domingo, 26 de junio de 2011

100 AS (LX): The Wrong Trousers (1993) Nick Park










Como todas los domingos ha llegado el momento de examinar un corto de los seleccionados en la lista de mejores producciones animadas por el festival de Annecy. En este caso, se trata de The Wrong Trousers, realizado por  Nick Park en 1992 y el segundo en la serie de obras protagonizadas por Wallace y Gromit.

Como ya he dicho en muchas otras ocasiones, la primera pregunta que debe uno hacerse al enfrentarse con un corto de animación es la de la técnica en que se ha realizado. En el caso de The Wrong Trousers, como en en la mayoría de producciones de la Ardmaan, se trata de stop motion en su vertiente de figuras de plastilina. Una técnica a la que todos los que hayan nacido en cierta época,  aquella que la TV matinal e infantil estaba repleta de producciones de los países del este, recuerdan con especial cariño y que, como todas las formas de stop motion, parece estar viviendo su época dorada, coincidiendo con el ascenso y competencia, de la 3D y la animación por ordenador, aunque quizás lo que realmente sea es su canto de cisne, antes de desaparecer definitivamente, como todas las técnicas artísticas a las que el progreso torna anticuadas.

Pero volviendo al corto, y como pueden apreciar por las capturas, esta obra es una obra mayor de la animación, simplemente por la fluidez con que está animada, con una precisión que como saben todos los que conocen de animación, es extremadamente difícil de conseguir en la stop-motion, donde los movimientos más sencillos requieren de un cuidado trabajo de soporte y apoyo, para evitar que el muñeco se caiga al levantar un brazo o estirar una pierna, dando al traste con horas de trabajo. Así, el resultado final es prácticamente indistinguible de lo que estamos aconstumbrados a ver en la animación 3D, sino fuera porque en muchos planos se pueden llegar a distinguir la huellas digitales de los animadores sobre la masilla.

Sin embargo, ese detalle curioso no es lo más importante, por mucho que lo destaquen gentes que en realidad no entienden de animación. Lo impresionante es que este corto estaba consiguiendo esas cotas de animación en un tiempo en que la animación 3D se limitaba a mover formas geométricas por la pantalla y no podía ni soñar con igualar los resultados que la Ardvaark alcanzaba en ese tiempo... y que no han hecho más que mejorar en obras sucesivas en una competición con el ordenador que, como sabemos todos, nosotros y los propios creadores, no puede tener otro resultado que la derrota, aunque en el camino nos legue un buen montón de obras maestras de la animación.

Por otra parte, y como digo también siempre, la animación no puede limitarse a ser un catálogo de logros técnicos (como esos comentarios elogiosos de la 3D basados en el número de pelos de los personajes animados), necesita algo más, el dotar de alma a esas creaciones artificiales y en ese aspecto la Ardmaan y Park no nos fallen. No es ya que el corto esté ambientado en una Gran Bretaña más que británica, resumen de todos los tics y clichés propagados por tantas series de la BBC, es que el corto es divertidísimo, plagado de sorprendentes gags visuales, para culminar en una de las persecuciones más emocionantes y descacharantes que se hayan visto en pantalla.

Y como siempre, aquí les dejo con el corto. Está sin subtitular, pero no se preocupen por el inglés, ya que como en toda buena animación o en el cine mudo, los gestos y las actitudes de los personajes transmiten sin genero de dudas lo que están pensando.

Wallace and Gromit - The Wrong Trousers

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sábado, 25 de junio de 2011

Falling into ruins

Casa del Arquitecto Melnikov
Como ya sabrán en Madrid suele haber dos tipos de exposiciones (tres si incluimos la red de galerías, pero a estas no suele asistir el público en general), aquellas celebradas en las grandes instituciones y que se anuncian a bombo y platillo como acontecimientos definitiorios y definitivos, frente a aquellas exposiciones que pasan sin pena ni gloria, apenas comentadas o visitadas.

Por alguna extraña razón, y salvo contadas excepciones, son estas últimas las que suelen merecer la pena. Tal es el caso de la que hay ahora mismo abierta en la fundación La Caixa y que aúna piezas de tres artes distintas, la pintura, la arquitectura y la fotografía, o más concretamente, intenta ilustrar la evolución de la arquitectura soviética en la década de los 20 del siglo XX, con fotografías del estado de estos edificios tras la caída del régimen soviético, mientras se realiza un parangón con la expresiones artísticas coetáneas en otras artes, como puede ser la pintura.

Club de Trabajadores Rusakov, Melnikov
Creo que para nadie será la importancia del arte ruso y luego soviético, el periodo 1910-1930, nombres como Natalia Goncharova, Marc Chagall, Vassili Kandinski, El Lisitski, Malevich, Vladimir Tatlin, Liubov Popova o Alexander Rodchenko, permanecen vivos en la memoria de cualquier aficionado, como lo que son, artistas señeros de eso que hemos dado en llamar el Modernismo. Una apreciación, la de ese arte y la de esos artistas, que se ha mantenido incólume, basada únicamente en sus valores estéticos, independiente de los vaivenes de la política y de la afiliación de estos artistas.

