martes, 15 de abril de 2008

Dark comes the night

Hace unas semanas acabé de ver una serie de los últimos años que se me había quedado en el tintero. Se trata de Gungrave, y no acaba de decidirme a verla, por imágenes como esta del primer capítulo.


que me daban la impresión de que tendría que enfrentarme con una serie de ésas de big guns, big muscles and big tits, y que basan su atractivo en las escenas de acción, los combates y los enfrentamientos con enemigos cada vez más poderosos, tipo Dragon Ball, Saint Seiya y tantas otras, hasta que todo llega a ser intragable e insufrible,

Por suerte, pase del primer capítulo y me encontré con que a partir del segundo, los dos tercios de la serie no eran otra cosa que un larguísimo flashback, en el que se nos narraba la ascensión de dos pandilleros de poca monta de los bajos fondos, hasta las más altas cumbres de la mafia.

Y quizás tampoco esto me hubiera bastado, sino fuera por como se nos muestra, a lo largo del tiempo, el paso devastador del tiempo, sobre nosotros, nuestros sentimientos y nuestras relaciones personales, desde la juventud, y la ilusión y el entusiasmo que se le supone,




...a la madurez y el falso sentimiento de seguridad y de dominio que en ese tiempo se experimenta...




...a la vejez y el desengaño, el escepticismo y el cinismo en que desemboca...



junto con todo lo que destruimos por el camino, en nombre de ideas, conceptos, esperanzas y ambiciones que en realidad no tienen ningún valor o importancia.

Nota: No es que la serie sea completamente redonda, aquí y allá, supongo que por exigencias del público al que se dirige, aparece el modelo de película de acción desmadrada, en la que sólo importa el mata/mata, cuanto más a lo grande mejor. Afortunadamente, sólo son momentos aislados, e incluso en el último tercio, cuando parece que va a reducirse a eso, negando toda su progresión anterior, afortunadamente se reduce a una ilusión, y los conflictos personales, y el pasado gravitando sobre ellos y los personajes, obligándolos a actuar como no quieren, vuelven a tornarse el auténtico tema de la serie.

domingo, 13 de abril de 2008

Searching Snarks, Finding Boojums

In the midst of the word he was trying to say,
 In the midst of his laughter and glee,
He had softly and suddenly vanished away—
 For the Snark was a Boojum, you see.

Lewis Carroll, The Hunting of the Snark


A medida que uno envejece, empieza uno a pensar que nada puede ya sorprenderle, puesto que ya ha visto todo, y dado que ha perdido esa capacidad de sorprenderse, normalmente asociada a la juventud, encuentra que tampoco puede apasionarse. Una carencia y una pérdida que provoca que la presencia de aquellos que sí pueden resulte fastidiosa y que, inconscientemente, se busque destruir y aniquilar esa pasión, ese enamoramiento, que ya no se es capaz de sentir.

¡Ja!

Nos olvidamos, y ese es el gran defecto de la vejez, creer que se sabe todo y no darse cuenta de que hemos olvidado la mayor parte, nos olvidamos decía, que las ideas de los hombres y sus creaciones son tan inmensas como el mar, que por mucho que nos esforcemos jamas llegaremos a saborear otra cosa que una mínima parte y que, por tanto, siempre encontraremos algo que ponga nuestras ideas patas arriba, por poco que rasquemos.

Así me ha ocurrido a mí, con el poema, The Hunting of the Snark, de Lewis Carroll, poema que desconocía, por así decirlo, hasta ayer mismo, y que me obsesiona desde hace semanas.

¿Y que tiene ese poema que no tengan otros? Pues algo que hace que, pasados más de cien años de su redacción, siga fascinando como el primer día a cuantos se atreven a leerlo. Simplemente porque se trata de un poema excepcional, en el sentido de constituir una excepción, es decir, algo que rehusa toda clasificación, y que sólo se produjo una sola vez y no ha vuelto a repetirse.

Pero con esto no he dicho nada, hay que volver a repetir la pregunta ¿Qué tiene este poema que no tiene otro? Pues que en su brevedad, es inmenso, contiene en sí multitudes, temas y soluciones que darían material para cientos de versos a cientos de poetas menores. En primer lugar nos encontramos con un poema que busca conscientemente ser absurdo, unir significados opuestos, como harían los surrealistas, para sorprender y remover al espectador, con esas asociaciones inesperadas de imágenes. Un poema que rehusa ser interpretado, por tanto, y cuya clave Carroll se nego siempre a descrubir, pero al mismo tiempo, un poema fundamentalmente humorístico, alegre y lúdico, donde esos choques de imágenes, esos juegos de ingenio, consiguen hacer asomar la sonrisa en más de una ocasión

¿Un divertimento, entonces? ¿Una obra en la tradición de la literatura humorística y paródica? Sí y no. Es cierto, que, aparentemente, la obra parece una deconstruccion, por utilizar el palabro, de la literatura épica, y una y otra vez pone en solfa su pretendida seriedad. Pero no es menos cierto, que por debajo de la, otra vez, aparente facilidad y ligereza, la sucesivas lecturas nos descubren la seriedad con que el entramado lógico está contruido, como las ideas y los constrantes no están elegidos al azar, sino con absoluta precisión, con una auténtica matemática del lenguaje, como corresponde a una persona que en la vida real escribía tratados de lógica, y que habría pasado a la historia como Charles Dogson, simplemente por haber sido uno de los creadores de la lógica formal.

