viernes, 21 de marzo de 2008

In the nude

Había hablado ya, en otra entrada, de la exposición Modigliani que se puede ver este invierno/primavera en la Thyssen madrileña, así como de los problemas que una retrospectiva de este artistas, tan igual a sí mismo, plantea.

Sin embargo, otra de las ventajas de una exposición de estas características es, precisamente, reunir en una misma sala aquellos conjuntos que se planearon como una unidad y que luego han acabado dispersados por colecciones y museos del mundo. En concreto, la reconstrucción de la mítica muestra que Modigliani realizó en diciembre de 1917 y de la cual la policía ordenó la retirada de varios desnudos, por atentar contra la moralidad y realizar pornografía.

Por supuesto, uno podría ahora perderse relatando tópicos. El como han cambiado los conceptos de erotismo, puesto que estos cuadros tan escandalosos en su época, si alguien los propusiese ahora serían calificados de cursis (un adjetivo que he escuchado, por cierto ultimamente referido a Sade, lo cual pone a quien lo profirió en la misma posición de ridículo que los burgueses escandalizados que denunciaron la exposición Modigliani, solo que por razones completamente contrarias).

Se podría también señalar, como se hace al hablar de la Olimpia de Manet, cuan enraizado en la tradición pictórica Europea está el modo en que Modigliani ataca el desnudo. Un modo que fue fijado y llevado a la perfección por los pintores venecianos del XVI, Giorgione y Tiziano, y que consigue un pequeño milagro, que a pesar de una idealización evidente, presente tambien en Modigliani como corresponde a un buen formalista, estos cuadros poseen una menos evidente sensualidad, la sensación de que estamos tratando, viendo, espiando a una mujer de carne y hueso, que respira, cuya piel estaría caliente al tocarla, y cuyos músculos se flexionarian al sentirnos.

Todo lo contrario de las representaciones escultóricas, frías e inalcanzables de los artistas florentinos, como puede verse en estas Venus, las Venus por antonomasia de Giorgione y Tiziano.





Y por supuesto, podría decirse que esos burgueses no tendrían que por que haberse escandalizado, si fueran claro ésta personas realmente cultas y no domingueros culturales, ya que estas representaciones tendrían que serles conocidas, familiares, formar parte de su experiencia, haberles deshabituado a la extrañeza que pudiera provocarles la visión de un cuerpo desnudo.

O quizás no, puesto que esto era una cosa del pasado, de "otros tiempos" como suele decirse, algo que ya no tenía conexión con el presente y no podía influirlo, con lo cual era inofensivo, no podía dañar las convicciones, los dogmas sociales, a pesar de ese erotismo y sensualidad, esa llamada a la participación del espectador, como voyeur visto por los protagonistas del cuadro que estas obras del renacimiento, especialmente la de Tiziano, proponen.

No es tampoco que el arte, el arte oficial, de encargo, de medallas en los salones, de ese tiempo prohibiera el desnudo. Todo aficionado sabe que no era así, sólo que el desnudo estaba domado, necesitaba de coartada, una lección que pudiera ser presentada como el auténtico tema del cuadro, como podía ser la mitología grecorromana, la ilustración exótica o la recreación histórica, y que permitiese, por tanto, dada su importancia educativa llevar a verlo a toda la familia a que se instruyese y a presumir de conocimiento.

Lo que no estaba tolerado, por supuesto, es representar ese tema de forma contemporánea, de forma que esa sensualidad y erotismo del pasado encontrase vías para hacerse realidad en el presente, como es el caso de estas pinturas (u otros ejemplos no menos conocidos, como es el caso de Manet). O lo que era mucho peor que esa presentación contemporánea del tema no se disfrazase de lección moral, de moraleja, de denuncia de situación presente y de enseñanza que permitiese su reforma (cosa que, extrañamente, se hace ahora muy a menudo con la violencia).

No. Lo que más indignaba a las personas de ese tiempo, era que esos cuerpos, esa carne, estaba pintada igual que una naturaleza muerta, con casi indiferencia e inocencia, con serenidad y tranquilidad, de algo habitual y cotidiano, íntimo, ante lo que no caben sorpresas ni aspavientos. y es que a pesar del fuerte erotismo de estos desnudos de Modigliani, un erotismo que se fundamenta en la mirada, la mirada de quien se sabe observado y recibe y acoge al observador, hay como digo, al mismo tiempo, una serenidad y una tranquilidad evidentes en todos esos desnudos, una serenidad sin sorpresas, de no ser la primera vez, sino algo repetido y cotidiano, compartido y consentido, y que no plantea ningún problema o dilema moral.

Una serenidad y tranquilidad que permite otra pequeña subversión, tanto en tiempos de Giorgione y Tiziano, como el de Modigliani, el que al final lo que realmente importa es el cómo está pintado ese desnudo, el entramado formal utilizado para plasmarlo, puesto que, el objeto temático, la mujer desnuda, no es un individuo reconocible, es una idealización, igual en todos los lienzo e intercambiable entre todos ellos, que nos permite, al primer golpe de vista, saber que eso que vemos es de Giorgione, de Tiziano, de Modigliani.

Una serenidad y una tranquilidad, por último, que han desaparecido del arte de ahora mismo, en que de nuevo tenemos que buscar excusas para representar un cuerpo desnudo.