No ha ocurrido lo mismo con la arquitectura soviética, y por soviética entiendo la anterior a 1930, es decir la que no era estalinista y sí vanguardista. Sobre los arquitectos de ese periodo y su obra ha existido siempre un profundo silencio, que ocultaba una ignorancia compartida por aficionados y expertos. En cierta manera, este olvido es debido a la diferencia entre ambas artes, al hecho de que la pintura es transportable y por tanto podía llegar a los museos y galerias occidentales, mientras que la arquitectura requiere que se viajase hasta ella, hecho más que imposible para un occidental en el clima político de la extinta URSS.

Factoría Textil Bandera Roja, Eric Mendelsohn
Precisamente, lo que nos revela esta exposición es la riqueza de esa arquitectura olvidada. Unos edificios y unos arquitectos que se hayan encuadrado decididamente en el modernismo arquitectónico, que luego se codificaría en el llamado estilo Internacional, pero que no se limitan a copiar lo que se está construyendo en Occidente, sino que buscan experimentar, hacer avanzar un paso más ese arte nuevo que aún no había cristalizado ni devenido un patrón con el que hacer copia tras copia de construcciones sin personalidad como las que atiborran nuestras barriadas contemporáneas.

Un momento mágico, como lo fueron otros mucho más conocidos para el aficionado, y cuya fascinación atrajo a arquitectos de inmensa fama, entonces y ahora, como Le Corbusier y Mendelsohn, que tuvieron la oportunidad de hacer realidad en la Rusia Soviética muchas de sus propuestas e ideas, para luego reconstruirlas, ya depuradas y perfeccionadas, en sus obras maestras realizadas más tarde en Occidente.

Garage del Gosplan, Konstantin Melnikov
Todos sabemos como acabó la historia, la ascensión de Stalin cercenó todo lo que de libertad, de creatividad, de original, pudiera haber existido en la revolución rusa y pronto, muy pronto, el adjetivo soviético en la arquitectura, fue sinónimo de inmensas aglomeraciones urbanas, repletas de edificios tristes y grises, indistinguibles los unos de los otros.

Podría pensarse que, caída la unión soviética, vuelta la libertad, desaparecidos los impedimientos políticos e ideológicos que permitían visitar, contemplar y apreciar estos edificios, se hubiera producido un revival de los mismos, y que hubieran alcanzado el papel en la historia del arte que merecen su importancia. No fue así, y es lógico que no lo fuera. La arquitectura soviética había sido una arquitectura del régimen, cuyo único cliente era el estado, de forma que todos estos edificios tenían un claro tinte político que los relacionaba con el sistema anterior y los hacia parecer culpables y sospechosos a los ojos de los nuevos poderes gobernantes,  al contrario que la pintura, cuya mutismo abstracto le sirvió de refugio y protección frente a los nuevos tiempos.

Tesentrosoyuz, Le Corbusier
Así estos edificios, fueron pronto abandonados, olvidados, negadas las reparaciones que les permitirían seguir viviendo, una lenta transformación en ruinas contemporáneas que fue ayudada por el caos económico de los estados sucesores de la URSS, que les imposibilitaba la protección de su patrimonio artístico, y por la mala calidad de los materiales con que fueron construidos estos edificios, ya que la Rusia Soviética, recién salida de la guerra civil, no tenía recursos para construir con los materiales de futuro, el hormigón y el acero, y tuvo que recurrir a los tradicionales, la madera y el ladrillo.

Comuna de estudiantes del Instituto Textil, Ivan Nikolaiev

Y así, lentamente, todo un capítulo de la historia del arte y la arquitectura moderna, se desvanece ante nuestros ojos, sin que nadie haga nada por repararlo, hasta que no quede otra cosa que unas cuantas fotografías amarillentas

viernes, 24 de junio de 2011

I hate this uniform


Cuando se estreno Cross de Iron de Sam Peckinpah, y durante muchos años después, se la consideró como una obra menor en la filmografía de este director, como una película fallida que no había sabido armonizar su mensaje pacifista con su fascinación por la representación explícita de la violencia.

Ha llovido mucho desde entonces y en lo que concierne a la representación de la violencia, hace ya mucho que las películas de Peckinpah quedaron anticuadas. No obstante, lo que sí ha quedado claro es que Cross of Iron, a pesar de sus problemas, es una de las mejores obras de este director, su última obra maestra, y que parte de la confusión que provocó en el público se debe a que se trata de una obra que cierra una época y abre otra.

