viernes, 5 de junio de 2009

Shadows, Shadows (y IV)

Hablaba en el post anterior, al hilo de la disolución de los cánones como es posible detectar dos corrientes en la pintura europea de los siglos XIX y XX, lo que podríamos llamar la corriente realista/impresionista/abstracta que acaba por olvidarse del tema en su persecución por la forma (o de como el intento por reproducir la realidad tal y como es vista, ergo, el realismo, lleva a crear cuadros que simulan la impresión provocada por esa realidad, ergo el impresionismo, y esa impresión lleva al abandono de cualquier intento de representación), mientras que por otra parte tenemos una corriente romántica/simbolista/surrealista, en la cual se produce el efecto contrario, la preocupación por impresionar al espectador, subordinando los medios pictóricos al tema, lleva, vía el simbolismo, que huye de la realidad en persecución del tema, a los cuadros donde es imposible identificar el tema, porque el propio pintor se ha preocupado de ocultarlo celosamente o de incluir todas las refutaciones de los argumentos representados.

Curiosas filiaciones estéticas que llevan a negar los puntos de partida.

Pero si hablamos del surrealismo, uno de tantos movimientos indefinibles, puesto que no hay un criterio válido para decir quien entra y quien no, más allá que las certificaciones que André Breton extendía a su capricho, es preciso señalar que él no es otra cosa que un acúmulo o un resumen de contradicciones, no siendo la menor que la idea vulgar que tiene la gente de ese movimiento sean las producciones de miembro tardío como Salvador Dali, y éstas en la forma de su decadencia pictórica, encarnadas en la película de Hitchcock, Recuerda.

Como saben aquellos que se hayan molestado, el surrealismo existía ya mucho antes de que Dalí irrumpiese, y continúo su andadura mucho después de que esté se dedicara a hacer pintura de encargo, puesto que prefería dedicar sus energías al happening y la performance, derrotando a Warhol en su propio terreno, aunque éste intentase ocultarlo . Es más, dentro del contexto del surrealismo casi se podría decir que Dalí es una excepción, puesto que su pirotecnia pictórica entra en conflicto con el intelectualismo que imbuye la mayoría de las producciones de este estilo y que les da un aire de frialdad, de desapego frente al espectador que no solemos atribuir a un supuesto estilo combativo, rebelde y revolucionario.

Una doble oposición, entre la vulgarización del surealismo y su auténtica realidad, entre Dali como pintor surrealista y todos los domas, que quedaba perfectamente plasmada en la ya cerrada exposición La Sombra de la Thyssen/CajaMadrid.


Puesto que bastaba encontrarse con una de esas reuniones de sesudos sabios indiferentes a la esculturales mujeres desnudas que corrían entre ellos, tema que parecía ser del especial agrado de Delvaux.


...o las sutiles mezclas de contrarios, aparentemente sin importancia, pero demoledoras de nuestros conceptos y seguridades, que constituían el leit-motiv de Magritte...




...o los horizontes imposibles, habitados por seres abstractos que Tanguy repetía una y otra vez, pero que nuevamente una y otra vez eran completamente distintos e igual de turbadores...


...visiones todas ellas, como digo, en las antípodas de la práxis Daliliana.

2 comentarios:

David Jack dijo...

Pero la sombra de Dali es larga... muy larga... y a pesar de nuestro pequeño ecosistema peninsular nacionalista catalano-español donde, cualquier sombra de heroe se compone en un homo-erctus para el beneplacito de los ayuntamientos y caciques... Dali golpeó culturalmente a la masa (sin usar el termino de forma despectiva), al subconsciente humano, al siglo XX y es curioso, pk él buscaba eso... y hacerse unas pajillas... mientras se daba cuenta... y luego hacer un cuadro.

Buen aporte y como siempre, gracias por tus posts.

David Flórez dijo...

Por supuesto que Dalí es un gran artista. En dos ocasiones, puso patas arriba el patio, primero en los años 30 cuando irrumpió en el Surrealismo y luego a partir de los años 40, cuando se convirtió en artista/showman, para el que no importa la obra, sino las que monta, adelantándose en 20 años a Warhol y en casi medio siglo a lo que ahora es normal y que Serra encarna a la perfección.

Lo que sí me molesta son los Dalinianos, aquellos que igualan Surrealismo=Dalí, olvidando las incontables encarnaciones de ese movimiento o que hubo gente como Ernst que estuvo desde el primer día, o a los que se les hace el culo agua con cualquier tontería firmada por el maestro, negando que su pintura desde aprox 1945 no tiene casi interés... porque él como digo se dedicaba a la performance y al escándalo, donde brilló de manera notable...