Pero hay más, porque esta historia de personajes dispares, de caricaturas de trazo grueso, que buscan un animal fantástico, que nunca se describe y que nos quedamos sin saber como es, se convierte en un trasunto de nuestra existencia, de personas caracterizas y presas por una idea que andan a la búsqueda constante de Snarks inexistentes.

Una búsqueda que acaba con la muerte, con nuestra desaparición en la nada como si nunca hubiéramos existido, porque al final, todos los Snarks no son otra cosa que Boojums, como demuestra el portentoso final del poema, con el que abría la entrada.

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Y para terminar esta entrada quería contar el tortuoso camino por el que llegué a este poema y a donde me ha llevado.

El caso es que desde hace unos meses leo diariamente este blog, escrito por un director de animación neoyorquino, Michael Sporn, una persona que piensa muy bien, y cuya lectura me ha ayudado a comprender mejor ese mundo que tanto amo, el de la animación.

Como se podía adivinar, uno de los cortos realizados por este director, es, precisamente, The Hunting of The Snark, que conseguí hace unas semanas, y del cual adjunto algunas capturas.








Un corto, que muestra claramente las intenciones del director, hacer productos comerciales, pero con una clara intencionalidad artística. Nada de Disney aquí, o de eso que llaman los anglosajones, Saturday Morning Animation, es decir, bajo presupuesto, ningún amago de superación o experimentación, historias limitadas a personajes que charlan sin moverse, o que fusilan descaradamente los cortos clásicos.

Todo lo contrario de este corto, donde Mr Sporn, utiliza multitud de técnicas y de texturas, desde un dibujo sin acabar, pero muy expresivo, hasta las más clara abstracción, sin contar con aquello que no se ve, y que sólo los Making of pueden revelar, como es el detalle de que esta animación no está realizada sobre acetato, como era la constumbre hasta la llegada del ordenador, sino que cada personaje ha sido dibujado sobre papel, recortado y colocado en la escena.

Un ejemplo curiosísimo de utilización de una técnica, el cut-out,(al estilo South Park, para entendernos), pero sin que se note, haciéndolo pasar por animación de toda la vida.

Y de los Snark y la visión que de ellos dio Michael Sporn, a otros Snarks y otras visiones, las que se pueden encontrar en en este otro blog, donde el dinujante Mahendra Singh, está, poco a poco, ilustrando cada una de las estrofas del poema, utilizando las técnicas del Collage, que inventará Max Ernst, resaltando así el evidente surrealismo del Texto, mediante la reutilización de todos los símbolos, juegos mentales y cadavres exquis, en los que se complacía ese movimiento, como bien podrá observar quien lo visite.



Una empresa donde son tan interesantes las ilustraciones como las delirantes explicaciones con las que las acompaña, en las que se demuestra como el plagio descarado y constante del surrealismo histórico, no es otra cosa que su plasmación correcta, o mejor dicho, la plasmacion correcta del Protosurrealismo, que como el autor dice, no es otra cosa que

Protosurrealism is the 21st-century application of 19th-century answers to 20th-century problems!

QED

viernes, 11 de abril de 2008

The World at War (y VI)

Siguiendo con los comentarios a la serie The World at War, hay una pregunta que siempre se plantea en relación con el exterminio de los judíos (y de muchos otros europeos, no lo olvidemos). ¿Hasta que punto era conocido? ¿Hasta que punto los alemanes sabían lo que estaba ocurriendo y por tanto, en el mejor de los casos, prefirieron mirar a otro lado? ¿hasta que punto lo sabían los aliados y, a su vez, prefirieron utilizar su potencial bélico en otras tareas que no fueran la de evitar el exterminio?

A medida que pasa el tiempo, a medida que las pruebas se acumulando, sólo queda una respuesta: Todos Lo Sabían. , incómoda, aparentemente sorprendente, pero que siempre ha estado allí.

Desde el punto de vista alemán, era imposible no darse cuenta de que ciertos vecinos, estaban desapareciendo y que de ellos ya no se volvía a tener noticias. Multitud de testimonios, como el de Victor Kemplerer, demuestran que la población hablaba y que los rumores eran más o menos coincidentes. No sólo esto, a medida que avanzaba la guerra la sociedad alemana se militarizaba cada vez más, y al ser la máquina del exterminio prioritaria, hasta el extremo de desviarse recursos para el frente, siempre había algún conocido que sabía al entrar su actividad en conflicto con esa maquinaria que transportaba millones de personas de un lado a otro de Europa

Esto sin contar que en Rusia, el exterminio se hizo prácticamente a mano, utilizando en muchas ocasiones al ejército regular, y esas historias se contaban en las cartas o al volver de permiso, o que, a medida que avanzaba la guerra, Alemania deportó millones de Europeos para que trabajasen en sus fábricas como esclavos, con lo que el país se llenó de una red de pequeños campos de concentración.... todo esto a la vista de todos, de forma que sólo aquel que no quisiese mirar, podía ignoraron.