Como ya he dicho antes, se trata de una película pacifista que representa la violencia, el horror indescriptible del combate, sin recubrirlo con ningún tipo de tapujos, excusas, glorificaciones o romanticismos. En ella, la guerra no es más que un matadero universal, donde ninguna muerte tiene sentido o utilidad, excepto la de sobrevivir un poco más, junto a los camaradas que te han tocado. Una experiencia que no sólo afecta al cuerpo, sino también a la muerte, convirtiendo a los soldados en parias cuyas experiencias les impedirán volver a la vida normal, incapaces de olvidar el horror que han vivido y del cual el resto del mundo no tiene ni idea.

Un mundo exterior, el de la paz, que a pesar de su lejanía, sigue influyendo sobre el microcosmos de muerte y destrucción de los soldados, ya que las diferencias de clase y de riqueza, se reproducen en el estamento militar, otorgando poder absoluto a aquellos que ya lo tenían en la vida civil, y argumentando su repulsa a los conflictos no sólo en su condición de asesinato masivo, sino en su aspecto Clauseviano de continuación de la política por otros medios, según la cual los más pobres e indefensos, tienen que morir para defender la posición y los privilegios de otros, aspectos perfectamente reflejados en la cinta.

En ese sentido se une a una larga tradición cinematográfica de obras que rechazan frontalmente la guerra y cuyo único defecto, que las hace extrañas y lejanas al público real, era que las costumbres de la época impedían mostrar en todo su realismo los efectos que la munición y las bombas tienen sobre el cuerpo humano. Tras ella, todas las películas de guerra, excepto unas cuantas excepciones que no hace falta les recuerdem, han competido por ir un poco más en ese naturalismo, olvidando la denuncia de los efectos y las causas de las guerras, y deviniendo en relato de hazañas bélicas o glorificación de banderas, países y políticas concretas.

Esas banderas, ese uniforme, ésos grados militares, ese ejército en resumen, que Steiner odia con todo su corazón y que le lleva siempre a estar al borde de la insubordinación, tolerada por sus capacidades de combate. Una división interior, entre lo que piensa y lo que se ve obligado a hacer, que poco a poco le va conduciendo a la tierra de nadie, a desertar del ejército y despojarse de todas las mentiras y falsedades asociadas a vestir ese uniforme.

Para ser nuevamente libre y realizar un último acto de nobleza, aunque sea por un breve instante, antes de morir.



miércoles, 22 de junio de 2011

Living dolls

Misa en Death Note

Debo confesar que escribir esta entrada puede resultarme un tanto difícil, ya que puede convertirse en un ataque directo contra el anime, que me cueste alguno de los pocos lectores que aún me quedan.

El caso es que de siempre uno de los grandes argumentos a favor del anime ha sido la presencia constante en sus historia de lo que se suele llamar mujeres fuertes, personajes femeninos independientes, capaces de realizar cualquier labor que pueda realizar un hombre y por tanto que no deben nada a las figuras masculinas de lo que ellas mismas quieran concederles. Un tipo de personajes que resultaban poco habituales en Occidente, a pesar de nuestra revolución sexual y la ascendencia del feminismo, y que resultaban aún más sorprendentes, si se tenía en cuenta que procedían de una cultura eminentemente patriarcal y machistas, donde fuera de las virtudes del hogar y la procreación, poco más se consideraba propio de las mujeres.

Pero... ¿esos mujeres fuertes que tanto nos atraían la norma o la excepción? Por mucho tiempo creí que eran la norma, pero últimamente me inclinó a pensar que son la excepción, especialmente tras el visionado reciente de Death Note.

Seamos claros, Death Note tiene un cierto tono misógino. Las mujeres que allí aparecen se dividen en dos tipos, aquellas cuya edad mental y aspecto físico parece haberse quedado anclada en la niñez, como la hermana del protagonista o Amane Misa, o mujeres de belleza madura e inteligencia pareja, como la esposa del agente de la CIA o Takada Kiyomi, cuyo único participación en la historia parece reducirse a ser seducidas, engañadas y destruidas por la inteligencia superior de Light/Kira.

En sí, esto no supondría nada, sólo hay que pensar que ese personaje, la mujer inteligente a la que su claridad mental no le aprovecha, es una de las constantes de la animación televisiva reciente, de South Park a Family Guy. No, lo realmente incriminatorio es la actitud del público, japonés y occidental, que en en Death Note sólo parecía tener ojos y pensamientos para la mujer/niña/muñeca representada por Misa y no prestaba atención alguna a la sofisticación y madurez de un personaje como el de Takada Kiyimi, interpretado por Sakaamoto Maya, famosa por Escaflowne, y que como profesional da cien mil vueltas a una seiyu como Hirano Aya, la voz de Misaa.

Es decir, que a pesar de todas la liberación sexual y la ascensión del feminismo, los hombres seguimos prefiriendo una belleza tonta, de mentalidad añiñada, a una señora que realmente sea nuestra camarada, en la esperanza de poderla mantener sujeta a nuestros caprichos y deseos, sin que se atreva a rechazar nuestras decisiones.


