domingo, 27 de enero de 2008

Nobody else but you

Para que no se me olviden las ideas que van poblando este blog, suelo crear borradores de entradas, simplemente con el título y una captura. Luego ocurre lo que ocurre, que se quedan durmiendo, durante semanas o incluso meses, como ocurriera con el germen de ésta anotación, guardada el 9/9/2007.

Una entrada que había olvidado por completo, y que la visión de los dos episodios especiales de Hidamari Sketch, disponibles únicamente con los DVD de la serie, me ha refrescado... para al mismo tiempo darme cuenta de cuanto había cambiado mi apreciación de la serie y del estudio que la creo, y de como lo que quería contar ya no tenía valor.

No es que estime en menos la serie ni el estudio. Al fin y al cabo Hidamari Sketch es una serie del estudio Shaft, que al mando de Akayuki Shimbou, no hace más que darme buenas sorpresas en estos meses, sorpresas que tienen nombre y que responden al de e.f. A tale of memories, Sayonara Zetsoubou Sensei, en sus dos temporadas, Le Portrait de Petit Cossete o Pani Poni Dash. Unas series que comparten todas una característica, el gusto por experimentar, por jugar con la imagen e ir un poco más allá, algo en la que sólo hay un estudio que pueda ganarles, el mítico 4ºC, pero este se mueve en otra onda completamente distinta, el del art cinema, y no el de la animación comercial, aunque las fronteras sean cada vez más distintas y confusas.

A priori, Hidamari Sketch sería el último lugar donde se pudiera pensar encontrar esto de la experimentación. Las andanzas cotidianas, casi banales, de cuatro jóvenes estudiantes de arte, podrían haber dado lugar a una serie más de ambiente escolar, pero aquí es precisamente donde entra en juego el estilo peculiar de Shimbou, el estar continuamente rompiendo nuestras expectativas visuales, y creando lo que podría casi llamarse gran arte, con los temas, como digo, aparentemente más banales y trillados.

Quizás lo más curioso es que a pesar de que el estilo de Shimbou como director está siempre presente, hasta el extremo de poder resultar cargante o como poco desconcertante, la historia no se resiente por ello. Continúa siendo evocadora y conmovedora... y es ahora que me doy cuenta de que no tenía que haber utilizado el término historia, porque no la hay, simplemente se recogen las vivencias de unos días sin conexión entre sí, sin una gran narración, como ocurre en la mayoría de las películas, que les de un sentido y un significado.

Días hechos para ser vividos, simplemente. Un presente eterno, donde el pasado y el futuro no existen, y donde se pueden vivir feliz. Un mundo, mejor dicho, un modo de vivir en el mundo, que se ve amplificado por el estilo de Shimbou.

Es en este momento donde llego a la idea que me llevo a planear esta entrada, hace ya casi cinco meses. La estrecha relación entre Hiro y Sae que ilustra esta captura.


Una relación que me recordaba a ciertas amistades entre mujeres que he tenido el privilegio de contemplar. Esas relaciones casi de hermanas, tan estrechas e íntimas que siempre se las veía juntas, y de forma que cuando una de ellas se casaba, la otra experimentaba todos los dolores de la separación. Unas relaciones a las que lo único que les separaba de una relación de amantes era precisamente la ausencia de un deseo sexual, del ansia por gozar del cuerpo del otro.

Un tipo de amistad que se daba antaño también entre los hombres y que se conocía por el hombre camaradería. Relaciones que en un mundo de separación absoluta entre hombres y mujeres, o mejor dicho en que sólo existía un tipo de relación posible, permitían obtener la ternura, el cariño y la confianza, que no se podían obtener en el trato con el otro sexo.

Unas relaciones que, en este nuestro mundo de quasi libertad sexual, de sexo visible en todos los rincones, tienden a ocultarse o al menos a no mostrarse con tanta intensidad como antaño, por miedo a que parezcan lo que no son (como si en realidad importara).

Pero por volver de nuevo al tema de esta entrada, el caso es que tras ver los dos episodios especiales, no podía tratar la relación entre Hiro y Sae de la misma manera. Simplemente porque la ambigüedad de los lazos que unían a ambas había sido uno de los ejes de tensión de la serie. Mejor dicho, había servido como uno de los motores cómicas, además de servir para toda clase de fanarts y fanfictions.

Fenómeno éste que en uno de los especiales ha llevado a los responsables de la serie a hacer un guiño a todos los espectador, como si les dijeran: Ok, it's all true. Una admisión que, como de esperar, se ha hecho medio en serio y medio en broma, mostrando a Hiro como la destinataria de una carta de amor y a Sae en medio de un ataque de pánico, ante la perspectiva de perder a su Hiro, por el primero que pasase.


Pero todo un juego de soy/no soy, es/no se, visual y temático que se resuelve de forma elegante y conmovedora, mostrándonos cuanto Sae echaría de menos a Hiro, y haciéndolo de la forma experimental que tanto le gusta a Shimbou, pero no por ello menos efectiva, puesto que esa mirada al interior de la mente de Sae se realiza como si presenciáramos un película, la de su vida en común, que hasta ese instante solo se nos había insinuado.









Para terminar con la admisión de lo sola que Sae se sentiría si faltase Hiro, del vacío que le quedaría con su marcha.

Una relación tan estrecha, de tanta confianza que permite a Hiro jugar a ser mala, pinchar a Sae con la posibilidad de su marcha, para en el último momento tranquilizarla, mientras la reprende en broma, por haber pensado que podría dejarla.