lunes, 13 de julio de 2009

When the cat is away







Ya había hablado de como al marcharse Ub Iwerks de la Disney y quedar Walt como jefe indiscutible del estudio, la producción empezó a derivar hacia el sentimentalismo y el conservadurismo que todos asociamos con ese estudio. Sin embargo, a pesar de eso, la calidad técnica y el humor más desenfrenado, blanco, eso sí, pero igual de anárquico y desenfrenado, continuaron siendo un elemento importante de los cortos de la productora en los primeros años 30

Al menos hasta que Disney se embarcó en la creación de su primer largo, Blancanieves en 1937, puesto que desde instante se despreocupó completamente de la dirección de los cortos, para pasar a centrarse en la producción de los largos de finales de los años 30 y la década de las 40.

No sería la primera vez que Disney se aburriese de algo. Nuevamente en los cincuenta, El jefe dejaría de lado la animación y se centraría en la TV, los largos de imagen real y, por último, los parques de atracciones. En ambos casos, la rama del negocio dejada de lado entraría en una irremediable decadencia, que en el caso de los cortos provoca que la mayor parte de los cortos Disney sea perfectamente olvidables, al consistir en la repetición continua de una misma fórmula hasta que esta pierde todo su significado.

Sin embargo, no todo sería malo en este olvido del jefe. Como bien saben quienes se han preocupado por estudiar la producción Disney, los largos de los años 50 tienen un aire arty que no casa en absoluto con el conservadurismo de Walt, mientras que los cortos Donald de aquella época consiguieron resucitar al que es quizás el personaje más carismático de la compañía, especialmente en su encarnación cómic a cargo de Carl Barks.

Y luego están los cortos de Goofy.

En los años 40, Jack Kinney se encargaría de producir lo que es quizás la mejor serie de cortos de la Disney, capaz de resistir la comparación con las obras maestras de la Warner, aprovechándose del desinterés de Disney y de que Goofy no era más que un segundón, para el que acababa de crearse una serie propia (que comienza por cierto, con uno de los cortos paradogmáticos de la productora, al resumir todos y cada uno de sus defectos que le atribuimos), pero que le permitió crear con completa libertad y producir prácticamente lo que le venía en gana.

Una libertad que utilizo de una forma inesperada para lo que era habitual en la Disney, incluyendo fuertes dosis de violencia (como es apreciable en las capturas que encabezan esta entrada), realizando auténticos ejercicios de quasipostmodernismo, en los que cada corto se construye como un pseudocumental/retransmisión en vivo, donde las palabras del narrador/comentarista son negadas por lo que se ve en pantalla, y desplegando una inventiva visual y formal como no se veía desde tiempos de Ub Iwerks.

Como puede verse en este hilarante spoof de un partido de tenis, Tennis Racquet realizado ni más ni menos que en 1949 (y como siempre denle al botón de HD)