Phryne/Neesa en Fractale

Por supuesto, mucho de esto tiene que ver con la victoria del complejo moe/kawai en el anime reciente, que poco a poco va ocupando todos los espacios posibles, hasta hacerse la única posibilidad admitida, expulsando a aquellas mujeres fuertes de las que hablaba al principio y que constituían uno de los títulos de gloria del anime.

De esta forma, se llega a finales supuestamente felices como el de Fractale, pero que bien pensado deberían hacernos temblar, ya que en este caso el ideal pasa porque el protagonista acabe viviendo con una mujer, Phryne, que durante toda la serie ha demostrado su valentía, su criterio y su decisión, pero a la cual le ha sido transplantada la mente su alter ego de 10 años, Neesa, como si a ese personaje libre y seguro de sí mismo se le hubiera querido convertir en una inválida, totalmente a la merced del personaje masculino protagonista, para el cual no es más que un adorno, una curiosidad más de los objetos mecánicos que atiborran su casa.

Una conclusión que hubiera sido imposible hace 16 años, en tiempos de Evangelion y de Escaflowne, en las que la libertad y la inteligencia para usarlas eran indisociables de sus heroínas.

Mayushii en Steins:Gate
Una debilidad mental que parece ser la única cualidad requerida, al menos por los otakus, para que una mujer pueda ser amada, como ocurré con la Mayushii de Steins:Gate, cuyo único atractivo se reduce a sonidos monos, como los de un animal doméstico, coser y cocinar. Una caracterización que podría ser disculpable, al trabajar la mayoría del anime comercial con estereotipos, si no fuera porque otro de los personajes femeninos, Kuriso, supuesto genio científico, parece reducirse a actuar de tsundere (es decir, alternando ataques de ira con oleadas de cariña) y sonrojarse, demostrando bien a las claras que la inteligencia no es lo que se desea en una mujer.

Memma AnoHana
Una depreciación de la que no escapa ni siquera una serie tan brillante, desde el punto de vista de su animación, como AnoHana, en la que se realizan ímprobos esfuerzos para convencernos de porqué el protagonista está colgado de otra mujer adulta con mente de diez años, mientras que no presta atención a la que tiene al lado y que sabe moverse por el mundo.

Y entiéndame cuando digo que quieren convencernos, no es que nos expliquen las razones por las que el protagonista toma una decisión equivocada, sino que se nos muestra, por activa y por pasiva que ésa es la decisión correcta.

lunes, 20 de junio de 2011

The TDS's Files (II): M: El Vampiro de Düsseldorf

Continuamos con la publicación de los archivos perdidos de Tren de Sombras. En este caso se trata del comentario que escribí en 2003 sobre la ediciónen DVD de Masters of Cinema, entonces lo mejor que se podía encontrar, pero ahora completamente superada, por la misma Eureka, con su edición en BR.

En fin, tómenlo como lo que es, un simple artículo de circunstancias.


M

Hasta hace poco, el cinéfilo que buscase M se tenía que conformar con la antigua versión de Eureka.  Esta versión tenía todos y cada uno de los problemas de las primeras ediciones DVD y de las de películas clásicas en particular. Copia en mal estado, transferencia con mala definición, tasa insuficiente de compresión, formato no respetado.

Sin embargo, este otoño, esta injusticia se ha reparado por fin (ojalá ocurriese lo mismo con otras cintas antiguas), la misma Eureka ha sacado al mercado, en Z2 UK, la versión restaurada de M y, según se comenta, pronto la tendremos aquí de mano de Divisa. Y no es sólo la restauración la noticia, sino que se ha aprovechado para hacer una edición de dos discos con uno de ellos cargado de extras, que no son despreciables como suele ocurrir en otras ediciones.

Lo primero que hay que señalar es que la calidad de imagen es espectacular, especialmente cuando se compara con la versión anterior. No es de extrañar, pues según nos cuenta uno de los documentales, la copia original se ha digitalizado y luego restaurada en el ordenador fotograma a fotograma, eliminando raspaduras, perdidas de celuloide, salto y temblores, pero, eso es lo importante, conservando todo aquello que se considera perteneciente a la cinta original. Así por ejemplo, ciertos temblores son temblores de la cámara (o una corrección de encuadre sobre la marcha) y no se deben al envejecimiento del soporte.

Este cuidado se nota. Algo que todo aficionado ha tenido que soportar es que las películas antiguas en DVD se ven faltas de contrastes y casi como si hubieran sido rodadas un tanto desenfocadas. Incluso, en algunos caso, la descomposición de los soportes provoca que los grises viren al verde. Nada de esto aparece aquí, blancos y negros son eso, blancos y negros, rotundos y brillantes, el contraste es perfecto y la definición igual. Tanto, que uno puede entretenerse en leer los rótulos de carteles y puertas o descubrir detalles que el VHS pasaban completamente desapercibidos. Se puede decir que la película acaba de ser rodada ayer mismo.

