lunes, 13 de junio de 2005

Le Jeu de Robin et Marion

De vuelta del torneo, el caballero se topa con la bella pastora Marion, y, como no podía ser de otra manera, la requiere de amores.

Ella se niega, sin embargo. Tiene a Robin y ha decidido serle fiel... o quizás es que no le place el caballero. Este monta en cólera, pone en fuga a Robín, que huye como un cobarde, y rapta a la pastora... para no conseguir nada, puesto que ante su resistencia y su negativa a otorgarle sus favores, debe ponerla en libertad.

Extraño tema para una obra de finales del siglo XII. Un caballero que ve puesto en duda su poder sobre sus vasallos, una mujer que reclama su derecho a elegir y lo mantiene, un amante que se revela como un cobarde. Un ejemplo temprano de opera in musica, donde todos los temas son profanos, ninguno sacro, donde se acumulan temas y danzas populares, donde la sexualidad y la violencia que la acompaña están presentes en cada instante.

No estamos ante ningún manifiesto.

Adam de la Halle compuso esta obra para la corte Angevina, en Napoles. Debía ser representada antes los reyes, acompañados por toda la corte. Los mismos nobles que eran ridiculizados, eran aquellos que lo habían encargado, los que disfrutaban con los giros y revueltas de la historia.

Su ideología es clara. Nada debía turbar el orden social. El mundo de Marion, el mundo representado por Adam de la Halle, era un mundo inexistente, la república de pastores, la Arcadia Felix, el paraíso con el que la crema de la sociedad podía soñar, un mundo de poesía e felicidad, muy distinto del mundo real en que vivían los pastores reales... unos pastores a los que ni se dignarían en mirar.

Para ellos, el caballero recibía su justo castigo, simplemente por atreverse a romper el orden social y pretender a una campesina. Cada cual en su sitio, no sea que alguien piense en moverse. Mariom hacía bien en defenderse y quedarse con Robín, aunque éste fuera un cobarde. Era alquien de su clase.

Además, Marion era un ejemplo de virtud. De la fidelidad que debía ornar a cada esposa cristiana, de lo resolución con que debía defender su tesoro.

¿Pero es así?

Ocho siglos más tarde, la obra sigue siendo sorprendente. ünica. Incomparable. Así debieron pensarlos sus copistas, a los que debemos tres manuscritos, profusamente ilustrados, casi describiéndonos una representación de la historia.

Ocho siglos más tarde, Marion sigue diciéndole que no al caballero. Eligiendo voluntariamente a quien desea amar, cantándalo en la música de su gente y de su clase... mientras que el caballero continúa marchándose, derrotado, avergonzado, destruido por su propio orgullo y violencia.