viernes, 22 de enero de 2010

Lacking and Wanting (y III)




Por continuar con los comentarios que, de tarde en tarde voy escribiendo sobre la magnífica serie Aoi Bungaku, le ha llegado el turno a los dos que adaptan la novela Kokoro, de nuevo un ejemplo magistral de lo que es una auténtica adaptación, es decir no una transcripción palabra por palabra (o viñeta por viñeta) si no el intento de plasmar aquello que los adaptadores han creído ser el espíritu de la novela, lo que les ha llamado la atención, o su visión personal de los asuntos concretos.

En ese sentido, Kokoro es una novela especial desde el punto formal, ya que mucho antes de que existiera el termino postmodernista, utilizaba ya elementos propios de esa práxis. En concreto, y al igual que Faulkner, en Kokoro se busca destruir cualquier pretensión de objetividad, o mejor dicho, cualquier pretensión de poder determinar lo que realmente ocurrió. En el relato, el narrador no es un testigo de los hechos sino que sólo cuenta con las narraciones de los participantes de un hecho del pasado, testimonios que están distorsionados por las emociones de cada uno de ellos y que no pueden ser contrastados entres sí, al faltar la opinión de uno de los protagonistas, muerto hace tiempo. Una labor de reconstrucción que ya de por sí es imposible, y donde las deducciones del narrador no pueden ser otra cosa que especulaciones, al faltar datos, dejando al lector en la ignorancia de lo que ocurriera realmente, y sobre todo, de porqué ocurrió así.

La serie animada da un paso más en esta imposibilidad de reconstruir la realidad. En este caso, se nos relata la versión del personaje muerto, pero en vez de aclarar sólo sirve para confundirnos aún más, puesto que la reconstrucción que hacemos cada uno de nosotros sobre lo que nos rodea, está fuertemente mediatizada por nuestro punto de vista, enturbiado por nuestras creencias y las que suponemos a los demás, que nos hace pensar que actúan motivados por unas causas que no tienen porqué existir, sino ser un error de nuestras apreciaciones.

Esa imposibilidad de reconstrucción se manifiesta en el anime de forma completamente visual, cambiando la estación del año en que, para cada protagonista, transcurre la acción, verano para uno, invierno para el otro. Una disociación que tiñe y contamina toda la historia, puesto que, aunque en líneas generales la peripecia narrativa sea la misma, el consabido triángulo amoroso que destruye la amistad entre dos amigos y lleva a uno de ellos al suicidio, la percepción con la que ambos experimentan esos sucesos es, como digo, completamente distinta, de forma que el personaje de la amada se convierte en dos personas de personalidades casi opuestas, mientras que los sucesos que llevan a la misma conclusión narrativa son diferentes, así como los mensajes dejados por el suicida y que he adjuntado al principio de la entrada.

¿Exagerado? Como digo, todo el que haya leído a Faulkner sabe de la importancia de las narraciones orales en sus novelas, y como esas narraciones se revelan versiones incompletas, involuntariamente faltas, debido al desconocimiento de lo que ocurre en las mentes de otros. Un efecto que ya ocurría en Proust donde también el esclarecimiento de lo ocurrido en el pasado se tornaba imposible al haber borrado el tiempo los recuerdos de los protagonistas

Un ignorancia que aquí, en Kokoro, se convierte en una sombra imposible de eliminar, al no poder comprender los supervivientes las razones del suicidio del tercer vértice del cliente, que tampoco se explican en la narración inventada por el anime,al hurtársenos de nuevo información esencial, en este caso, la de la mujer protagonista que en el fondo fue siempre una desconocida para sus dos amantes, hasta el extremo, como digo, que ambos vieron en ella diferentes personas...