Otro tanto se puede decir del sonido (VO Alemana, subtitulada al Inglés). Tanto por su antigüedad  como por la deficiencia de los equipos de grabación de la época, las cintas de entonces suelen tener un susurro de fondo bastante molesto. En una cinta como esta, sin música, y donde los pequeños sonidos de la calle tienen una importancia crucial, bastaría para arruinar el clima que se pretende, pero por suerte, el mismo cuidado ha sido aplicado a la restauración de la banda sonora, gracias a lo cual los diálogos en alemán, que en la versión antigua resultaban a veces inaudibles, ahora son perfectamente claros.

Otra gran sorpresa de la restauración ha sido que se haya vuelto al formato original casi 1:1. En los pases televisivos y en la edición antigua de Eureka, se recortaba a 1.33:1, y, al verla ahora, resulta un poco molestas al principio las bandas laterales., Sin embargo es sólo ahora cuando observamos el preciso trabajo de encuadre de Lang. Basta un ejemplo. En una de las escenas iniciales, la cámara está en el descansillo de una escalera, con la puerta de uno de los domicilios en el centro de la encuadres y el tramo de escaleras que desciende saliendo justamente por la esquina inferior izquierda del fotograma. Es por esa esquina por donde entra un personaje, lentamente, primero la cabeza, luego el cuerpo. Lógicamente al cortar a 1:33 nos quedábamos un breve instante con la pantalla vacía, mientras oíamos la pesada ascensión del actor.

Sobre extras ya he comentado que un disco entero se dedica a ello. En primer lugar tenemos el socorrido audiocomentario, con una ventaja, que al estar ya, desgraciadamente, muertos actores y director, se confía a alguien que habla de la película. Además tenemos un reportaje sobre la restauración, una entrevista de Peter Bogdanovitch a Fritz Lang, un reportaje sobre el director, una análisis sobre la propia película (realizado con animaciones y secuencias de la película) más los consabidas galerías de fotos, biografías y filmografías.

¿Qué más se puede decir? Nos encontramos ante una edición modelo que sólo podría verse afectada por el hecho de que la película no se lo mereciese, cosa que, como todo aficionado sabe, no es tampoco el caso.

En efecto, nos encontramos ante una de las primeras obras del sonoro, una de las pocas que demostraron que era posible superar los logros de la etapa muda. Su importancia no se detiene allí. Temáticamente, los temas que aborda la cinta, el aesino en serie, son tan de actualidad ahora casi en el 2004 como lo eran en 1931. Más aún, el planteamiento y  la cinematografía de Lang siguen siendo absolutamente originales, setenta años después, y su madurez y profundidad convierten al 99% del cine de psicópatas en películas infantiles....

... pero un análisis pormenorizado de la cinta nos llevaría mucho más espacio, mejor dejémoslo para otra ocasión. Quedemos ahora con que nos encontramos ante una edición ejemplar de una película de primera categoría, algo que todo aficionado debería tener ya en su DVDteca, o a más tardar cuando Divisa la traiga.

domingo, 19 de junio de 2011

100 AS (LIX): Harvie Krumpet (2003) Adam Benjamin Elliot






En mi revisión semanal de la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy, le ha llegado el turno a Harvie Krumpet, realizado en 2003 por Adam Benjamin Elliot,  el cual hace unos pocos años nos obsequió con un largo, Mary and Max, realizado en la misma técnica y con más de una similitud argumental con el largo corto que constituye el tema de esta entrada.

Como siempre, la técnica es un elemento primordial a la hora de juzgar un corto, y en este caso se trata de animación con plastilina, una de las muchas variantes de la stop-motion. Aparte de esto, lo primero que nos debería llamar la atención es la fecha tardía de elaboración del corto, ya que en el 2003, en plena victoria en toda regla del ordenador y la 3D, esta técnica no dejaba de ser un anacronismo, ya que teórícamente todos los efectos utilizados en este corto se podrían conseguir mejor por otros medios.

Sin embargo,es mi intención embarcarles en una de mis acostumbradas diatribas, sino simplemente señalar que esta técnica, la animación con plastilina, se ha caracterizado siempre por una flexibilidad, producto del mismo material, que permite combatir la rigidez y la torpeza que caracteriza demasiado a menudo a la stop-motion, y que permite las más osadas transformaciones y metamorfósis. Es más, y como ocurre con toda la stop-motion, el hecho de que en ningún momento se oculte que los objetos animados son objetos reales, contribuye a acentuar aún más la magia que de siempre se ha asociado a la animación, ese dar vida a lo que no la tiene, especialmente como es el caso, cuando los personajes se mueven en un mundo propio, que no busca reproducir la realidad como un trampantojo pictórico, sino simularla.