No es de extrañar por tanto que, como comenté en otras entradas, el documental propagandístico sobre el Ghetto de Varsovia, que intentaba mostrar a los judíos como subhumanos, nunca fuera estrenado, ya que sus imágenes eran la confirmación de todas los rumores, de como unos seres humanos estaban exterminando a otros... o como a mediados de la guerra, cuando la máquinaria del exterminio funcionaba ya a toda potencia, los nazis rodaran otro documental, encargado a uno de los prisioneros, sobre el campo de Judios VIP de Theresienstadt, maquillando lo que allí ocurría, para mostrar al mundo (y la Cruz Roja) que estaban tratando bien a los judíos, otro documental que también fue suspendido y cuyo director y actores acabaron al poco en Auschwitz.

Y es que como dije antes todo el mundo sabía lo que estaba pasando, incluido los aliados. Lanzmann en el apabullante documental Shoah, nos muestra un testimonio espeluznante, el de un oficial de la resistencia polaca, al que sus superiores encargaron infiltrarse en el Ghetto de Varsovia, realizar un informe y pasarlo a los aliados. Un hombre que, al rememorar lo que vio allí, casi cuarenta años después, se derrumba ante las cámaras y es incapaz de continuar hablando, a pesar de que supuestamente ya deberíamos estar curados de espanto.

Este no fue un testimonio aislado. Los datos eran tantos y tan coincidente que incluso el gobierno de Churchill informó a la cámara de los comunes, en una sesión, como decían los periódicos de la época, de un silencio opresivo. Y es que mientras los nazis estaban exterminando a los judíos de Europa (1941, en Rusia, 1942 en Polonia, 1943 y 1944 resto de Europa), los judíos húngaros, protegidos por su gobierno se mantuvieron a salvo hasta el otoño de 1944, protegidos por su gobierno. Una situación que les convirtió en un lugar de refugio, donde afluían todos aquellos que habían podido escapar de la red nazis, y que le permitió compilar y reunir toda la información sobre el exterminio, y transmitirla a los aliados, entre ellas, el papel de Auschwitz

Esta excepción húngara, como digo, terminaría abruptamente en el Otoño del 44, cuando, tras un golpe de estado pronazi, Eichman, el organizador del exterminio tuviera las manos libres para actuar (nunca antes se habían exterminado tantos judíos en tan poco tiempo, diría) no sin que los nazis intentasen extorsionar antes a los aliados occidentales, intentando obtener material militar a cambio de la liberación de judíos húngaros.

En este contexto, de información que se intentaba pasar a los aliados, para que estos detuviesen el exterminio, no se paró ante nada, incluso se llegó a contactar con la resistencia existente en los propios campos, como Auschwitz, para obtener documentos gráficos que pudiesen ser publicados. Una misión casi imposible, ya que tanto los que introdujesen material fotográfico como los que utilizasen, serían inmediatamente ejecutados, y tras eso ya no podría volverse a repetir la operación.

No ocurrió así, sin embargo, y de ese esfuerzo han quedado dos testimonios gráficos escalofriantes. El primero, tomado desde el interior de un barracón, muestra a los judíos del SonderKommando (aquellos que debían ocuparse de los cadáveres de los asesinados en las cámaras de gas) incinerando cadáveres en el patio del campo de Auschwitz.



El segundo muestra a un grupo de mujeres a las que se ha obligado a desnudarse antes de entrar en las cámaras de gas.


Una foto obscura y borrosa, debido a la premura con que se hizo, debido al peligro que corría el fotógrafo, pero que cuando se procesa digitalmente, nos muestra todo el horror del momento.


Pero, aún nos queda una pregunta, admitiendo como tenemos que admitir, que todos los alemanes lo sabían, que era lo que pensaban ellos, mientras veían desvanecerse a sus vecinos en la nada más absoluta. En la serie The World at War, Christabel Bielenberg, antinazi y miembro de la resistencia alemana, nos cuenta como en el curso de un viaje en tren, coincidió con un oficial de las SS que le contó las atrocidades en las que había participado en Rusia, y como, a partir de ese momento, buscaba la muerte en el frente, para huir del remordimiento.


Un oficial, que, al despertar Christabel la mañana siguiente, la había cubierto con su capote, para que no cogiese frío.

Esto podría parecer muy bonito, muy romántico, darnos la esperanza de que el nazismo fue sólo un mal sueño, en el que todos nos volvimos locos, para finalmente despertar, sino fuera por el testimonio de Otto Remmer.


El hombre que el 20 de Julio de 1944, cuando el atentado contra Hitler, cambió el curso de la historia, al decidir no seguir las órdenes de los conspiradores, detener a Göbbels y por tanto derribar el régimen nazi, sino obedecer a Hitler y volver sus armas contra conjurados.

