viernes, 4 de abril de 2008

La débacle

Dans le bois, dans le grand silence noir des arbres immobiles, quand ils n'entendirent plus rien, que plus rien ne remua et qu'ils se crurent sauvés, une émotion extraordinaire les jeta aux bras l'un de l'autre. Maurice pleurait à gros sanglots, tandis que des larmes lentes ruisselaient sur les joues de Jean. Ce était la détente de leur long tourment, la joie de se dire que la douleur allait peut-être avoir pitié d'eux. Et ils se serraient d'une etreinte éperdue, dans la fraternite de tout qu'ils venaient de souffrir ensemble, et le baiser qu'ils échangèrent alors leur parut le plus doux et le plus fort de leur vie, un baiser tel qu'ils n'en recevraient jamais d'une femme, l'immortelle amitié, l'absolue certitude que leurs deux coeurs ne faisaient plus qu'un, pour toujours.

Dentro del bosque, en el gran silencio negro de los árboles inmóviles, cuando ya no escuchaban nada, cuando nada ya se movía y se creyeron a salvo, una emoción extraordinaria les arrojo el uno en los brazos del otro. Maurice lloraba con grandes gemidos mientras que lágrimas lentas se deslizaban sobre las mejillas de Jean. Era la ruptura de su gran tormento, la alegría de decirse que el dolor podía tener piedad de ellos. Y se abrazaban con una fuerza desesperada , en la fraternidad de todo lo que acaban de sufrir juntos, y el beso que intercambiaron entonces, les pareció el más dulce y el más fuerte de su vida, un beso que nunca recivirían de una mujer, la amistad inmortal, la certeza absoluta que sus dos corazones sólo eran uno, para siempre.

Zola, La débacle.

Leía estas líneas y pensaba el escándalo que debieron producir en el momento de su publicación, allá por 1890, y como debieron parecer a los críticos de entonces, un ejemplo más de los malos usos del naturalismo, tan empeñado él, según se decía, en mostrar solamente el lado más obscuro de la existencia humana.

¿Pero estamos tan lejos de ese mundo ? Obviamente cualquier provocación realizada por los naturalistas hace mucho que ha sido superada, hasta el extremo que Zola (e incluso para algunos Sade) nos parece normal. Sin embargo, hace escasos años, una película bastante normalilla como Brokeback Mountain, provoco oleadas de de indignación y adhesión, ambas bastantes ridículas cuando se las estudia con tranquilidad, ya que la película, aparte de que sus protagonistas tuvieran el mismo sexo, no hacía más que narrar la consabida historia de los amantes separados por el destino y la circunstancia.

Algo que hace pensar que, en el fondo, el cine puede estar ahora en el mismo punto que la novela se encontraba en el 1890, intentando conseguir la libertad que le permita abordar y narrar cualquier tema, sin que nadie se lleve a escándalo.

Una sensación que se convierte casi en certeza, cuando, al narrar la derrota aplastante del ejército Francés en Sedán en 1870, se nos describen unas escenas de combate que superan en realismo y brutalidad a las que mostrará la no menos mítica, aunque en mi opinión, cada día más insatisfactoria, Saving Private Ryan, de forma que uno no puede evitar sospechar que los guionistas de esa película conocían bastante bien la creación de Zola.

¿Y por qué digo que Zola supera a Spielberg? Simplemente porque Zola sigue siendo un escritor realista, y por lo tanto lo que sucede en la batalla, en la historia con mayúsculas, es algo que afecta a la biografía de sus protagonistas, que tienen un antes y un después, y que no son meros maniquíes con etiqueta, como ocurre en Spielberg, que es un director postrealista y casi postmodernos, y cuya película simplemente, es una excusa para mostrar la guerra como nunca antes se había mostrado, por utilizar una frase de propaganda de circo.

Sin embargo, y para ser justos, La Débacle no es una obra maestra, ni siquiera es una gran novela. Tiene un grave defecto y es que, a la hora de narrar el desastre que se abatió sobre Francia en 1870, esa la derrota aplastante del orgulloso ejército francés a manos de la imparable máquina militar prusiana y la querra civil entre francese que siguió, encarnada en el episodio de La Commune de Paris, centra los cuatro quintos de su acción en los prolegómenos, desarrollo y consecuencias de la batalla de Sedán, mientras que el relato de los sucedido en La Comuna queda reducida a un pegote adherido al libro. Un añaido que bien podría haberse omitido, dedicándole libro aparte, como bien merecía su importancia... Sin contar que ciertos personajes, son simplemente personajes/cifra, puesto para responder a necesidades ideologicas.

No obstante, las páginas precisas dedicadas a la batalla de Sedán destacan en el conjunto de la novela, hasta el punto de que constituyen una novela en sí misma, por la precisión, el dinamismo y la plasticidad con que están descritos los combates, sin contar con los detalles surreales, propios de la experiencia directa del campo de batalla, y que lo distinguen claramente del mata/mata al que parecen reducirse las películas bélicas actuales...y que hace que sean tan insatisfactorias para mí, al menos.

Hay otro punto, además, que hace interesante a esta novela, el hecho precisamente de tratarse de una novela ideológica, es decir, no es una novela que intente narrar la derrota sin paliativos a manos del enemigo ancestral y la posterior guerra civil, sino que se trata de una novela que intenta buscar las causas de la derrota, o mejor dicho, por qué se hundio el sistema del Segundo Imperio, surgido como falsedad, tras suplantar y pervertir a la II república, y por tanto fundado en la mentira, el fingimiento y la corrupción, y como la potencia alemana llegó a superar y aplastar a la Francia Imperial.

Y lo que es más importante, cómo regenerar Francia y que elementos del "caracter" frances eran los que debían potenciarse y protegerse, lo que para Zola, en una aproximación de derechas, no tan extraña para muchos intelectuales de izquierda, eran los del campesinado tradicional, en contra de la vida urbana y el progreso que representaba.

Un conflicto que se revelaría actual setenta años más tarde, cuando la III República, nacida del aplastamiento de La Comuna fuera aplastada a su vezpor la máquina militar implacable de la Alemania Nazi (¡de nuevo en Sedán!), y, hasta 1945, se librase una guerra civil larvada entre la derecha tradicional, representada por la Francia de Vichy, y la izquierda más o menos marxista, encarnada en la Resistencia.

La historia siempre repitiéndose y afectando al presente.