No obstante, lo más importante de este corto no es la técnica. En sí, el modo en que la animación con plastilina es usado es bastante sumario, reducido a unos cuantos lugares comunes al alcance de todos los animadores. Lo realmente importante es la historia, o mejor dicho, como esta historia se traduce a imágenes que puedan atraer e interesar al espectador, ya que lo que se nos cuenta es la biografía de un personaje completamente anónimo, cuya presencia o ausencia en el mundo no hubiera supuesto ninguna diferencia. Alguien que no brilla por su inteligencia, por su suerte, por su triunfos, por su belleza, por sus aventuras.

Alguien en definitiva, similar a todos nosotros, que pasaremos por este mundo sin dejar huella perenne y seremos casi inmediatamente olvidados.

Ésa es precisamente la lección de este corto. Porque en este mundo, que parece haber sido concebido únicamanente para los ganadores, para los que se abren paso a codazos y no titubean a la hora de pisar a quien sea, si eso les puede llevar a lo más alto, la vida de este Harvie Cumpret se nos revela como más importante que la de cualquiera esos destinados a la gloria, ya que como el protagonista de este corto, nosotros acabaremos también fracasando, y aún así nuestro tiempo en este planete habrá merecido la pena, si así lo queremos y lo decidimos.

Por último, aquí les dejo con el corto, para que lo disfruten como todas las semanas. Y si quieren emocionarse, no duden en permitírselo, que no está la vida como para desperdiciarla







sábado, 18 de junio de 2011

Otherness


Para un español, nacido en el extremo de Europa, la historia de Europa del Este es tan lejana, exótica y desconocida como lo pueda ser la del extremo oriente, excepto cuando algún hecho histórico de rango europeo, como las campañas napoleónicas o la segunda guerra mundial, provocaba repercusiones que afectaban a todo el continente.

Recuerdo, siendo aún muy joven, apenas quince o dieciséis años, cuando me aficioné a esto de la historia lo sorprendente y fascinante que fue para mí descubrir la intrincada historia de esos países tan lejanos de nuestro estrecho círculo de guerras y alianzas. Polonia se mostraba como un país en la frontera de la civilización occidental, como España, uno de esos baluartes que impedían que los bárbaros se adentrasen en el núcleo central de Occidente, y que por esa misma razón, habían sido arrasados una y otra vez por esos enemigos exteriores... y por aquellos mismos estados europeos a los que habían protegido y que los consideraban como estados de segunda, contaminados por el contacto directo con los otros, los invasores que vagaban fuera de las fronteras poco definidas y siempre en movimiento de Europa.

Una historia, que como digo, se me rebelaba como inesperada, insospechada, puesto que esa Polonia que había sido históricamente el límite a la expansión alemana, capaz de aplastar a los caballeros Teutónicos, afincados en Prusia Oriental, en la batalla de Tannenberg en el siglo XV, había sido también uno de los estados más extensos de Europa, que al unirse dinásticamente con el ducado de Lituania, no sólo abarcaba el territorio de la república báltica actual, sino Bielorrusia entera y la mitad de Ucrania, incluida Kiev. De hecho a finales del siglo XVI, muerto Ivan IV el terrible, los polacos habían llegado a ocupar Moscú, erigido y depuesto zares a su antojo, teniendo que abandonar su pretensiones ante la resistencia popular.

Más tarde, a finales del XVIII, Polonia sería desmembrada entre Prusia, Rusia y Austria y no recuperaría su independencia hasta después de la primera guerra mundial, pero antes habría de vivir más de un momento de gloria, como sería la batalla de Kahlenberg, en el que un ejercito multinacional al mando del rey polaco Jan Sobieski, derrotaría a los turcos en la batalla de Kahlenberg, a las afueras de Viena, levantando el asedio en el cual la ciudad había estado a punto de sucumbir. Un dato histórico sobre el que vale la pena meditar un instante, puesto que durante casi siglo y medio, tras la caída del reíno Húngaro, la frontera entre occidente y el Imperio Turco, estuvo a unas pocas decenas de kilómetros de Viena, y los emperadores austriacos tuvieron que pagar un pesado tributo para no ser aplastados como tantos otros estados en los dos siglos anteriores, de Bizancio a Hungría.

Una frontera, con el imperio Otomano que también tenía el reíno de Polonia, vía los principados de Moldavia y Valaquia, inestable y peligrosa, con alternantes victorias y derrotas de cada bando, y a través de la cual se filtraban influencias, que durante ese siglo y medio, provocaron que Polonia fuera pareciendo cada vez más oriental, y por tanto más extraña y despreciable, más indistinguibles de los otros, en definitiva, para los estados que formaban el núcleo duro de occidente.