Un hombre que buscaría refugio en España, durante el régimen de Franco, y que permanecería aquí hasta su muerte, sin miedo a ser molestado.

Un hombre en fin, que mira a la cámara, rígido y tieso, como si estuviese en posición de firmes frente al Führer y que acaba su alocución diciendo.

Sí, puede ser que matásemos a algunos judíos, pero eso es cosa de las guerras, de lo que nadie habla es del bien que hizo Hitler a Europa.

martes, 8 de abril de 2008

The Taste of the Skin (y V)



- ¿Y tu taza?

- Sólo compré una.











...Y quizás no haya más que decir, salvo comprobar la seguridad con que una de estas personas, ella, afirma su posesión sobre la otra, o mejor que posesión, palabra que se quiera o no tiene connotaciones negativas, la convicción de que ambos no son sino un único y mismo cuerpo...

domingo, 6 de abril de 2008

Persépolis

Hace unas semanas pude ver al fin una película a la que le tenía muchas ganas, concretamente Persépolis, basada en el cómic homónimo de Marjane Satrapi, y en cuya producción ella misma ha colaborado.

Desgraciadamente, y a pesar de sus virtudes, no es una gran película, simplemente porque se le ven las costuras.

Me explico, el intentar adaptar una obra de bastantes cientos de páginas al exíguo espacio de unos ochenta minutos, es una tarea casi imposible, especialmente cuando la obra original está dividida en multitud de episodios casi independientes y por tanto se hace imposible trasladarlos todos y los que se conservan tienen que ser recortados. De esta manera, el ritmo de la película se resiente al estar compuesta de multitud de paradas y arranques, no siempre bien unidos, terminando por convertirse en una colección de cortometrajes, unos resueltos magistralmente, otros no tanto.

Un error de construcción que mata a una película que podría haber sido una obra maestra. No, no estoy exagerando, esta obra consigue algo que ninguna adaptación Hollywoodiana reciente de un cómic consigue, y es animar el más que original mundo de la dibujante iraní, trasladando fielmente sus diseños a la gran pantalla, llegando a la osadía inconcebible de conservar el blanco y negro original, pero al mismo tiempo enriqueciéndolos, con la acumulación de detalles de la mejor animación, y la vida que supone ver ese mundo estático de viñetas de repente en movimiento.

Un trabajo en que los animadores, por así decirlo, han echado el resto y que a mí, admirador a ultranza de la animación 2D, me emociona al contemplarlo.

Y luego tenemos el tema abordado, ¡Ah el tema!

Resulta triste como comentaristas de una y otra orientación política han apartado la mirada de lo que contaba esta película, o bien sólo han querido ver lo que les interesaba. Y es que tanto izquierdas como derechas patrias han elegido su propio integrismo al que defienden a ultranza, simplemente porque molesta a los otros... una situación no muy distinta de la de la España de la primera guerra mundial, escindida en aliadófilos y germanófilos, dispuestos a sacudirse en las calles para defender a los de fuera, sin que nos fuera o nos viniera a nosotros nada en ellos.

Y es que a cierta izquierda le ha molestado, atribuyéndolo a obscuras maniobras yanquis, que se nos muestre lo que la república islámica de Irán es desde su fundación, allá por el 78, una teocracía rigorista que ejecutó a multitud de izquierdistas y que representa todo aquello contra lo que luchamos, como muy bien muestra Marjani al señalar el absurdo que supone estudiar arte en un sistema que aborrece el cuerpo humano




Mientras que a la derecha, por supuesto, le ha ofendido que Marjani, proclame su izquierdismo, y su admiración por Marx, plasmada en las conversaciones que ella tiene con Dios y el filósofo alemán.


o que deje bien claro que el Sha Pahlevi, a pesar de su occidentalismo, no era más que un tirano sanguinario, al que había que derribar, puesto que no era más que un espantajo, un títere puesto allí por la petroleras y mantenido por la lógica absurda de la guerra fría, que obligaba a las democracias a fomentar y apoyar dictaduras, como la muy longeva nuestra.


Pero ya se sabe, son cosas de ser más Papistas que el Papa.

viernes, 4 de abril de 2008

La débacle

Dans le bois, dans le grand silence noir des arbres immobiles, quand ils n'entendirent plus rien, que plus rien ne remua et qu'ils se crurent sauvés, une émotion extraordinaire les jeta aux bras l'un de l'autre. Maurice pleurait à gros sanglots, tandis que des larmes lentes ruisselaient sur les joues de Jean. Ce était la détente de leur long tourment, la joie de se dire que la douleur allait peut-être avoir pitié d'eux. Et ils se serraient d'une etreinte éperdue, dans la fraternite de tout qu'ils venaient de souffrir ensemble, et le baiser qu'ils échangèrent alors leur parut le plus doux et le plus fort de leur vie, un baiser tel qu'ils n'en recevraient jamais d'une femme, l'immortelle amitié, l'absolue certitude que leurs deux coeurs ne faisaient plus qu'un, pour toujours.

