martes, 11 de marzo de 2008

The Taste of the Skin (y 3)






Un instante antes, estaba revisando la secuencia de capturas que componen esta entrada e inesperadamente, me he dado cuenta de dos detalles curiosos.

Lo primero es que, por un error mío, falta un eslabon en la secuencia, justo entre las dos secciones, concretamente un primer plano del rostro, a punto de llorar, de la protagonista. Una ausencia casual que quizás haga más poderosa esta escena.

Lo segundo es que se me ha ocurrido pensar en qué justificación argumental podría inventarse un espectador desconocedor del desarrollo de la serie ilustrada, Simoun, para buscar una explicación a lo que estoy proponiendo.

Porque, abandonadas a sí mismas, ¿qué podrían significar estas imágenes?

Una mano que avanza, engarfiada, casi para hacer presa, en la persona que oculta el rostro, se esconde, como si pretendiera no estar allí, como si se considerase ya vencida y humillada, excepto por una repentina negativa, que detiene el movimiento por un instante, hasta que la mano se cierra en un puño, temible y amenazador.

Bien podría pensarse eso, es cierto. Y es uno de los grandes defectos, carencias del mundo de las imágenes, su radical ambigüedad.

Porque lo que en realidad tenemos es una conversación entre dos amigas íntimas, la una hundida en su solitaria depresión, la otra sin saber como consolarla y que alarga la mano, con miedo y prudencia, para acariciarla, para acogerla en sí. Un intento que se ve frustrado por un rechazo tajante, el de quien sabe que sólo llegó hasta ese estado, y que si quiere salir de él, será únicamente por sus propios medios, sin ayuda de nadie más.

Un ser bruscamente apartado de la persona que se ama por esa misma persona, que constituye uno de los dolores mayores que se pueden experimentar, simplemente porque no se alcanza a comprender la razón, y que lleva a la rabia, cierto, pero a la rabia contra uno mismo, por no haber servido para nada, por haber fallado, por no saber estar a la altura.

Ya que, una vez que se prueba ese Taste of The Skin, del que hablaba en el título, nada puede hacer olvidarlo, todo conduce a intentar saborearlo una vez más, aunque sea la última.