Todos estos detalles como digo, no me eran desconocidos. Lo que no tenía en la cabeza, la imagen mental digo, es el aspecto de esas personas que habían participado en los hechos narrados en los libros de historia. Tan lejos y tan inaccesibles como esos países era su arte, esas representaciones pictóricas que nos hacen familiares los ambientes del pasado, creando la falsa ilusión de que podríamos caminar entre esos muertos olvidados allí representados. Por ello, hace unos meses, incluso alguien tan desanimado, desengañado y amargado como yo, no pudo evitar quedarse con la boca abierta al descubrir como entraban vestidos al combate los húsares de Jan Sobieski.

Tal y como pueden ver en la ilustración que encabeza esta entrada, lo que les valió el nombre de Húsares Alados, y aún hoy cuando esa imagen ya ha perdido parte del impacto inicial, no puedo evitar pensar en lo que sería ver una carga de esos soldados en pleno campo de batalla y la impresión que deberían causar en el enemigo que debiera aguantar su embate. Y es que la historia, por mucho que se quiera, nunca deja de sorprender a aquel que quiere adentrarse en ella.

¿Y a qué viene este rollo? Pues simplemente que si van al Palacio Real de Madrid, podrán disfrutar de una magnífica exposición sobre la Polonia de los siglos XIV al XVIII, desde que ese estado tras la unión con Lituania ascendió al rango de potencia europea, hasta ser aplastado por su vecinos, ansiosos por retirar cualquier obstáculo que les impidiese luchar directamente, como demostrarían las dos guerras mundiales del XX.

Una exposición que sólo tiene un pero, los 10 Euros que cuesta la entrada, pero es que ya saben, en tiempo de crisis hay que gravar todo lo imprescindible, sea material o espiritual.



jueves, 16 de junio de 2011

Seeking God


De todos es conocido como Stanislav Lem, el escritor de Solaris, aborrecía la adaptación cinematográfica realizada por Andrei Tarkovski, lo cual si se analiza fríamente es completamente comprensible.

Como es sabido la novela de Lem es profundamente cerebral, perteneciente a la rama más egregia de la ciencia ficción, la dura, que se propone el análisis lógico y científico de los cambios sociales, técnicos y culturales que puede depararnos el futuro. Sin embargo, y de forma paradójica, esta novela de ciencia ficción está escrita por un autor que confiesa esencialmente escéptico frente a la ciencia y frente a la divinidad. Frente a la ciencia, porque el momento futuro que se nos describe es aquel en que la práctica científica ha encontrado un objeto que se muestra refractario a su estudio, ese planeta Solaris que se supone animado por una consciencia global, pero ante el que han fracasado todos los intentos de análisis y comunicación. Frente a Dios, porque en el momento que esa comunicación se obra y el planeta Solaris acaba asemejándose a la idea que podría tener la humanidad de un ser trascendente, se descubre que esa inteligencia superior está más cerca de la de un niño de diez años que la de un ser todopoderoso, y que en realidad lo único que ha hecho es jugar con los humanos de la estación espacial en órbita a su alrededor.

O al menos así recuerdo la novela, que hace ya algunos años que no lo recuerdo.

Tarkovski, por el contrario, era una personalidad esencialmente mística, extraño producto para una nación comunista, pero no para la idea que tenemos en Occidente de la Santa Rusia. Aunque sería difícil atribuirle una adscripción a una fe, si que es cierto que al menos era deísta, y creía en algún tipo de ser superior, acompañada por la trascendencia del ser humano tras la muerte. Estas creencias básicas suponen que el enfoque que recibe un tema común, extrañamente fiel a la novela de Lem aunque con no menores diferencias abismales, sea completamente opuesto.

La película de Tarkovski, durante la mayor parte de su metraje se articula como una meditación sobre la memoria, sobre aquellos recuerdos que definen nuestra personalidad, expresada por los largos planos meditativos del cosmonauta a punto de partir en una misión a Solaris, y que intenta grabar en su memoria hasta el mínimo detalle de su hogar, las personas y los objetos que le acompañan; para luego continuar con la aceptación de la réplica que Solaris crea de su mujer muerta, a la cual termina por considerar como la auténtica resurrección del ser perdido, al ir paulatinamente poco a poco siendo incapaz de distinguir lo que ve ante él, de lo que recuerda.

En paralelo, y resulta difícil darse cuenta de ello en un primer visionado, Tarkovski (y Lem en cierta manera) nos insinúa que esas réplicas de los recuerdos más queridos de los cosmonáutas no son sino un medio que tiene esa inteligencia extraterrena para comprender a las criaturas que le están estudiando y de las cuales repentinamente ha percibido su presencia, por una insubordinación de los científicos a cargo del proyecto, hartos de no obtener resultados. Un camino de conocimiento, magníficamente ilustrado por Tarkovsi, al mostrarnos a la Hari enviada por Solaris, examinando detenidamente los cuadros de la biblioteca de la estación (inquietante paradoja, la de una biblioteca de las antiguas en medio de la técnica más avanzada), es decir, aprendiendo a sentir y a emocionarse con eso que los humanos llaman arte, y que tan importante parece ser para ellos.