Dentro del bosque, en el gran silencio negro de los árboles inmóviles, cuando ya no escuchaban nada, cuando nada ya se movía y se creyeron a salvo, una emoción extraordinaria les arrojo el uno en los brazos del otro. Maurice lloraba con grandes gemidos mientras que lágrimas lentas se deslizaban sobre las mejillas de Jean. Era la ruptura de su gran tormento, la alegría de decirse que el dolor podía tener piedad de ellos. Y se abrazaban con una fuerza desesperada , en la fraternidad de todo lo que acaban de sufrir juntos, y el beso que intercambiaron entonces, les pareció el más dulce y el más fuerte de su vida, un beso que nunca recivirían de una mujer, la amistad inmortal, la certeza absoluta que sus dos corazones sólo eran uno, para siempre.

Zola, La débacle.

Leía estas líneas y pensaba el escándalo que debieron producir en el momento de su publicación, allá por 1890, y como debieron parecer a los críticos de entonces, un ejemplo más de los malos usos del naturalismo, tan empeñado él, según se decía, en mostrar solamente el lado más obscuro de la existencia humana.

¿Pero estamos tan lejos de ese mundo ? Obviamente cualquier provocación realizada por los naturalistas hace mucho que ha sido superada, hasta el extremo que Zola (e incluso para algunos Sade) nos parece normal. Sin embargo, hace escasos años, una película bastante normalilla como Brokeback Mountain, provoco oleadas de de indignación y adhesión, ambas bastantes ridículas cuando se las estudia con tranquilidad, ya que la película, aparte de que sus protagonistas tuvieran el mismo sexo, no hacía más que narrar la consabida historia de los amantes separados por el destino y la circunstancia.

Algo que hace pensar que, en el fondo, el cine puede estar ahora en el mismo punto que la novela se encontraba en el 1890, intentando conseguir la libertad que le permita abordar y narrar cualquier tema, sin que nadie se lleve a escándalo.

Una sensación que se convierte casi en certeza, cuando, al narrar la derrota aplastante del ejército Francés en Sedán en 1870, se nos describen unas escenas de combate que superan en realismo y brutalidad a las que mostrará la no menos mítica, aunque en mi opinión, cada día más insatisfactoria, Saving Private Ryan, de forma que uno no puede evitar sospechar que los guionistas de esa película conocían bastante bien la creación de Zola.

¿Y por qué digo que Zola supera a Spielberg? Simplemente porque Zola sigue siendo un escritor realista, y por lo tanto lo que sucede en la batalla, en la historia con mayúsculas, es algo que afecta a la biografía de sus protagonistas, que tienen un antes y un después, y que no son meros maniquíes con etiqueta, como ocurre en Spielberg, que es un director postrealista y casi postmodernos, y cuya película simplemente, es una excusa para mostrar la guerra como nunca antes se había mostrado, por utilizar una frase de propaganda de circo.

Sin embargo, y para ser justos, La Débacle no es una obra maestra, ni siquiera es una gran novela. Tiene un grave defecto y es que, a la hora de narrar el desastre que se abatió sobre Francia en 1870, esa la derrota aplastante del orgulloso ejército francés a manos de la imparable máquina militar prusiana y la querra civil entre francese que siguió, encarnada en el episodio de La Commune de Paris, centra los cuatro quintos de su acción en los prolegómenos, desarrollo y consecuencias de la batalla de Sedán, mientras que el relato de los sucedido en La Comuna queda reducida a un pegote adherido al libro. Un añaido que bien podría haberse omitido, dedicándole libro aparte, como bien merecía su importancia... Sin contar que ciertos personajes, son simplemente personajes/cifra, puesto para responder a necesidades ideologicas.

No obstante, las páginas precisas dedicadas a la batalla de Sedán destacan en el conjunto de la novela, hasta el punto de que constituyen una novela en sí misma, por la precisión, el dinamismo y la plasticidad con que están descritos los combates, sin contar con los detalles surreales, propios de la experiencia directa del campo de batalla, y que lo distinguen claramente del mata/mata al que parecen reducirse las películas bélicas actuales...y que hace que sean tan insatisfactorias para mí, al menos.

Hay otro punto, además, que hace interesante a esta novela, el hecho precisamente de tratarse de una novela ideológica, es decir, no es una novela que intente narrar la derrota sin paliativos a manos del enemigo ancestral y la posterior guerra civil, sino que se trata de una novela que intenta buscar las causas de la derrota, o mejor dicho, por qué se hundio el sistema del Segundo Imperio, surgido como falsedad, tras suplantar y pervertir a la II república, y por tanto fundado en la mentira, el fingimiento y la corrupción, y como la potencia alemana llegó a superar y aplastar a la Francia Imperial.

Y lo que es más importante, cómo regenerar Francia y que elementos del "caracter" frances eran los que debían potenciarse y protegerse, lo que para Zola, en una aproximación de derechas, no tan extraña para muchos intelectuales de izquierda, eran los del campesinado tradicional, en contra de la vida urbana y el progreso que representaba.

