lunes, 6 de julio de 2009

We're but an exception

This disillusionment colours the strange postt-1989 triumph of democracy in Europe. Seventy years earlier, the consolidation of democracy across the continent after First World War fitted liberal dreams of a new world order: Europe seemed destined to become the model for mankind. Through the League of Nations the new states would learn the habits of democracy from the more mature and advanced states of the West, while through colonies and mandates, the great imperial powers would spread democracy more widely. The defeat of comunnism in 1989 carried no such global implication, and no such evangelical dreams. Democracy suits europeans today partly because it is associated with the triumph of capitalism and partly because it involves less commitment or intrusion into their lives than any of the alternatives. It is for this reason that we find both high levels of suppor for democracy in cross-national opinion polls and high rates of political apathy. In contemporary Europe democracy allows racist parties of the right to coexist with more active human protection of human rights than ever before. It emcompasses both the grass roots politics of Switzerland and near dictatorship in post communist Croatia.

Mark Mazover, Dark Continent

En esta Europa de primeros de siglo, hemos acabado todos por convencernos de un mito fundacional, perverso por ser mito, no por los ideales que representa. Se trata por supuesto el creernos la sede de todas las libertades, de todos los derechos, de lo poco bueno que hay en el mundo, pero sobre todo, la idea de que siempre hemos sido así, de que siempre hemos estado a la vanguardia de ese combate, y de que era inevitable que acabará de esa manera.

Si para desmontar ese espejismo no bastase una mirada a nuestro patio político europeo, de los chillones conversos neoliberales del este Europeo a los que aún se les notan las costuras de los galones del partido a las estrellas mediáticas políticas o a los que confunden el país con su finca privada, sin olvidar a los indecisos que buscan contentar a todo el mundo o a los que ido cediendo en sus ideales hasta encontrarse sin ninguno... si esto no bastara, repito, lo conseguiría la lectura del resumen que ha escrito Mark Mazover sobre la historia europea en el siglo XX.

Una Europa que, no lo olvidemos, fue colonial e imperialista durante gran parte de ese siglo, y que consideraba hasta hace casi nada, al resto de la humanidad como inferiores que, a lo mejor, con tiempo y la educación correcta podrían llegar a convertirse en algo parecido a sus gobernantes y mentores. Una Europa asímismo que se embarco en dos guerras mundiales que culminaron en una matanza generalizada de proporciones inimaginables y donde aquellos mismos que luchaban por la libertad del continente acabaron imitando los procedimientos de los que pretendían sojuzgarlo.

Pero sobre todo una Europa que en ciertos momentos, como los años 30, acabó fascinada por los totalitarismos de ambos signos, hasta el extremo que parecía que la democracia iba a desaparecer definitivamente de la faz de la tierra, arrumbada por sistemas políticos mucho más efectivos y modernos, más apropiados para gobernar a los hombres y asegurar su bienestar.

Una posiblidad histórica, la de que ahora viviésemos en un mundo de dictaduras totalitarias, donde las libertades personales y sociales de las que nos ufanamos no existieran, que bien podría haberse convertido en realidad, no por inevitabilidad histórica, como bien señala Mazover, sino por decisión propia de una mayoría de Europeos, aunque nos cueste tragar esa dura verdad.

Y es que esas libertades de las que presumimos son producto de ayer mismo, causadas paradójicamente por la desilusión y la apatía política que sucedió a las inmensas matanzas del siglo, y que sembraron por toda Europa la desconfianza ante todas las ideas, todas las ideologías, todos los sistemas que se situan por encima de los hombres y que buscan conducirles al combate por paraísos futuros, bien sean el de la raza superior, bien el de los trabajadores y campesinos.

Unas libertades y derechos demasiado nuevas, que pueden marchitarse en cualquier momento y que siempre están amenazadas.

Por esa misma apatía y desilusión que permitió que crecieran.