Y es en este momento donde las referencias cristianas, que por su omnipresencia en la cultura occidental son utilizadas hasta por los ateos, se hacen patentes. Porque Hari, ese enviado de la divinidad tiene que morir para que Kris encuentre su redención, una redención que pasa por un descenso a los infiernos, en el cual encuentra a su propia madre rediviva, que le sana y calma (y de cuya presencia un aguamanil olvidado en la estación nos hará darnos cuenta de que no fue un sueño), para un culminar en una vuelta al paraíso, en su hogar recreado por Solaris sobre la superficie del planeta, en donde se topara con Dios encarnado en la figura de su padre, y frente al cual se arrodillará.

Momento en que la película termina, puesto que todo ha sido completado y a nada más se puede aspirar, frente a la desesperación y la soledad absoluta con la que concluye la novela de Lem.

martes, 14 de junio de 2011

Paradox











Por seguir con esta especie de retractación de mis juicio sobre la temporada actual de anime, vayan a continuación algunas reflexiones sobre Ano Hana, abreviatura de Ano Hi mita Hana no Namae wo Bokutachi mada shiranai, o en cristiano, Aún no nos acordamos del nombre de la flor que vimos aquel día, poético nombre que ya por si sólo bastaría por despertar el interés por esta serie.

Interés que no haría más que acrecentarse al saber que se emite en el espacio Noitamina, un refugio de la buena animación en la TV japonesa, donde regularmente se programan series que no están orientadas al nucleo duro de otakus y que en los últimos años nos han obsequiado con algunas de las series más interesantes del panorama (y algunos patinazo no menos estruendosos).

En el caso de la serie, y como ya debería haberles hecho sospechar el título, esta serie muestra una grave contradicción, que en mi opinión le impide pasar de ser notable a una auténtica obra maestra, o por explicarlo de otra manera, hay secciones magistrales acompañadas de otras que parecen invocar a lo peor del espíritu otaku, sin que los creadores parezcan darse cuenta de la inmensa contradicción que supone yuxtaponer contenidos tan dispares y casi inmiscibles.

Siendo más explícito y recurriendo a las capturas con las que he abierto esta entrada, esta serie, cuyo tema son los problemas de adaptación de un grupo de jovenes tras la muerte en accidente de uno de sus amigos, años atras, muestra una especial sensibilidad a la hora de describir sentimientos y emociones, mediante su representación en expresiones faciales y gestos corporales. Dicho así, puede parecer extraño, pero no es otra cosa que una de las técnica más antiguas de la animación occidental, lo que se llama la character animation, que busca suplir las deficiencias expresivas de toda expresión animada, su incapacidad de replicar las leves mutaciones del rostro de un actor que revelan cruciales transiciones anímicas, mediante la traslación de estos al lenguaje corporal, acompañados del uso del encuadre, la iluminación y el montaje.

Como pueden imaginarse character animation es casi sinónimo de full animation, al requerir que la animación utilice todos sus recursos de representación del movimiento y podía parecer ajena a una tradición, como la del anime, que se caracteriza por el uso exclusivo de la animación limitada, obligada por razones presupuestarias, y de un más que evidente estatismo y rigidez. Sin embargo, todo aquel que haya seguido la evolución de esta escuela, sabe que las secciones más tranquilas se ven rotas por momentos de especial vivacidad y del efecto mágico que provoca esa repentina e inesperada vitalidad en el espectador, especialmente cuando, como es el caso, se destinan a representar gestos aparentemente nimios, pero de importancia crucial en la evolución anímica de los personajes.

¿y dónde están los defectos de esta serie? Pues simplemente en cierto personaje, el espíritu o fantasma de la amiga muerta, que se aparece a uno de los personajes, y que encarna en sí lo peor del complejo moe/kawai que astraga el anime contemporáneo, un carácter cuya única motivación es la de ir por el mundo haciendo cosas monas y cuya edad mental es la de un niño de pecho, cosa que parece que al núcleo duro de otakus les parece el ideal de la mujer de la que enamorarse (ya hablaremos más sobre esto) y que en la serie se intenta justificar un poco, porque esa edad mental se corresponde con la edad en la que murió este personaje.

En resumen, que por un lado tenemos un drama de personajes en el tránsito a la madurez, que intentan librarse de la pesada carga de un suceso trágico, conflicto en cuya descripción la serie casi no tiene igual,  interrumpida en los peores momentos, por ese personaje mono que hace cosas monas y cuya inteligencia es nula, del cual se enamora perdidamente nuestra protagonista, olvidando a las mujeres de verdad que tiene alrededor y que le podrían hacer feliz.

Paradójico en verdad y realmente incompremsible