Un conflicto que se revelaría actual setenta años más tarde, cuando la III República, nacida del aplastamiento de La Comuna fuera aplastada a su vezpor la máquina militar implacable de la Alemania Nazi (¡de nuevo en Sedán!), y, hasta 1945, se librase una guerra civil larvada entre la derecha tradicional, representada por la Francia de Vichy, y la izquierda más o menos marxista, encarnada en la Resistencia.

La historia siempre repitiéndose y afectando al presente.

domingo, 30 de marzo de 2008

Force of Experience

Cuando se adentra uno en el mundo del anime, conviene tener presente que, al final, las series más interesantes no son aquellas que más ruido han levantado entre los aficionados (los llamados otakus) sino aquellas que se han mantenido en un discreto segundo plano... aquellas que por no llamar al gusto común, pueden permitirse un cierto grado de independencia y originalidad.

Así ha ocurrido que los dos buques insignia de este invierno, la consabidas series de romance, como Clannad o KimiKiss, o las no menos consabidas de acción y aventura como Gundam 00, se han revelado como el enésimo más de lo mismo, lo cual si era de esperar en estudios como Sunrise, que desde hace años no hace otra cosa que repetirse a sí mismo, es triste en el caso de otros como JCStaff, que, aunque irregular ha dado obras importantes en estos años, como Azumanga Daioh o Honey & Clover, y por supuesto es trágico en el caso de un estudio tan dotado técnicamente como Kyoto Animation, que con Clannad parece haberse perdido por los caminos de lo hipermono, la servidumbre al material de partida y la facilidad narrativa, cosas que, por cierto, no parecen molestar a los otakus.

Sin embargo, en esta temporada otoño/invierno, han aparecido otras series de mucho mayor interés, desde el humor negro de Hataba Kitaro, serie que pasa la mitad de su tiempo entre los cementerios y el infierno, las vueltas y revueltas científico/mágico/místicas de Ghost Hound, lo último del estudio IG, la perfección narrativa y técnica de una sorpresa como True Tears, o la madurez de una serie como Spice & Wolf.

Es una pena que esta serie no se concibiese como gran éxito de la temporada, puesto que su presupuesto limitado ha supuesto el peor obstáculo para que esta buena serie se convirtiese en una de las grandes, simplemente porque la penuria de recursos ha obligado a limitar la animación excesivamente, haciendo que algunas escenas fueran de auténtica vergüenza ajena.

Sin embargo, al tratarse de un anime de personajes, y de personajes maduros, que conocen el mundo y saben como moverse en él, un mundo donde el dinero es el rey, y la inteligencia, las relaciones, y la estrategia, el modo de conseguirlo, los animadores han echado el resto a la hora de transcribir las expresiones faciales. Simplemente porque ése es el método, al igual que ocurría en el cine clásico, de mostrarnos, bien lo que un personaje realmente piensa, tan distinto de las palabras que pueda estar pronunciando, o bien la manera en que éste se disfraza para conseguir sus fines, algo crucial en un mundo como el representado, en que es la esgrima verbal, el adelantarse a los pensamientos del contrario, lo que da la victoria, y no la fuerza de las armas.

Una densidad conceptual, casi de curso de economía y política, que ha espantado a muchos de los posibles espectadores de la serie que se habían visto atraídos por la premisa inicial, la de la diosa lobo Horo, que adopta la figura de una joven para volver a los bosques de los proviene, viaje en el que adopta, literalmente, a un mercader itinerante. Una premisa que nos lleva a otro de los invariantes del anime, la cotidianidad en que lo fantástico y lo real conviven, una cercanía que además es muy cara a todos, los que, como yo, somos aficionados a la antigüedad clásica y sentimos cierto cariño por ese mundo en que los dioses y diosas caminaban por la tierra y no tenían reparos en mezclarse con los mortales y compartir su vida.

Una relación, esta de la diosa lobo y el mercader, que resulta otra (por no decir la) de las fortalezas de la serie, puesto que ambos personajes son personas maduras y experimentadas, el uno por su profesión, la otra por sus cientos de años de vida, lo que lleva a que todo momento sepan muy bien lo que se traen entre mano y a que su relación, nos recuerde, nuevamente, a esas parejas míticas de la comedia americana de los años cuarenta, enzarzadas en un combate de palabras e intelecto.

Una madurez de los personajes que en los últimos lleva a algo inusitado, especialmente en un producto como el anime destinado a la juventud y que muchas veces tiende a adular a su público. Se trata simplemente que Horo, al encontrarse con una manada de lobos que les pone en dificultades, no duda en tildarles, lisa y llanamente de niñatos, preocupados por conceptos, como el honor y el orgullo, que no tienen ninguna importancia.




y no duda en enfrentarse a ellos y cantarles las cuarenta, arropada en la seguridad que le da su edad y su experiencia.







Para ponerles en su sitio, vamos, demostrándoles que toda su agresividad y orgullo, no son más que pose y fachada.

viernes, 28 de marzo de 2008

Go East, Son, and become a Man

Hanschën Klein ging allein
in die weite welt hinein
...
aber Mama weinet sehr
hat ja nun kein Hänschen mehr
...

