jueves, 24 de junio de 2010

Glaring Obscurity




















No quería hablar de la última serie de Yuasa Masaaki, Yojōhan Shinwa Taikei o en su transcripción inglés Tatami Galaxy, hasta no disponer de unas fuentes en la calidad que se merecen, es decir, al menos 720p, pero la crisis y la obsesión de las fuentes habituales con la última fotocopia del complejo Moe/Kawai lo han hecho imposible, así que al final, inducido por el descacharrante episodio 7 de la serie, me he visto obligado a romper el silencio.

Yuasa Maasaki no es un ningún don nadie en el anime, desde su irrupción con Mind Game, hace ya unos años, se ha revelado como uno de los creadores más consistentes de la escena y, lo que es más importante, uno de los pocos que se atreve a salirse de los caminos trillados, haciendo de la experimentación su seña de identidad, y moviéndose hacia terrenos y estilos más próximos al cómic underground y europeo.

Nada que ver como pueden imaginarse, con el complejo Moe/Kawai tan de moda hoy en día, y sí mucho con lo que había hecho grande al anime japonés... o al menos nos llamó la atención a aquellos que vivimos el estreno de esa obra mayor llamada Akira.

Porque no es solo que Yuaasa presente siempre historias con personajes adultos, o como mucho en su adolescencia tardía y primera juventud, que se cuele siempre una componente de comentario social o que sus historias se centren en los aspectos obscuros de la existencia,
casi desprovistos de toda ligereza y cuyo el humor, como es el caso, es eminentemente negro; lo más importante es que Yuuasa sabe que la animación, por mucho que nos intente convencer con la 3D, es eminentemente distinta de la imagen real, y que su campo natural es la exageración, la caricatura, la deformación, las bromas e ironías visuales expresadas por la contraposición de diferentes estilos.

Unos presupuestos estéticos que encuentran una plasmación casi perfecta en esta serie, donde un personaje repite una y otra vez el mismo ciclo vital, sin ser consciente de ello ni del detalle que le mantiene preso en ese círculo vicioso, pero donde pequeñas variaciones de las condiciones iniciales (por utilizar el lenguaje científico) le llevan a resoluciones completamente opuestas, a cada cual más disparatada y por supuesto catastróficas.

Una premisa que narrada en imagen real pronto se habría tornado aburrida y repetitiva, pero que en animación se mantiene fresca a cada iteración, ayudada por ese no haber límites y estar todo permitido que es característico de la forma.