lunes, 26 de junio de 2006

Flirting with insanity (y 2)

Existe cierta tendencia a asociar arte con locura, como si el esfuerzo creador se hallará a un solo paso del abismo de la locura, e incluso como si esa misma locura constituyese el requisito de aquello que antaño se llamaba "genio". Como si la locura y lo que acarrea fueran una virtud y no una incapacidad.

Excentricidad, manías, rarezas, fe y misión, aunque aparentemente absurdas, parecían constituir el lote del artista, y así se señalaban y resaltaban, desde la soledad orgullosa y combativa de Miguel Angel o la incapacidad de Leonardo para acabar cualquier encargo, a la imposibilidad de Cezanne para tener relaciones humanas normales o la archifamosas crisis de melancolía autodestructiva de van Gogh... dejando de lado, porque no servían para confirmar la tesis, a aquellos otros artistas cuyas vidas habían sido de lo más aburridas y tranquilas, véase Magritte.

Para comprobar (o mostrar falsa) esta tesis no hay nada mejor que recurrir al arte realizado por los mismos alienados, como fue la ocasión, hace ya algunos meses, gracias a la iniciativa de la fundación La Caixa.

Desde finales del siglo XIX y hasta finales del XX (al menos hasta los años 80 que se tomo la política de cerrár los manicomios y poner a los enfermos en la calle... medida de consecuencias terribles para la salud de muchos enfermos) el arte, la producción de objetos artísticos, se utilizó como una terapia en la recuperación de los alienados.. o al menos para mantener sus sintomas bajo control.

La primera característica que llama la atención, al contemplar esas obras de arte (y el calificativo no es exagerado) es algo que debería haberse sospechado desde el principio, el que la obsesión constituye el centro de las mismas. Cada uno de los artistas en la exposición había elegido un temay técnica único, del cual no se apartaba en toda su producción. Al contrario que el artista cuerdo, cuya técnica y temas varían con el tiempo y las circunstancias externas y externas, el arte de los alienados permanecía fijo en el tiempo, siempre igual a sí mismo, de forma que es casi imposible distinguir si dos obras han sido pintadas en el mismo año o a una distancia de varios decenios.

Así por ejemplo uno de los artistas repetía una y otra vez mapas de geografías inventadas, copiando al detalle los símbolos y las convenciones utilizadas por los cartógrafos, para dar impresión de realidad y existencia a lo que no era más que fantasís , mientras que otro tomaba esa misma idea del mapa, para llegar al extremo opuesto, creando una geografía metafísica con símbolos y reglas inventadas e incompresibles, y bautizándolo con nombres de lugares reales, como si estos mapas fantásticos representasen su esencia.

Otro de los pintores llenaba inmensos lienzos con representaciones de batallas mastodónticas, la narración completa de guerras, encuentros, crueldades y heroicidades que nunca habían existido sino en su cabeza, una auténtica historia paralela del mundo, mientras que otro pintaba vistas no menos mastodónticas de ciudades reales, como londrés, sino fuera porque casas y calles habían sido substituidas por una arquitectura fantáistica y morbosa, poblada por seres que recordaban a los seres humanos.

Todo como digo, siempre igual, siempre repetido, día tras día, mes tras mes, año tras año, excepto por una pequeña diferencia, el grado de detalle.

La obra del alienado, como decía, es estática, pero al mismo tiempo es abierta, nunca está acabada, siempre queda algo por decir, algo por expresar, algo que debe incluirse en esa misma obra o que debe dejarse para la siguiente, algo que se encuentra en el mismo centro de la pulsión que le lleva a crear, y que en cierta manera se supone, se sabe, inexpresable, inagotable.

Algo alrededor de lo que se camina siempre en círculos, sin llegar jamás a él, como si se estuviera dentro de un laberinto.

...y extrañamente hemos vuelto al punto de partida.

Si habíamos empezado negando esa igualdad locura/arte, el camino a través del arte de los alienados nos ha devuelto a ella, puesto que el arte, en definitiva, no es más que una búsqueda continúa, una búsqueda cuyo objeto es desconocido y cuyos caminos seguramente son los equivocados...

...algo cuya propia esencia es el continúo hacerse y deshacerse, por el mero placer de sentirse en camino, en marcha, en posesión y control de las propias facultades...

...aunque no lleve a ninguna parte, aunque desemboque en la nada...