domingo, 25 de junio de 2006

On love's nature

Hay un instante en la novela Disgrace de Coetzee, donde aparece uno de esos pensamientos que uno esperararía encontrar en los escritos de un hombre, la sospecha de que cuando se hace el amor a una mujer, en el fondo eso constituye un acto de violencia...

Es curioso porque en otro escritor del mismo siglo, aunque algo anterior, el Musil de Der Mann ohne Eigenschaften, se encuentra casi la misma idea, aunque expresada de una forma mucho más cruda, comparando al amante que acaricia el cuerpo de su amada con el verdugo que se afana sobre la víctima que tortura...

Extrañas ideas... especialmente porque pueden interpretarse, incluso en una sociead tan sexualmente liberada como la nuestra, como lo que no son.

Porque no hace tanto, en nuestra cultura que el sexo era algo tabú, algo completamente prohíbido, reprochable, asqueroso, detestable, justificado sólo en situaciones precisas y por cuestiones externas a él mismo... algo que había que ocultar y esconder, algo de lo que se debía fingir rechazo y distancia, algo de lo que no se podía hablar, excepto en enigmas... visión que, aún hoy persiste y se perpetúa, puesto, como alguna vez he señalado, el lugar destinado al amor humano sigue sin ser el sol y el mediodía, sino la noche y la obscuridad.

Mientras que estas frase tienen un origen muy distinta, una amargura que procede del más profundo pesimismo y de uno menos profundo humanismo. La duda, la certeza en realidad, sentida por todo hombre, de que cuando amas a una mujer, en el fondo no la estás amando en absoluto, que ese acto no es prueba de nada, ni confirmación de nada, ni mucho menos origen o destino.

Que simplemente es un acto de egoísmo. Una simulación. Una mentira.

Toda una farsa urdida para conseguir nuestros fines, y de la cual nos retiramos, sin volver la vista atrás, sin dedicar un solo pensamiento más, una vez conseguida nuestra satisfacción.

Un ejercicio de crueldad, en definitiva, que quisieramos imaginar mutuo, para al menos encontrar alguna excusa, algo que nos permita acallar nuestra conciencia.

...

Hubiera querido encontrar la referencia y la cita exacta de ambos pasajes, pero me ha sido imposible, en el caso de Musil por el tamaño mastodóntico de la novela, y en el caso de Coetzee, por mera falta de tiempo y ánimos para leermela de nuevo (no se lee a Coetzee impunemente y se necesita cierto estado mental para hacerlo), lo cual en cierta manera, me hace pensar si no me habré inventado ambas citas...

...porque coinciden con que ciertas rutas de mi pensamiento...

...aunque, si fueran ciertas, sería extremadamente reconfortante encontrar que no he sido el único hombre que ha pensado así..