viernes, 15 de enero de 2010

Sex & Violence















Valerian Borowcyzk es uno de los nombres míticos de la animación, pero por una de estas paradojas de la historia, el recuerdo que queda de él en la memoria de la mayoría de los aficionados al cine es el del director de una serie películas eróticas de mediados de los 60, por lo que fue crucificado por la crítica contemporánea, para la cual tal aproximación no era lo suficientemente radical y revolucionaria... cuando extrañamente, en estos tiempos modernos, la fascinación de Borowcyzk por el sexo hubiera sido aplaudida desde todas las tribunas.

Borowcyzk no es el único director de animación que ha dado al salto a la imagen real y cuya imagen se ha distorsionado en la memoria, hasta el punto de que, por esa asociación animación=infantil, apenas se recuerda su obra primera, normalmente mucho más brillante que los largometrajes convencionales que le siguieron. Un ejemplo claro es el de Georges Pal, al que se recuerda normalmente por sus obras de ci-fi de los 50, pero que es una de las grandes figuras de la animación, con una serie de cortos en stop-motion de los años 30 y 40 que asombran aún hoy en día, en los tiempos del ordenador, por su perfección en el movimiento y la imaginación e inventiva que derrochan.

No obstante el nombre de Pal, aún entre el aficionado que sólo conoce de sus obras de ci-fi, es recordado con cariño, mientras que el de Borowcyzk, debido a sus obras soft-porn, es considerado a un nivel inferior de los cineastas serios e importantes, cuando con su obra animada de los 50 y 60 a caballo entre Polonia y Francia contribuyo a revolucionar el modo en que se hacía y contemplaba la animación, consiguiendo, junto con Jan Lenica, incorporar en ella las formas artísticas más avanzadas y convirtiéndola en un medio de la vanguardia y la experimentación visual.

Un ejemplo es el corto Les Astronauts, realizado en 1959 junto con Chris Marker (otro nombre mítico del cine, esta vez en el documental), en el cual un científico se manufactura, con papeles y cartones, un cohete de fabricación propia, con el cual se lanza a explorar el espacio. Un viaje lleno de enigmas, narrado únicamente con imágenes utilizando pixilation y stop-motion, y donde el significado de lo que ocurre es ocultado sistemáticamente, permitiendo al espectador que saque sus propias conclusiones (así por ejemplo, ¿De qué es símbolo el pequeño cohete rojo al que el protagonista salva de otro cohete blanco? ¿Del programa espacial soviético? ¿entonces porque éste se revuelve contra el protagonista y destruye su nave?)

Sin embargo, la que puede ser la obra maestra de Borowcyzk es el corto Les Jeux des Anges de 1964, un corto casi completamente abstracto donde habitaciones vacías y objetos sin sentido se resuelven en repentinos paroximos de violencia, sin que se nos revelé el sentido final del corto o la posible situación histórica a la que se hace referencia, mas allá del presentimiento de hallarnos en un sistema político donde la muerte se aplica de forma racional e institucionalizada por parte quizás, de esos mismos ángeles a los que el título del corto hace referencia.




Desgraciadamente, tras esta cima de cortos de finales de los 50 y principios de los 60. Borowcyzk se entrego de lleno a sus producciones eróticas, una afición que siempre aparecía en sus cortos pero que llega a términos de auténtica obsesión, lo cual, unido a su progresivo descrédito crítico le llevó a filmar subproductos como Emmanuel 7, muy lejos del rigor abstracto de su época animada o de su obsesión por el sexo.

Una decadencia que lleva a que cortos tardíos, como Scherzo Infernal de 1985, sean totalmente prescindibles, casi procedentes de otra personalidad completamente distinta y no del maestro que abrió nuevas vías a la animación.



Triste conclusión y destino, que un artista de primera categoría acabase así y, sobre todo, que sea recordado por esas producciones y no por los cortos animados que constituyen lo mejor y más importante de su obra.