jueves, 7 de junio de 2007

History is just contemporary History

En el panorama editorial de esta tierra que llaman España hay una editorial que destaca especialmente, al menos para mí. Se trata de Editorial Crítica, que consistentemente trae a este país las últimas novedades de historia, humanidades, ciencia, que aparecen en otras lenguas.


Puede imaginarse, por tanto, que me sentí intrigado por su proyecto de editar una historia de España en 12 volumenes y su propósito de encargar de esa tarea a auténticos historiadores, no a los panfletistas, polemistas, propagándistas y demás fauna, que tanto abundan en el ambiente cultural ibérico.


El proyecto no deja de ser interesante, por varias razones. En primer lugar, el establecer una historia de España, o si se prefiere una versión más o menos común y completa de esa historia es una tarea pendiente de la disciplina desde hace varios decenios. Simplemente, porque la versión anterior, la que se enseñaba y con la que muchos crecieron era esencialmente mitológica, creada por una dictadura que necesitaba justificar su existencia y, sobre todo, al estilo del fascismo italiano y del nazismo alemán, demostrar que surgía de una necesidad histórica y por tanto era inevitable. Sin, contar claro ésta, que esa versión estaba contaminada por una idología fuertemente nacionalista, según la cual, la historia de España se explicaba por sí sola, sin que fuera necesario estudiar la historia Europea, y además era única y monolítica, excluyendo cualquier posible variedad y diferencia que existiera en su interior.


Desgraciadamente, esa versión sigue bastante viva, alimentada por los herederos democráticos de la dictadura de antaño y lo que es peor, como reacción y oposición a esa postura, frente a la Historia de España, han surgido multitud de historias paralelas, buscando resaltar los rasgos característicos de cada una de las unidades que se engarzaron en eso que llaman España, y, para nuestra desgracia, copiando los defectos de la versión anterior, es decir, intentado explicar su historia sin tener en cuenta la de los vecinos y suponiendo una uniformidad interna que no existe tampoco en su caso.


Porque con esto entramos en la segunda parte de la cuestión. Realizar una historia de España supone implicitamente intentar definir en que consiste España, en otras palabras, cual es el significado e importancia de la entidad política que se compuso entre 1469, con la unión personal de las coronas de Aragón y Castilla, y 1512 con la anexión de Navarra. Un definición, no lo olvidemos que debe construirse desde dentro y desde fuera, estudiando el papel de España en el contexto de la historia Europa y la forma en que las distintas unidades, antes independientes, se integraron o no esa nueva unidad.


Y lo que es más importante, evitar partir de tesis preestablecidas, o la aplicación de nuestras ideas políticas actuales a las entidades del pasado, de manera que sea el estudio y el análisis de los hechos, el que lleve a formular conclusiones y no al contrario... eso tan fácil de decir, pero no de hacer, de que sean los hechos los que fuercen modifiquen la tesis y no al contrario, como es uso cotidiano de tanto panfletista y propagandista ibérico.


Puede imaginarse mi emoción al comprobar que la historia de España propuesta por Crítica se proponía esos mismos objetivos, incluyendo en el plan de la obra un tomos dedicados a España y Europa, es decir, pensando en España como una entidad inscrita en otras entidades mayores, influida e influyente en ellas, y cuya historia no se comprende sin ellas; y otro tomo dedicado a los mitos de la historia, es decir todas aquellos mitos que se han creado para promover, justificar o demostrar una ideología, que han pasado, por esa calidad de mitos, a ser parte del conocimiento popular y que han acabado por substituir a los hechos "auténticos"


Realmente apetecible, pero poco duraría mi entusiasmo, el tiempo justo hasta leer el resto del plan de la obra.


El caso es que de los diez tomos restantes, ocho se dedican al periodo entre 1500 y 2000, y cinco a los siglos XIX y XX.


Me quedé, por así decirlo, sin habla.


