanas, de manera que poco a poco, terminaron por aceptar como normal aquello que habrían rechazado tajantemente años antes.

Y es que a pesar de lo que nos muestran vulgarizaciones del holocausto como Schindler's List de Spielberg, los perpetradores del holocausto no eran psicópatas sádicos, monstruos fuera de la humanidad, eran gentes como cualquiera de nosotros, que estaban convencidos de tener razón y de estar obrando mal, un estado en el que cualquiera de nosotros podríamos caer, si no permanecemos permanentemente vigilante.

Pero, antes de perderme en disgresiones, lo que yo quería comentar con esta entrada era precisamente otra de las falsas impresiones que nos provoca la película de Lanzmann, la idea de que no hay ilustraciones contemporáneas del exterminio. Esto, aunque parcialmente cierto, puesto que los asesinos nazis intentaron borrar todas las pruebas de sus crímenes, en cuanto la guerra les empezó a ir mal, no es completamente exacto, como muestran los capítulos dedicados al holocausto en The World at War. Hay testimonios gráficos del exterminio, testimonios rodados precisamente por los alemanes, para presumir, aunque parezca imposible, de los que estaban haciendo y de la bondad de su causa.

Testimonios que, para mi, destruyen las concepciones sobre la muerte con las que nos golpea diariamente la industria del espectáculo, y es que si para ella, la muerte es pirotecnia, algo con lo que sacudir la butaca del espectador, estas imágenes nos hablan de su banalidad y trivialidad. De como, cuando ocurre con la frecuencia necesaria, nos acostumbramos a ella y deja de tener importancia.

Uno es único, porque en él se ve, precisamente a los Einsatzgruppen en acción, rodeados de una multitud curiosa que ha acudido a ver a las ejecuciones. Así vemos llegar en camiones a los condenados.



Por un momento, la cámara capta su rostros horrorizados al darse cuenta de lo que les espera.


Un soldado les da órdenes, obligándoles a correr, para que no piensen, no puedan rebelarse


Otro, cuando están ante la fosa, mira a cámara, como queriendo decir, yo estuve allí.


El momento de la muerte es de una trivialidad absoluta, una detonación, algo de humo...


...y todo ha acabado...



...solo queda enterrarlos y esperar al siguiente envío.


Pero no sólo vemos a soldados alemanes anónimos, participando en los crímenes, posando alegres frente a las matanzas, orgullosos de lo que están haciendo. Los jerarcas, como Himmler, se dejaron retratar en los campos de prisioneros rusos, en los cuales morirían tres de cada cinco presos, por inanición, por malos tratos, en experimentos dignos de película de serie Z.


Un viaje que, según nos cuenta el general de las SS Wölff, termino con un espectáculo especial para el jefe, en el cual los Einsatzgruppen mostraron como se estaba llevando a cabo la solución del problema judío en Rusia. Una representación que parece ser que dejo a Himmler en estado de Shock, no por el horror de los asesinatos, sino porque sus SS, lo mejor de la raza aria, tuvieran que ensuciarse las manos, y que llevó a la construcción del sistema de campos de exterminio.

Un sistema cuya mejor ilustración es esta foto.


la cual para entenderla, es preciso recurrir a Primo Levi, y a como los nazis les consideraban como cucarachas que había que exterminar, así que para ello, primero, les transformaban en cucarachas, para que así estuviera justificado exterminarles. O de como una pequeña fracción de los judíos, aquellos aptos para el trabajo, no eran exterminados de inmediato, sino que se les mantenía como esclavos, hasta que morían de agotamiento, o hasta que, como muestra la foto, en uno de los periódicos reconocimientos, se descubría que ya no eran aptos, y se les enviaba a gasear.

Un destino que llevó a muchos a escoger una muerta más rápida, la de arrojarse contra las alambradas electrificadas de los campos.




Y hablaba yo de como Primo Levi señalaba que los alemanes le convertían en cucarachas para así poder justificar su exterminio. Otro ejemplo de esto fueron los Ghettos Polacos, como el de Varsovia, donde se concentro a centenares de miles de personas en un espacio habitado antes por unos pocos miles, y donde se les daban raciones de muerte para que fueran cayendo.

Un infierno sobre la tierra, creado por los alemanes, y del que los mismos alemanes decidieron hacer un documental, para demostrar precisamente, que los judíos eran cucarachas que envenenaban el mundo, puesto que vivían en condiciones infrahumanas...


...y morían como chinches por las calles...



...un documental que nunca fue estrenado, puesto que, alguien debió darse cuenta, no demostraba eso, sino las atrocidades que los nazis estaban cometiendo.