martes, 5 de febrero de 2008

No bridges accross abyss

I slept and I dreamed the dream. This time there was no disguise anywhere. I was the malicious male-female dwarf figure, the principle of joy-in-destruction; and Saul was my counterpart, male-female, my brother and sister, and we were dancing in some open place, under enormous white buildings, which were filled with hideous, menacing, black machinery which held destruction. But in the dream, he and I, or she and I, were friendly, we were not hostile, we were together in spiteful malice. There was a terrible yearning nostalgia in the dream, the longing for death. We came together and kissed, in love. It was terrible, and even in the dream I knew it. Because I recognised in the dream, those other dreams we all have, when the essence of love, of tenderness, is concentrated into a kiss or a caress, but now it was the caress of two half human creatures, celebrating destruction.

There was a terrible joy in the dream.


Doris Lessing, The Golden Notebook

Tenía pensado escribir una serie de entradas sobre esta novela, que ha sido mi lectura estas últimas semanas, pero la propia estructura de la obra, que va bifurcándose, multiplicándose, contradiciéndose, en otras palabras negando y eludiendo cualquier clasificación en la que se pretenda embutirla, ha impedido que pueda decir algo antes de terminarla.

Quizás lo único razonable (o justo, por utilizar una palabra más comprometida moralmente) que se puede decir acerca de esta novela, es lo mismo que Lessing apuntaba en la violenta y airada introducción que añádió a principios de los 70. Como su obra, esta obra, no era algo que se pudiese etiquetar, y por tanto no era ni feminista, ni comunista (o postcomunista), ni postmoderna, ni psicológica, ni cualquiera de esos otros conceptos que tanto gustan a los estudios. Porque la novela era efectivamente todo eso, feminista, al constituir la visión vital de una mujer libre en un mundo aún machista, postcomunista al narrar la resaca de la izquierda al descubrir el auténtico rostro del régimen soviética, postmoderna, al renunciar a una visión única del mundo e incluso a una verdad final cognoscible; pero al mismo tiempo era también lo contrario, revelándose un caleidoscopio de paradojas igual que el mundo de los años 50 en que los personajes vivián....un aspecto en que nuestra ahora y aquí, a pesar de su tan distinta sentimentalidad, es igual que aquel, puesto que no sabemos como ni por donde tirar.

De ahí la queja de Lessing ante todos los que se acercaban a su obra partiendo del consenso crítico, en intentando confirmar lo puestos descubrimientos que esas autoridades habían desentrañado. Un claro absurdo metodólogico, puesto que al ser una obra tan amplia y tan compleja, al constituir un amasijo de contrarios, cada persona vería una obra distinta. Una diferencia en la visión, que provocaba que aquellos que se acercaban a la novela guiados por otros, cometieran otro error sentimental (o vital) puesto que se hurtaban a sí mismos ese contruirse su propia visión por ellos mismos.

Y puede decirse que escribo en círculos, como este mismo blog, pero representar esa eterna oposición entre una postura y su contrario, que es la esencia de la novela, basta con el pasaje con que abro está entrada.

Porque la novela es, como digo, feminista, puesto que los hombres sólo buscan aprovecharse de las mujeres, usarlas y tirarlas cuando ya no las necesitan, pero la protagonista se descubre disfrutando una relación profundamente autodestructiva, en la que ambas partes asumen por turnos el papel de torturado y torturador, y en la que ambos son completamente sinceros el uno para con el otro, una plasamación retorcida y torturada del ideal con que ella sueña. Y a pesar de su convencimiento político, ese que es la raíz de la izquierda, de que la especie humana será capaz de superar la brutalidad, el odio, la guerra y la muerte, ella se descubre también deseando esa destrucción, ansiando experimentarla y hacerla experimentar, sabiendo que sólo de esa manera es posible ser feliz.

Lo cual coincide plenamente con la medida de mi propio pesimismo y la razón por la que ciertos contenidos, precisamente los contrarios, me son tan queridos.

Porque aquellos que viven en el Infierno sueñan con el Paraíso, mientras que nosotros, los habitantes de este tiempo, que podríamos contruir hoy mismo el Paraíso, ansiamos el Infierno.