El pequeño Hans se adentra solo
en el ancho mundo
...
Pero Mama llora mucho
ya no tiene a su pequeño Hans
...




Por esas casualidades de la vida, en estos momentos que comente el Unser Hitler de Syderbegr, y comentaba, asímismo, la mítica serie The World at War de la BBC, me haya topado, con las secuencia de inicio y fin de la película The Cross of Iron, de Sam Peckinpah, tan criticada y denostada en su momento, pero que con el tiempo, se va convirtiendo en una de las obras máximas del cine bélico (mientras que otras como Saving Private Ryan, se van empequeñeciendo y perdiendo su impacto inicial).

Si la película es buena, las secuencias de apertura y cierre son aún mejores, de hecho, es muy difícil encontrar ahora mismo, ejemplos que tengan la intensidad narrativa y que prensen en su interior tanto significado, convirtiéndose en un cifra, un símbolo de lo que supuso el nazismo para Alemania, la locura sanguinaria que se abatió sobre uno de los centros de la cultura Europea, que asombraba al mundo por su ciencia, su filosofía, su literatura y su música, y que pasado Hitler y régimen, sólo asombraría por la enormidad de sus crímenes.

Resulta difícil comprender, casi imposible, como tanta gente inteligente, como Emil Nolde o Heidegger, no estamos hablando de cuatro skinheads extremistas, se enamorara de un movimiento que pretendía convertir a los alemanes en soldados descerebrados, cuya destino vital se redujera a procrear nuevos arios perfectos y a morir defendiendo al Führer, así como resulta incomprensible que mujeres liberadas e independientes como Leni Riefensthal o Thea Von Harbou, ligasen su destino a una ideología que sólo aceptaba las mujeres en tanto que productoras de nuevos soldados para mayor gloria.

Lo piensa uno detenidamente y siente terror, porque algo muy atractivo debía haber en esa ideología para cautivar y arrastrar a tanta gente. Algo que definiera muy bien un antinazi que se infiltró en las SS cuando, al narrar uno de los mítines gigantescos con que los nazis celebraban su dominio, confesó sinceramente que a veces deseaba pensar él igual que los demas, para así compartir esa alegría arrebatadora, esa euforia que hacía presa en los asistentes y las hacía olvidarse de lo que eran, de sus miserias y de sus imperfecciones.

Esto, como muy bien nos muestra la secuencia de inicio, ilustrado con imágenes documentales, es lo que Hitler vendió a los alemanes, la posibilidad de ser los dueños del mundo, de salir de las fronteras de Alemania, como si fueran el pequeño Hans, y tomar todos lo que les apateciera o fuera su capricho. Saberse dueños de un poder invencible, ante al que nadie podía resistirse, saber que la historia, el destino, la naturaleza, la raza, todo estaba de su lado, y que podían hacer lo que se les antojara, incluso exterminar a pueblos enteros, sin que nadie fuera a pedirles cuentas.

Y es que el régimen de Hitler se basaba en eso, precisamente, en robar y saquear, en destruir y saquear, en convertir a sus súbditos en una banda de asesinos y ladrones, igual que su Führer, de manera que la sangre de los crímenes recayera sobre todos ellos, por entero, y todos se vieran forzados a defender ese régimen, puesto que el castigo afectaría a todo.

Sin embargo, a pesar de toda la propaganda, a pesar de toda la retórica y las aclamaciones, los pueblos que el nazismo había querido sojuzgar, los subhombres a los que se les reservaba una existencia de esclavos, quebraron los ejércitos de la raza superior, como muy bien muestra la segunda parte de la introducción, montando en paralelo escenas de la rendición de Stalingrado y de un Führer feliz y contento, al que sólo le interesaba Alemania en cuanto que serviera a sus propósitos, y que cuando la derrota fue ya segura y evidente, para todos, incluso, para él, abjuró de Alemania, deseó su extinción, y aplico contra ella el mismo puño de hierro despiadado con que había exterminado a millones de europeos... al mismo tiempo que la venganza de los aliados aplastaba a esa misma Alemania, que en los dos últimos años de la guerra de 1944-1945, sufrió la mayor parte de sus muertos.

Así, por tanto, fue abatido ese régimen criminal. Así, por tanto, pudo alegrarse la humanidad, bailar sobre las tumbas de los asesinos, aunque Europa no fuera más que un inmenso campo de ruinas, aunque nadie pudiera traer a la vida a decenas de millones de muertos, ni recuperar todo lo que se había perdido.

Alegría pasajera, puesto que como muy bien nos muestra la secuencia de cierre, el mal absoluto que representaba Hitler y el nazismo no murió con él, continúa vivo en cada uno de nosotros, dispuesto a levantar la cabeza y enseñorearse del mundo, al menor descuido.

martes, 25 de marzo de 2008

Our Hitler (y II)


















Había pensado dedicar más entradas del blog a esta película, siguiendo la línea que había abierto con esta otra, pero tengo demasiados temas de los que me gustaría hablar y demasiado poco tiempo, así que tendré que cerrarlo con esta anotación.

