jueves, 8 de junio de 2006

Cerebus (y 1)

You live only a few more years.

You die alone, unmourned...

...and unloved.

Suffering... Suffering you'll have no trouble doing.

And if you are tempted, ever, to consider your suffering unjustified...

...just remember...

...your second marriage.

Church and State II, Tomo IV de Cerebus

Es incómodo, muy incómodo, hablar de Cerebus. No por el cómic en sí, una auténtica obra maestra, si se me permite la expresión tan mal usada hoy en día, sino por la personalidad de su autor Dave Sim. Una personalidad y un ideario que puede lograr que su obra, el monumento que ha construido a lo largo de casi treinta años, acabe olvidado, voluntariamente olvidado por sus propios admiradores.

Es siempre muy complejo, y demasiado aventurado, inferir la personalidad de un artista partiendo de su obra, especialmente en el caso de aquellos que creadores prefieren la narración, el representar la realidad que nos rodea aunque sea distorsionada y sublimada, a la abstracción, a impresionar al público medianta la yuxtaposión de colores, líneas, sonidos, palabras, notas, huyendo de un significado o colocandolo en segundo plano, algo que, extrañamente, siempre molesta mal que la representación directa, por muy brutal que sea lo representado.

Esta complejidad en adivinar o intuir el auténtico ideario de un autor partiendo de su obra se debe, en mi opinión a dos razones muy simples. Por un lado, el hecho de que el artista, especialmente aquellos dedicados a la representación, tiende a incluir en su obra multitud de voces, multitud de opiniones, multitud de puntos de vista, si realmente quiere representar lo que ve, si realmente quiere comentar, juzgar, conducir y modificar su realidad. Por otra parte, el oficio de artista no es de político, profeta, filósofo o intelectual. El artista no puede ofrecer soluciones, un artista no puede tenerlas, bajo pena de dejar de serlo, de convertirse en político, profeta, filósofo, intelecual. El oficio del artista es plantearse preguntas, políticas, filosóficas, sociales, estéticas... y dejarlas sin respuesta. Ofrecer puntos de partida que muevan a los espectadores, si se me permite el juego de palabras, a tomar partido.

Es por ello que, cuando se quiere averiguar la ideología, las intenciones del artista, sea necesario recurrir a las entrevistas, a los escritos para artísticos del creador, al análisis de la sociedad y el ambiente en el que se concibió la obra... a todo aquéllo en definitiva que está fuera del objeto artísticos, a los pequeños innumerables detalles que formaran el contexto de la obra y que se han desvanecido con el tiempo. Un bagaje que el espectador no tiene obligación de conocer... al menos en la profundidad de un contemporáneo... puesto que es esa obra la que debe convertirse en clave y camino hacia ese tiempo, hacia ese contexto, hacia esa mente y no al contrario.

(y parecerá que en este instante me estoy contradiciendo, pero no es así, o mejor dicho, lo es y no lo es)

Sin embargo, en el caso de Dave Sim, no hay duda alguna. El mismo autor, como si desconfiará de su propia obra, pensando quizás que exprese ideas distintas a su auténtico pensamiento, se ha preocupado de comentar él mismo, incluyendo, en medio del discurso narrativos, toda suerte de ensayos aclaratorios (y es curioso darse cuenta que Tolstoi hizo lo mismo con Guerra y Paz). Ensayos estos que han bastado para enajenar la admiración y el respeto que su obra merece y que debía granjearse.

En ellos, Dave Sim se muestra como un misógino feroz. No como un misógino actual, de los que tantos abundan hoy día, que bajo la aparente aceptación de la igualdad entre sexos y de los argumentos del feminismo, retuerce las conclusiones de la ciencia y la filosofía, para encerrar de nuevo a las mujeres al interior de su cocina, puesto que concluye, su naturaleza no está preparada ni concebida para otra cosa. No. La misoginía de Sim es de otra calidad, más antigua y sin necesidad de ningún tapujo.

Al leer los ensayos repartidos por Cerebus tenía la impresión de haber vuelto al pasado, a aquellos tiempos en que el machismo, y la sujección de las mujeres al macho, eran la ideología predominante, mientras que aquellos que afirmaban la igualdad entre los sexos, eran los raros, los radicales, los extremistas. En aquellos tiempos de machismo triunfante, este se expresaba en forma de miedo a la mujer (al igual que los aristócratas temían que los siervos les degollasen o los esclavistas que los esclavos se rebelasen). La mujer, a pesar de su sometimientos, de no tener armas con las que defenderse, era capaz de destruir a los hombres, de atraerles con sus encantos, de seducirles y de apartarles de su misión, de su destino, de todo aquello que supuestamente constituye la hombría y la masculinidad.

La mujer como enemiga, no como compañera, como traidora, no como confidente, como alimaña peligrosa, venenososa y mortífera, no como ser racional, a la altura de los hombres, sino como demonio, víbora y monstruo, cuyo solo contacto seca a los hombres, les sorbe los sesos y les convierte en peleles.

Y ésa, y no otra. es la opinión de Sim sobre las mujeres. Sólo que el lo dice a las claras, sin disfraces.

....y sin embargo todo esto no reduce en lo más mínimo, la importancia y la grandeza de lo que Dave Sim, con su obra ha conseguido....

...de la misma manera que mis confusos y falsamente profundos comentarios, mi rectitud y convicciones no me hacen más inteligente, ni más influyente, ni más artista...