Esto supone que a la prehistoria, protohistoria y conquista romana se le dedica un tomo y a toda la edad Media otro. Estrictamente, por así decirlo, es una decisión lógica, ya que España, como objeto histórico, realmente sólo cuenta con cinco siglos de vida, antes, por mucho que nos empeñemos, no existía España, se podía hablar de Hispania, Iberia, Provincias Romanas, Reinos Germanos, Al-Andalus y Reínos Cristianos o Castilla, Portugal, Aragón y Navarra, dependiendo de cuando hiciéramos el corte temporal.


En otras palabras, la Historia de España de Crítica se propone como una historia de la entidad política que se llama España, acompañada por un prológo sobre sus orígenes. Esto que, metodológicamente es correcto, a mí me parece un soberano absurdo. La historia, por poner un ejemplo del baja edad Media Ibérica es de una riqueza y complejidad sorprendente, que daría para llenar libros y libros... y no ya por sus propios acontecimientos, sino por tratarse de una zona de contacto entre dos civilizaciones, la islámica y la cristiana, que se influyen y modifican mutuamente a través de esta frontera, y que periódiamente necesitan de un "update" desde el centro de sus respectivas civilizaciones, ya sea en forma de Cluny o Cister, o Almohades y Almoravides, para mantener la unidad cultural y religiosa.


Además hubiera sido la oportunidad de oro para hacer un poco de orden en la historia de los reínos de la península, pero, a mi entender, ahí está el problema, ya que, en este estado multinacional en el que vivimos, cada nacionalidad, incluyendo la metanacional, ha proyectado sobre esos reínos sus ideales de futuro, con lo que reescribir o reintepretar la historia medieval es, se quiera o no, como golpear un avispero con un palo, un terreno peligroso donde cualquier declaración puede llevar a respuestas airadas y ultrajadas... aunque lo único que se haga sea mostrar los datos fríos y estériles que denotan la auténtica ciencia.


No es extraño, por tanto, que en un momento de crispaciones varias como el actual se haya pasado de puntillas por esos periodos históricos, aunque hubiese sido el momento actual para demoler, de una vez por todas, la supuesta españolidad, si esa idea tiene algun sentido, de emperadores romanos como Adriano, del Greco o de la misma Alhambra... o de señalar la cortedad de miras de otras interpretaciones no menos contaminadas de entusiasmo patriótico.


Pero, aun cuando esto tenga alguna importancia, la razón de esta falta de interés por la historia antigua y medieval se debe a otros factores. En concreto a que la historia, nos guste o no, tiene un público, y el historiador, quiera o no, tiene que adular al público. Esto lleva a que la gente tienda a preferir la narración de la historia que constituye su propia historia, es decir, la de los hechos que ha vivido o de aquellos cuyos recuerdos le han sido transmitidos a través de padres y abuelos.


No es extraño, por tanto que se dedique un volumen a la República y guerra civil, otro a Franco y otro a la democracia del 76, al tratarse como ya digo, de temas que afectan a la memoria directa e indirecta del lector, que aún le afectan personalmente, hasta el extremo de dividir a los españoles en campos opuestos, y con los que, por tanto, puede identificarse. Un ámbito histórico que puede hacerse retroceder hasta los inicios del siglo XIX, pero no mucho más allá, pues fue en aquella época, cuando nacieron gran parte de las ideologías que aún perviven, y cuyos supuestos filosóficos aún puede entender... lo que le resultaría imposible tratándose de la sociedad del XVI o el XVII, y mucho menos de tiempos medievales.


Un enfoque de la historia de España que parece pensado en el lema de que toda Historia es Historia Contemporánea, en el sentido de que busca solución a los problemas de hoy y, que por tanto, sólo toma aquello que considera de interés para la interpretación del presente, olvidando que un análisis más riguroso del pasado podría llevarle a conclusiones inesperada, especialmente si se realizar de manera comparativa, intentado contrastar las soluciónes diversas que se dieron a los mismos problemas, fenómenos y situaciones... pero claro, eso podría llevarnos a darnos cuenta de que nuestras ideas de ahora mismo son arbitrarias, tan falsas, equivocadas y pasajeras como las del pasado.


Una nueva oportunidad perdida, por tanto.