martes, 12 de junio de 2007

The greatest man

Kirikou: Elle est beaucoup plus méchante que les autres.
Madre: ou Elle a beaucoup plus de pouvoir

Kirkikou et la Sorcière, Michel Ocelot, 1998

Kirikou: Ella (la bruja) es mucho más malvada que los otros
Madre: O tiene mucho más poder

En los años 70, el director Barbet Schröder se propuso rodar un documental sobre Idi Amin Dada. Ni corto ni perezoso, se puso en contacto con el dictador ugandes y le expuso la idea, la cual fue aceptada con entusiasmo, con la condición, impuesta por el mismo Idi Amín, de que él señalaría qué debía ser rodado y qué debía aparecer en el documental.

Un terreno, por tanto, abonado para la loa, el autobombo, la glorificación y la hagiografía. Ya se sabe, la imagen que todos los dictadores quieren transmitir, la del hombre providencial, elegido por la historia, que salvó a la patria de su mayor humillación y la llevo a los más altos destinos, gracias a su dedicación y constante vigilancia, lo que le granjeó el cariño de su pueblo y la admiración universal... y tal y tal

(ponga aquí el nombre de su dictador favorito, o mejor dicho destestado)

Pero claro, estas cosas funcionan si el propio cineasta es un convencido de la causa, estilo Leni Riefenstahl y Hitler, y es capaz de limar la realidad para que sea aceptable para los que no lo son. Abandonados a sus propios medios y sin nadie que les corrija, el resultado de una loa del dictador realizada por el mismo, no da otro resultado que la caricatura, más destructora y corrosiva que cualquiera que sus propios enemigos pudieran imaginar, mucho más subersiva, puesto que el propio dictador pensara que con ella está asombrando al mundo, mientras que sólo causa la carcajada general.

Un ejemplo basta. Observen esta imagen.


El hombre de la izquierda, fondón y obeso, es el propio Idi Amín, que acaba de retar a sus generales y ministros a una competición de natación, en la cual, según el mismo confiesa a la cámara, habrá de quedar el primero como es propio de el autoproclamado líder supremo de Uganda y el resto de África.

Obviamente, el resultado no debería haber sido ese, dada la diferente forma física de los participantes, pero todos los presentes son personas cuyo cargo lo deben al favor de Amín, y que, si lo perdieran, se verían expuestas al peor de los castigos. Así que no es de extrañar que, en cuanto se lancen al agua, rivalicen en perder ante el general, algo que la cámara recoge con absoluta frialdad... a lo que siguen las declaraciones del dictador, según sale del agua, en las que se ufana de su triunfo, el cual, con su habitual e infalible clarividencia, había predicho.

Una escena aterradora, por la abyecta humillación de esos generales y ministros, aterrorizados ante el lider, y la ceguera autoinducida del dictador, que ha acabado por creerse su propia propaganda, que halaga su vanidad y soberbia.

Mucho más aterradora si empezamos a hacer comparaciones con personajes más cercanos.

Uno muy cercano en mi país, sería cierto magnate de la construcción, presidente de un famoso club de fútbol, alcalde de un municipio famoso por la corrupción urbanística, y promotor de partidos políticos que buscaban el voto popular para defender al líder de toda suerte de fuerzas obscuras que le amenazaban. Esta persona, curiosamente, protagonizó una escena casi idéntica a la de Idi Amín ya que, cuando comenzaron a emitir las cadena privadas, una de ellas le concedió un programa, en el que aparecía siempre al borde de una piscina, sobre una tumbona, semejante a un león marino dada su corpulencia, y rodeado de mujeres de bandera, cuya presencia sólo podía justificarse por el dinero con el que las pagaba.

Una escena ridícula y degradante, algo que causaba la carcajada y el desprecio de los espectadores, pero también una escena que había sido pensaba y aprobada por el mismo protagonista que, en sus propias declaraciones a cámara, lo veía como un acto de propaganda que le enaltecía ante los españoles y provocaba su admiración y cariño.

Y con esto llegamos a la más aterradora de las conclusiones. Puesto que si, haciéndo una comparación extrema, puede pensarse que este magnate era un Idi Amín sin poder, es posible también pensar que Hitler era un Idi Amín que tenía en su manos el poder de la mayor potencia europea de su tiempo.

En efecto, en el documental Idi Amín nos habla de sus planes de conquista mundial, e incluso representa con su ejército ante la cámara las operaciones en las que piensa embarcarse, extrañamente similares a las del Führer, del cual es rendido admirador. La única diferencia es que el ejército de Idi Amín es un ejército de pacotilla, sin ninguna posibilidad real, no ya de vencer en campaña, sino de ni siquiera emprenderla, con lo cual todos esos sueños de grandeza se nos revelan como delirios de grandeza, alucinaciones de un psicopata, que debería estar en un manicomio.

Juicio que debería ser el aplicable a Hitler, que no pasa de ser un Idi Amín con recursos para plasmar sus delirios. Opinión, la de persona despreciable y mediocre, rica sólo en fantasías de destrucción, pero al mando de una potencia mundial, que debería ser con la que pasase al historia y no la del genio del mal, pero genio al fin y al cabo, y por tanto superior al resto de la humanidad, que comparten gran parte de la derecha y no poca de la izquierda.