Una anotación que se basa en algo curioso que me descubrió esta secuencia, y es que la crítica de Syberberg al nazismo se realiza desde la derecha. En efecto, el director vivió su juventud en la República Democrática Alemana, apenas fundada ésta, y huyó a occidente poco después de la muerte de Stalin. Como todos aquellos que vivieron en esos países y no formaban parte de la jerarquía dirigente, su postura hacia el socialismo real y en general hacia la izquierda es de profundo desengaño, cuando no de oposición. Debido a esto, el director se muestra enamorado de la la cultura y la sociedad alemana previas a a la primera guerra mundial, conservadora, idealista y patriarcal, encarnando una serie de virtudes necesarias que él ve ausentes del mundo moderno, simplemente porque Hitler y el nazismo las envenenaron, al apoderarse de ellas.

Esto que digo, no es privativo de Hitler, al contrario es una característica común a todos los fascismos de entreguerras, incluido el régimen de Franco. Al contrario que los regímenes comunistas, que basaban su ideología en la ruptura del pasado, en la creación de un hombre, un sistema y una cultura completamente nuevas, los regímenes fascistas se pretendían la ultima ratio de ese pasado, su consumación y su perfección. Con ese fundamento ideológico, estos regímenes pretendían justificarse ante la población, intentando demostrar con su propaganda, educando y adoctrinando a los jóvenes, en la creencia de que todo el pasado, toda la historia, todo lo grande, noble y hermoso que había existido en la historia de la nación que gobernaban, no había sido más que un presentimiento del régimen fascista que se había establecido, una secuencia donde, aquí y allá, habían aparecido rasgos, elementos, ideales y aspiraciones, que se habían plasmado, al fin y para siempre, en ese nuevo régimen que englobaba todo el sentir nacional, lo representaba por entero, y habría de durar hasta el fin de los tiempos.

De esa manera, en el régimen de Franco, se nos enseñaba que Viriato y los guerrilleros de 1808 no eran otra cosa que un reflejo del espíritu indómito de los españoles, que les llevaban a rechazar las ingerencias extranjeras, es decir, el comunismo soviético, dejando de lado que el fascismo era tan extraño como otro. Con esa misma ceguera espiritual, ceguera que era evidente para todos, llamaban españoles a los emperadores romanos, Trajano y Adriano, que habían nacido en Itálica, como si, por algún milagro extraño, la Roma Imperial se hubiera españolizado y prefigurase la expansión imperial del siglo XVI, la cual a su vez era un trasunto del nuevo imperio, renovado y renacido, con que el nuevo régimen habría de asombrar al mundo. Por último, las guerras de religión del XVI y del XVII contra los protestantes, contra toda Europa en realidad, en las que la corona española se había desangrado y destruido, negado su modernidad mostraban como ejemplos de excelso sacrificio, similares a la cruzada contra el comunismo a la que se reducía la sangrienta y cruel guerra común.

Por supuesto, todo esto no era más que un absurdo. Al intentar reducir la historia a la ideología del momento, lo único que se conseguía era destruirla, convertirla en un cuento para niños donde se había ocultado o deformado todo lo que no convenía o no reafirmaba los dogmas del régimen. En vez de ser una lección para el presente, algo cuyo estudio y visión nos sirviesen para conocernos mejor a nosotros mismos, la historia se convertía en un catecismo, en una serie de dogmas siempre repetidos a gusto de los creyentes.

Si esto pasaba en España, que en aquel tiempo, primera mitad del siglo XX, no tenía ninguna importancia en la formación y desarrollo de la cultura europea, y donde por tanto, estas perversiones y estos destrozos, sólo tendrían un efecto local, no global, se puede pensar lo que supuso la intromisión de Hitler y el nazismo en la cultura alemana, uno de los puntales y motores del sentimiento Europeo. De repente, personas, obras, ideas, fueron prohibidas, arrancadas de la memoria, declaradas como no alemanas, cuando lo eran tanto como cualquier otro, simplemente por que no representaban al ideal inexistente que los nazis querían construir en la tierra.

Y si eso era así en el arte, la literatura o la historia, podemos pensar también, como señala Syderberg, en el efecto devastado que tuvo Hitler en el mundo de los valores. Palabras como honor, lealtad, dignidad, patria, sacrificio, fueron saqueadas por los nazis, que las convirtieron en sus estandartes, pretendieron hacer creer que sólo ellos las habían pensado, sentido, actuado en su significado primigenio y completo.

De esa manera, cuando tras esa fachada de ideales, de valores, de obras de artes, de héroes históricos y de horas gloriosas, se descubrió la guerra de exterminio, la esclavización del resto de Europa, Auschwitz y Dachau, ellas se derrumbaron también, puesto que los nazis, como las termitas, habían carcomido y minado sus cimientos.

Ya no era posible creer en ellas, más aún, ya no era posible ser derechas, al igual que tras Stalin, ya no es posible ser de izquierdas.

Y de ahí el odio de Syderberg a Hitler, el verdugo de la civilización occidental, la sombra que pesa sobre toda nuestra cultura y nos hace imposible hablar de justicia y verdad.