sábado, 19 de junio de 2010

On your own


Los pocos que sigan este blog habrán podido comprobar como mis comentarios sobre anime se han ido reduciendo hasta casi desaparecer. No es por falta de ganas, ya que aún me queda por comentar una de las grandes series de esta primavera, pero por alguna razón las fuentes habituales parecen estar secándose, o mejor dicho, la mala moneda expulsa a la buena en las preferencias de los suministradores. Por suerte, aún sigo en mi revisión de series antiguas (me duele mucho llamar antiguo a series de hace un lustro, cuando estoy leyendo obras de hace casi dos milenos) durante la cual le llegado el turno a Eureka 7 del estudio Bones.Tengo que admitir que mis sentimientos son encontrados hacia estudio. Se crearon como una escisión de Sunrise, por un conjunto de animadores descontentos con el movimiento a la comercialidad de uno de los estudios más interesantes de los 90 (el creador de Escaflowne y Cowboy Bebop) y en su haber está una de las series máximas del anime, la nunca lo bastante elogiada RahXephon, donde el buen hacer de este estudio y sobre todo la calidad de su animación brillan por todas partes. Sin embargo, nunca han vuelto a hacer una serie tan redonda como aquella e incluso en los últimos tiempos se han visto también afectados por la tendencia ha construir productos rebajados, sin la tensión y la obscuridad de hace un decenio, aunque todo hay que decirlo, el diseño de sus personajes nunca ha caído en el complejo kawai/moe que astraga el anime reciente, sino que siempre ha conservado una cierta madurez y personalidad, incluso en los personajes más jóvenes.

Madurez en el diseño de personajes y en su personalidad es especialmente apropiado a Eureka 7. Aparentemente la excusa argumental parece un guiño a la juventud aficionadas a los monopatines y a ciertos modos de la contracultura, pero curiosamente es cuando se sale de esta premisa y la olvida cuando la serie empieza a cobrar interés, ya que lo que se muestra en ella, todo lo distorsionado que se quiera, no es otra cosa que una Bildungroman, en la que los ideales y sueños de juventud, se ven contradichos por la realidad, siendo esta tensión entre la realidad y lo deseado, entre lo imposible y lo alcanzable, lo que contribuye a forjar la persona, siendo este proceso de evolución y cambio en la psicología de los personajes lo que presta a la serie el interés que faltaba en la serie en su primer cuarto.

Esta disociación entre el gancho publicitario y lo que realmente se cuenta es especialmente notable cuando en el segundo cuarto de la serie aparece una pareja de personajes que directamente roban el protagonismo de la serie y la llevan a una de sus primeras cumbres; lo cual se realiza de modo perfectamente consciente, ya que el diseño de estos personajes, ambos maduros, parece escapado de una serie de los 80, mientras que el del resto pertenece al 200x, utilizando además este contraste entre estos dos personajes y el resto del elenco protagonista como uno de los motores en la metamorfosis del protagonista de la serie.

No obstante, la mayor evolución se da en el personaje que da nombre a la serie, Eureka, que pasa de ser una auténtica iron maiden, desprovista de todo sentimiento humano, a protagonizar un proceso de humanización y descubrimiento personal, que, muy inteligentemente se va plasmando en su aspecto personal, cuidado hasta la obsesión al principio, pero que poco a poco va perdiendo esa rigidez en su atuendo y acicalado, llegando incluso al extremo de que una experiencia crucial va a dejar no sólo cicatrices en su mente sino también en su cuerpo, como símbiolo de cambio irreversible.

Una evolución que llegará a una conclusión a mitad de la serie, ejemplificada en el modo de vestir del personaje que por primera vez cambiará de atuendo y vez de quedarse a esperar a la persona que ama, a que vuelva u otros lo encuentren por ella, saldrá al mundo a buscarlo, sin importarle los peligros que pueda encontrar en el camino, escena ejemplificada por la captura que he incluido al principio.

Y fue en este momento, viendo esta decisión, éste auténtico paso a la madurez dejando atrás al niño, me vino a la memoria una historia de mi familia, de como mi abuela, durante la guerra civil que desgarró este país en los años 30 del siglo pasado, al no tener noticias de su marido durante largos meses, tomo a su hijo recién nacido y fue a buscar a su amado al frente, sin importarle los peligros que ambos pudieran correr en el camino, y como al final lo encontró gracias a la ayuda de los soldados allí destacados, que al verla llegar pensaron en la personas queridas que habían dejado atrás.

Y quizás es esta historia, escuchada desde mi más tierna niñez, convertida en leyenda y ahora conservada sólo en mi memoria, una vez muertos sus protagonistas; la que me hace tener una inclinación irresistible por las historia de amor, aunque yo nunca haya podido gozar de la mía propia.

La que me hace, en definitiva, creer en la bondad y en la grandeza del ser humano, por mucho que nos empeñemos en convencernos todos los días de lo contrario.